Bandera

República Socialista de Vietnam 2008

9 de marzo, Saigón 18 de marzo, Hue, Hanoi
10 de marzo, Saigón 19 de marzo, Hanoi
11 de marzo, Tay Ninh, Cu Chi, Saigón 20 de marzo, Bahía de Ha Long
12 de marzo, Vinh Long, Can Tho 21 de marzo, Bahía de Ha Long, Siem Riep
13 de marzo, Phong Dien, Cai Rang, Saigón 22 de marzo, Angkor Vat
14 de marzo, Danang, Hoi An 23 de marzo, Angkor Vat
15 de marzo, Hoi An 24 de marzo, Angkor Vat, Saigón
16 de marzo, Mi-Sn, Hoi An 25 de marzo, Saigón
17 de marzo, Hue Datos económicos del viaje

11 de marzo, martes

    Hemos puesto mal el despertador y nos levantamos media hora tarde. Nuestro guía ya nos espera en el vestíbulo cuando bajamos a desayunar. No importa, nadie depende de nosotros. Es lo bueno de viajar solos.
    Nos conducen en una buseta hacia la multicolor Basílica de Tay Ninh, noventa kilómetros al noroeste de Saigón, cuartel general de la religión Cao Dai. Llegamos cinco minutos antes de que comience la misa. A los clérigos se les ve encantados con la afluencia de turistas; posan con su mejor sonrisa y no ponen pegas a las fotos.
Clérigos caodaístas en la puerta de la Basílica de Tay Ninh
    Hace ochenta y ocho años, el propio Dios reveló esta religión al gobernador vietnamita de la isla de Phu Quoc y le expresó la necesidad de una unificación y puesta al día de las religiones actuales. El resultado fue una mezcla con lo mejor del budismo, taoísmo, confucionismo y cristianismo; como un Grandes Éxitos de las religiones, vamos. A pesar de la oposición de los franceses, la dictadura del católico Ngo Dinh Diem y del régimen comunista, el caodaísmo sigue progresando y cuenta ya con nueve millones de seguidores en Vietnam y varias decenas de miles en el resto del mundo. En Riverside, California, se construye actualmente una nueva iglesia. Y como toda religión seria que se precie, ya ha sufrido tres escisiones.
    De regreso hacia Saigón, visitamos los famosos túneles de Cu Chi, una red de túneles bajo tierra ya empleados por el Vietminh en la guerra contra los franceses y perfeccionados durante su lucha contra la invasión estadounidense. Los túneles contienen hospitales, alojamientos, cocinas, salas de conferencias, etc.
    Un regimiento de soldados americanos se asentaron en la zona de Cu Chi sin conocer la existencia de estos túneles, con lo que tenían al enemigo en casa. El Vietcong atacaba siempre de noche y se ocultaba de día. Tardaron casi tres meses en darse cuenta de su existencia y fue un auténtico calvario su desmantelamiento, ya que la lucha en los túneles implicaba un cuerpo a cuerpo donde la tecnología no servía de nada. Uno no se puede ni imaginar la tensión a la que estaban sometidos las 'ratas de túnel' que bajaban por ellos; dentro les esperaba el Vietcong, cuyos soldados conocían los túneles mejor que su casa ya que muchos habían crecido en las aldeas cercanas
Tomas de aire de los túneles aprovechando los termiteros
y jugado en su interior de pequeños. Trampas en forma de granadas, palos de bambú afilados, falsos túneles, escorpiones y serpientes venenosas les aguardaban. Muchas 'ratas de túnel' salían con el pánico en su rostro tras recorrer sólo unos metros. Otros morían en los primeros metros al caer en las trampas del vietcong o directamente bajo su fuego.
    El Vietcong, a falta de armas, utilizaba el ingenio y los materiales que tenían más a mano, como el bambú, con el que fabricaban las temibles lanzas empleadas en las trampas para ensartar soldados americanos. Estas trampas tan rudimentarias se mostraron muy efectivas: mataron a 6960 americanos y causaron 11600 heridos.
    Entramos en uno de los túneles. La sensación al recorrerlo no es nada agradable y eso que este túnel tiene poco que ver con los verdaderos; está ampliado en altura y anchura para que lo podamos recorrer en cuclillas y no arrastrados, como hacían ellos. Te sientes como si fueras un grillo. Justo cuando te empiezas a agobiar se ve la luz que indica la salida.
    Para minimizar el peligro que suponían los túneles, los estadounidenses desfoliaron los bosques lanzando un herbicida letal: el agente naranja, que causó multitud de cánceres y malformaciones en americanos y vietnamitas. Los soldados estadounidenses afectados recibieron una indemnización millonaria, las demandas de los vietnamitas fueron rechazadas. En todo Vietnam verás árboles numerados con objeto de estudiar el efecto de los productos químicos sobre ellos.
    Regresamos a Saigón para visitar de nuevo el mercado Ben Thanh, construido hace noventa y cuatro años. En él se vende flores, fruta, carne, pescado fresco y seco, verdura, ropa, joyas, todo tipo de comida, cacharros, textiles, cosméticos, café, té, artesanías, bolsas de viaje, porcelana, cristalerías, etc. El idioma no es gran problema, ya que casi todos los comerciantes chapurrean inglés, francés y japonés.
    Al atardecer se celebra un mercado nocturno con puestos en las puertas este y oeste. Lo montan en un suspiro y predominan los puestos de comida. La verdad es que en Si Gn no se ve pobreza aunque evidentemente la gente es humilde, lo que sí llama la atención son los supercoches aparcados en algunas calles: los más imponentes Lexus, todo terrenos con cristales tintados y hasta un Bentley negro, se ven con relativa frecuencia.

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