Bandera

República Socialista de Vietnam 2008

9 de marzo, Saigón 18 de marzo, Hué, Hanoi
10 de marzo, Saigón 19 de marzo, Hanoi
11 de marzo, Tay Ninh, Cu Chi, Saigón 20 de marzo, Bahía de Ha Long
12 de marzo, Vinh Long, Can Tho 21 de marzo, Bahía de Ha Long, Siem Riep
13 de marzo, Phong Dien, Cai Rang, Saigón 22 de marzo, Angkor Vat
14 de marzo, Danang, Hoi An 23 de marzo, Angkor Vat
15 de marzo, Hoi An 24 de marzo, Angkor Vat, Saigón
16 de marzo, Mi-Sön, Hoi An 25 de marzo, Saigón
17 de marzo, Hué Datos económicos del viaje

9 de marzo, domingo

    Tomamos tierra sobre Saigón a las cinco de la tarde. El suelo de la moderna terminal internacional del aeropuerto Tan Son Nhat brilla como los chorros del oro, se inauguró hace tan solo seis meses y ya andan construyendo otro en Long Thanh que estará terminado para el 2020 y que va a ser el no va más en tecnología y seguridad. Esperan dar servicio a cien millones de pasajeros al año. Si eso se cumple sería el aeropuerto de mayor tráfico del mundo, por encima del de Atlanta, que ahora mueve noventa millones de pasajeros al año.
    El visado es mejor conseguirlo en Madrid para evitar la cola en el aeropuerto de Saigón. Nosotros no lo tenemos, así que, echamos a correr y nos plantamos los primeros en la ventanilla de inmigración (Landing Visa), les damos nuestro pasaporte, una fotografía, la Letter of Inviatation de nuestra agencia de viajes y cincuenta dólares (visado de entrada múltiple, porque vamos a salir hacia Camboya y volveremos) y ellos te dan un impreso para rellenar donde te piden datos del pasaporte que acabas de entregar, con lo cual, es mejor tener una copia del pasaporte. Les devuelves el impreso firmado y esperas a que te entreguen el pasaporte con el visado y ya está, ya puedes pasar el control de entrada al país. Una hora nos ha llevado el trámite del visado. Por fin, cruzamos el control de inmigración y cambiamos cincuenta dólares americanos en dongs en el Foreing Exchange Desk, suficiente para propinas, no necesitamos más, cualquier establecimiento acepta las tarjetas de crédito y el cambio aplicado es siempre más favorable que el papel moneda. Afortunadamente, disponen de billetes de cien mil dongs (cuatro euros), así que el fajo es más bien reducido. Por cierto, los billetes tienen una textura como de plástico, seguramente para protegerlos de la humedad.
Fabricando sombrero de paja o Nón Lá
    Mientras el coche de la agencia nos conduce a nuestro hotel, nos llama la atención lo tapadas que van las mujeres, ¿son musulmanas?, ¡qué va!, sencillamente evitan el sol a toda costa; tener la piel blanca forma parte del prototipo de mujer ideal, así que cuando van al aire libre se cubren casi por completo: debajo del casco llevan sombrero, sobre la cara, una mascarilla de tela y algunas cubren su cuello con un pañuelo, y si te fijas, verás que muchas llevan guantes largos hasta los hombros. La consecuencia es que ellas muestran un cutis blanco como la leche y los hombres lucen un moreno sin complejos, esto llama mucho la atención sobre todo cuando se ve a las parejas juntas; hombres y mujeres parecen de grupos étnicos diferentes.
   ¿Y cómo se llama esta ciudad: Saigón o Ciudad Ho Chi Minh? El nombre oficial es Ciudad Ho Chi Minh pero todo el mundo le sigue llamando Saigón ya que este nombre cuenta con una tradición de más de trescientos años, según nuestro chófer, el nombre oficial tiene los días contados; quedan pocos simpatizantes del tío Ho.
    Dejamos nuestras pequeñas maletas en la recepción del hotel y, aprovechando que nuestro conductor regresa a su casa por el centro de la ciudad, le pedimos que nos deje cerca del mercado Ben Thanh, uno de los más grandes y populares de Saigón. El mercado está abarrotado de mercancías de todo tipo, desde comida hasta aparatos electrónicos; hay unos tres mil puestos, no te digo más. Las mercancías rebosan, parece que se quisieran escapar de las estanterías; falta espacio para mostrarlo todo y, a veces, circulamos por estrechos pasillos, rodeados de camisetas y fruslerías. Aquí puedes comprar unas zapatillas de deporte por seis euros que parecen realmente unas Nike, tras duro regateo, evidentemente. Si el regateo no es lo tuyo, las tiendas que se encuentran en el perímetro del mercado son estatales y de precios fijos. Es llamativo que la mayoría de los puestos están regentados por mujeres. En Vietnam trabaja el ochenta y tres por ciento de las mujeres en edad laboral.
    Salimos del mercado y nos aventuramos hasta el parque Veintitrés de Septiembre, al otro lado de la calle, y digo que nos aventuramos, porque pasar de una acera a la otra en una calle principal, a primera vista, parece arriesgado; el número de ciclomotores por metro cuadrado es exagerado, de hecho, este país posee el récord mundial de motos por habitante. Saigón tiene unos siete millones de habitantes, seis millones de motos y solo medio millón de coches. Eso sí, después de cruzar la calle varias veces, hasta le coges gustillo. En realidad, podrías cruzar incluso con una venda en los ojos, ya se encargan ellos de sortearte. Los turistas menos atrevidos esperan a otros para formar un grupito y cruzar.
    En el parque, jóvenes y mayores en chándal caminan a buena marcha haciendo un circuito cerrado. El juego de moda es atizarle a una pelota alargada de plástico con lo que sea: la mano, los pies, la cabeza, todo sirve. También se ven pistas de tenis, de baloncesto y de bádminton, un juego muy popular aquí. En definitiva, el parque es un buen lugar para evadirse del frenético ritmo de esta ciudad rebosante de energía.

Intenso tráfico en el centro de Saigón

    En Saigón es imposible la soledad física, hay gente allá donde mires, de hecho, esta ciudad, con nueve mil quinientos habitantes por kilómetro cuadrado, ocupa el vigésimo puesto mundial en densidad de población.
    A las nueve regresamos al hotel Legend para comprobar si su famoso bufé está a la altura de su fama: sirven unos pocos platos de cocina internacional pero su fuerte reside en la cocina vietnamita —¡cómo no, estamos en Viet Nam!— y japonesa —el hotel pertenece a una cadena japonesa—. Los que disfrutamos con la cocina asiática no olvidaremos nunca su restaurante. Para rematar el día nos dan un masaje de hombros y espalda al lado de la piscina.

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