Los viajes de Mariano

República de Turquía 2002

14 de julio, Estambul22 de julio, Éfeso 30 de julio, Ankara, Safranbolu
15 de julio, Estambul 23 de julio, Afrodisias, Pamukkale 31 de julio, Amasra
16 de julio, Estambul 24 de julio, Hierápolis, Yesilada 1 de agosto, Safranbolu, Estambul
17 de julio, Estambul, Bursa 25 de julio, Egerdir, Konya 2 de agosto, Estambul
18 de julio, Bursa 26 de julio, Aksaray, Güzelyurt 3 de agosto, Estambul
19 de julio, Dikili 27 de julio, Ihlara, Selime, Güzelyurt 4 de agosto, Estambul
20 de julio, Pérgamo, Çesme 28 de julio, Derinkuyu, Uçhisar
21 de julio, Selçuk 29 de julio, Ávanos, Ürgup

25 de julio, jueves.

    Desayunamos bien en el hotel. Lo de siempre: tomates, pepino, aceitunas, queso, salchichas, miel y mermelada. En esta ocasión hay mermelada de fresa y de rosas. Y parece casera.
    Cambiamos algo de dinero en un banco de Egerdir y visitamos el mercado. Hay mucha actividad, casi resulta difícil andar. Resultan más coloristas los vendedores que la mercancía en sí.
    Echamos una ojeada al lago en el puerto. Nos llaman la atención unos renacuajos gigantes, de casi quince centímetros de longitud, sin embargo las ranas son de tamaño normal, quizá sean renacuajos de sapo en vez de rana. También hay carramarros en el lago, y de buen tamaño.
    Nos acercamos a un trampolín desde donde se lanzan unos muchachos. Probamos un poco el agua y no la encontramos mal de temperatura, no obstante, la playa es de cantos rodados, muy incómodos para nuestra espalda.
    Nos dirigimos hacia Konya. Sigue sin haber tráfico en las carreteras, vamos solos. Paramos en Beysehir para reponer fuerzas y vemos también la Mezquita Esrefoglu, con sus treinta y nueve pilares de madera.
    Las manchas de chopos y pinos dan paso a montes pelados y paisaje desértico. A lo lejos, algunas montañas muestran sus picos nevados.
    Konya tiene setecientos mil habitantes. Nos alojamos en el Huma, al lado de la colina de Aladino.
    Esta ciudad se dice que es la más conservadora y musulmana de toda Turquía. Es cierto, Se ven más mujeres con pañuelos en la cabeza y falda hasta los tobillos que en otras ciudades. También hay hombres en los parques que manosean rosarios de cuentas. Cosa curiosa: el minibar de nuestra habitación tiene más bebidas alcohólicas que ningún otro hotel donde hayamos estado.
    Entramos en la Selimiye Camii. Poca gente. Observamos que a veces las líneas y dibujos de las alfombras de las mezquitas sirven para colocar mejor a la gente durante el rezo, para alinearla.
    A la noche damos una vuelta por los alrededores del museo Mevlâna. Mevlâna fue uno de los mayores filósofos místicos de la historia de Turquía, según dicen.
    Es ya tarde y todavía hay gente que intenta vendernos alfombras y nos entran en la calle. Cualquier pretexto es bueno para iniciar una conversación:
    —Tu cara me suena ¿No nos hemos visto antes? En Estambul, ¿puede ser?
    Otros tratan de vendernos espectáculos de danza de los Derviches sin Derviches reales, ya que los verdaderos sólo bailan durante el Festival de Mevlâna, en diciembre.
    A estas horas no encontramos restaurantes abiertos, nos conformamos con un asado de cordero que ofrece uno de comida rápida.

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