Los viajes de Mariano

República de Turquía 2002

14 de julio, Estambul22 de julio, Éfeso 30 de julio, Ankara, Safranbolu
15 de julio, Estambul 23 de julio, Afrodisias, Pamukkale 31 de julio, Amasra
16 de julio, Estambul 24 de julio, Hierápolis, Yesilada 1 de agosto, Safranbolu, Estambul
17 de julio, Estambul, Bursa 25 de julio, Egerdir, Konya 2 de agosto, Estambul
18 de julio, Bursa 26 de julio, Aksaray, Güzelyurt 3 de agosto, Estambul
19 de julio, Dikili 27 de julio, Ihlara, Selime, Güzelyurt 4 de agosto, Estambul
20 de julio, Pérgamo, Çesme 28 de julio, Derinkuyu, Uçhisar
21 de julio, Selçuk 29 de julio, Ávanos, Ürgup

15 de julio, lunes.

    Comenzamos el día visitando la mezquita del sultán Ahmed, más conocida como mezquita Azul, cuya construcción se debe al sultán Ahmed I (1590-1617). Este sultán subió al trono con catorce años y a los diecinueve ordenó construir una nueva mezquita digna de su imperio; le molestaba que el mejor edificio de la ciudad fuera la catedral Santa Sofía de Justiniano, que aunque se reconvirtió en mezquita en 1453, es en origen una construcción cristiana y encima con mil años de antigüedad. Lo habitual era que las mezquitas importantes se financiaran con los botines de guerra, pero como no había tenido ninguna victoria reseñable, más bien derrotas, tuvo que tirar de tesorería, a lo que inicialmente se opusieron los ulemas. Se inauguró un año antes de su muerte, aunque aún no estaba terminada. Seis minaretes la rodean, que rivalizaban en aquella época con la mezquita de La Meca. Para justificarse aclaró que él había dicho al arquitecto que quería los minaretes dorados, no seis minaretes; es que seis, "altı", y dorados, “altın”, suenan muy parecidos en turco. Para no parecer pretencioso, ordenó construir otro minarete en la mezquita de La Meca. Ahora mismo, hay otras dos mezquitas en Turquía con seis minaretes: la moderna mezquita central de Sabanci en Adana, que es la más grande de Turquía, y la Hz. Mikdat en Mersin.
    En la parte norte de la mezquita se encuentra el mausoleo del sultán Ahmed I, donde descansa el susodicho. El pobre murió con veintisiete años de tifus. Aquí están enterrados sus hijos, esposas, hermanos y otros parientes. Cada tumba está cubierta con un manto verde y la alfombra de rezo que utilizaban en vida. Los turbantes blancos señalan los varones. El cuerpo está enterrado por debajo del nivel del suelo. Este fue el primer sultán que abandonó la tradición del asesinato de cualquiera que fuera un obstáculo en su camino hacia el trono —generalmente hermanos, primos, tíos y otros parientes— y estableció que fuera el primogénito el que heredara la poltrona. Esto se consiguía encerrando de por vida a los príncipes en una habitación, vivían a todo lujo pero jamás podían salir, sólo el primogénito, cuando moría el sultán.
    Intentó reestablecer las tradiciones islámicas como prohibir el alcohol, asistir a la mezquita los viernes y dar limosna a los pobres. Ahmed apoyó la poesía —él mismo compuso algunos poemas—, pero desaprobó todo tipo de pintura, incluidas las miniaturas, en línea con las autoridades religiosas —que prohiben las representaciones de Dios, el Profeta y sus parientes— y los hadices —que desaconsejan reproducir seres humanos y animales—. Entonces, hacerse fotos, ¿está permitido? Como en tiempos de Mahoma no había cámaras hay que recurrir a los sabios... y éstos, como en tantas otras cosas, no se ponen de acuerdo: unos dicen que los aficionados a la fotografía serán severamente castigados el día del juicio final si fotografían seres humanos o animales porque ambos tienen alma, sólo admiten la excepción de las fotos para el DNI o las del carné del polideportivo. Otros sabios no ven ningún problema en sacar fotos, son simplemente un pedazo de la realidad; no hay creación como en un dibujo, que entonces sí estaríamos compitiendo en destreza con Alá.
Ante la Iglesia de Santa Sofia
    Entramos también en el Palacio Topkapi; este palacio fue la residencia de los sultanes desde 1450 hasta 1800; en Europa se le conocía como el Serrallo y fue objeto de la ópera El rapto del Serrallo de Mozart. A destacar la colección de joyas de los sultanes.
    En el muelle de Eminönü hay una actividad frenética, desde aquí zarpan la mayor parte de los vaporetos y ferris que van al lado asiático, al Bósforo y a las islas Príncipe.
    Paseamos por el Bazar Egipcio o de las especias. Da gusto ver el colorido de los montones de pimienta, comino, jengibre, las bolsas con azafrán, las barritas de dulce de calabaza, los baklavas... Las malas lenguas dicen que esto no es lo que era, que las especias tienen los mismos canales de distribución que cualquier supermercado europeo.
    Seguimos andando hasta la torre Gálata. Desde su terraza panorámica se contempla una fantástica vista de esta inmensa ciudad.
    Regresamos de nuevo por el puente y vemos en una pescadería doradas, lubinas, chicharritos, anchoas, sardinas, etc. Sobre el puente de Gálata se observa mucha afición a la pesca.
    En el bullicioso muelle nos tomamos un bocata de pescado con cebolla que venden desde una barca y luego descansamos nuestros derrotados cuerpos en un banco, al lado de la fuente iluminada del parque Sultanahmet.

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