Los viajes de Mariano

República de Turquía 2002

14 de julio, Estambul 22 de julio, Éfeso 30 de julio, Ankara, Safranbolu
15 de julio, Estambul 23 de julio, Afrodisias, Pamukkale 31 de julio, Amasra
16 de julio, Estambul 24 de julio, Hierápolis, Yesilada 1 de agosto, Safranbolu, Estambul
17 de julio, Estambul, Bursa 25 de julio, Egerdir, Konya 2 de agosto, Estambul
18 de julio, Bursa 26 de julio, Aksaray, Güzelyurt 3 de agosto, Estambul
19 de julio, Dikili 27 de julio, Ihlara, Selime, Güzelyurt 4 de agosto, Estambul
20 de julio, Pérgamo, Çesme 28 de julio, Derinkuyu, Uçhisar
21 de julio, Selçuk 29 de julio, Ávanos, Ürgup

14 de julio, domingo

    Aterrizamos en el aeropuerto Atatürk de Estambul a eso de las cinco; el tiempo es magnífico. Un taxi nos conduce al Avicenna, un sencillo hotel del barrio de Sultanahmet. Este hotel es el único que hemos reservado, todo lo demás, incluido el itinerario, sobre la marcha.
    En Turquía, a pesar de ser un país mayoritariamente musulmán —70% suníes, 25% chiís alevís y 3% chiís imaníes—, el sábado y domingo son días festivos, a diferencia de otros países musulmanes como Arabia Saudí, Omán y otros países del Golfo Pérsico, que vacan los jueves y viernes, o como Egipto, Kuwait, Irak, Jordania o Siria, que descansan los viernes y sábados. Hoy, por tanto, es día festivo y al pasar por la carretera que bordea el mar de Mármara vemos mucha gente de picnic en los parques, a ninguno le falta su barbacoa; ésta es una de las actividades lúdicras más características de Turquía: la parrillada de carne. Incluso la mayoría de los pisos incorporan una barbacoa en la terraza. Te puedes imaginar el humo y el olor que impregna el ambiente...
    Estambul es una ciudad de profundo mestizaje; la población va desde los rubios de ojos claros hasta el más puro estilo mediterráneo.
Mezquita azul
La indumentaria femenina en Estambul es de lo más variopinta, como corresponde a un país laico. La mayoría viste a la manera occidental; se ven jovencitas con pendientes de ombligo y el pelo teñido de rojo; otras llevan pañuelo en la cabeza y sólo unas pocas se cubren con el chador negro.
    Estambul cuenta con una historia fascinante: su origen se remonta al año 657 AEC, cuando un colono griego, llamado Byzos, se asentó en el Cuerno de Oro y fundó Bizancio. En el 191 AEC, Bizancio se sometió a Roma voluntariamente y fue prosperando poco a poco, hasta que, en la guerra civil entre el emperador Septimio Severo y Cayo Pescenio Níger, en el 196, Septimio la redujo a ruinas después de un asedio de duró tres años. En el 330, el emperador romano Constantino la embelleció, le dio rango de residencia imperial y la rebautizó como Nueva Roma, aunque popularmente la gente la llamaba Constantinopla.
    Los otomanos intentaron conquistar Constantinopla cuatro veces. Finalmente fue Mehmed II quien, con tan solo veintiún años, lo consiguió en 1453, año que los historiadores han establecido como referencia para señalar el fin de la Edad Media y el comienzo de la Edad Moderna. Al otomano Mehmed II le bastó con cincuenta y seis días de asedio. Eso sí, contó con una planificación muy cuidadosa y el armamento más moderno de la época. Prometió a sus soldados que podrían saquear la ciudad durante tres días, pero sin dañar ni incendiar los edificios, Mehmed quería convertir Constantinopla en la capital de su imperio. La ciudad se encontraba ya muy debilitada: la Cuarta Cruzada la saqueó en 1204 y además había perdido la mitad de la población por la peste negra de 1347. El sultán Mehmed II fue tolerante con otras religiones —exigencia del Corán—, especialmente con los cristianos ortodoxos, así mantenía la división entre católicos y ortodoxos.
    Estambul alcanzó su máximo esplendor con Solimán el Magnífico, allá por el 1500, posteriormente empezó a declinar. En 1930 se le dio oficialmente el nombre de Estambul. Hoy es una ciudad de catorce millones de habitantes y la capital universitaria y religiosa del país.

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