República de Tanzania 2006

5 al 12 de julio, Kenia16 de julio, Ngorongoro
12 de julio, Manyara 17 de julio, Arusha, Nairobi
13 de julio, Manyara, Serengueti18 de julio, Nairobi
14 de julio, Serengueti 19 de julio, Zanzíbar
15 de julio, Serengueti, Oldupai, Ngorongoro

15 de julio, jumamosi (sábado)

    Segundo safari en el Serengueti, hoy de ocho a una y media. A lo lejos divisamos la fina estampa de un guepardo, tiene a todas las gacelas de los alrededores pendientes de él. A pesar de que se encuentra a más de cien metros, no le quitan ojo. Se sube sobre un termitero para otear la sabana y a los pocos segundos corre tras una presa. Las gacelas huyen en estampida. Intento fallido. Suerte para ellas porque el guepardo es un magnífico cazador, suele tener éxito en el cincuenta por ciento de los intentos.
Atasco en la sabana
Las esbeltas gacelas son su plato preferido, no así para los leones, que apenas las cazan, son demasiado pequeñas para alimentar a la familia.
    Durante muchos kilómetros no descubrimos más depredadores, solo gacelas, kobos de agua, cebras, ñúes, impalas... hasta que, por fin, divisamos dos vehículos parados al lado de unas acacias. Allá vamos. Son tres guepardos que descansan tranquilamente a la sombra. Al poco tiempo, miro a mi alrededor y ¿qué veo?, un embotellamiento en plena sabana. ¡Hasta un camión de Campsa! El del camión se baja para regular el tráfico y apartar a los vehículos, no puede pasar. En cuanto pone el pie en tierra, los guepardos miran con atención entre las ruedas observando sus piernas. Se muestran inquietos, ¿se lanzarán a por él? Ni hablar, reculan unos metros y se vuelven a tumbar.
   Por esta zona de los kopis no se ven tantos animales, solo dos chacales, pequeñas bandadas de coloridos agapornis, un caracá que atrapa una langosta casi a nuestros pies, una milano real de espalda negra en lo alto de un árbol, más elefantes, topis, kudús, jirafas... El avestruz es un ave muy frecuente, casi todos los días vemos algún macho con su harem, siempre en París, es un animal tímido que no se acerca demasiado a las pistas de tierra. Lo de esconder la cabeza como un avestruz viene por su táctica de acostarse con su cuello tendido sobre su cuerpo, de esta manera desdibuja su silueta desde la lejanía. De todas formas, no tiene muchos enemigos, puede correr hasta los setenta kilómetros por hora y sus potentes patas son herramientas mortiferas.
    Cuando el camino se acerca a un pozo estancado estamos atentos, cerca del agua siempre rondan animales. En efecto: a pocos metros de la orilla se distingue el dorso inmóvil de un enorme cocodrilo; a su derecha, las ondas en la superficie delatan a un hipo sumergido; en la otra orilla, las cabezas de dos leones asoman sobre la sabana herbácea, en los árboles, buitres de espalda blanca; abajo, garzas, gallinetas, etc. y las palmeras duma dando el último toque de exotismo a este paisaje maravilloso.
    Dejamos la seguridad del todo terreno para subir sobre la roca de un kopi. Hasán nos quiere enseñar una piedra utilizada antiguamente por las tribus para tocar música. Da cierto temor poner el pie en tierra después de ver tanto animal salvaje. Además, los kopis están llenos de piedras enormes, de cactus gigantescos y de muchos arbustos, fantástico refugio para todo tipo de animales, así que uno pone el pie en tierra con mucho recelo.
Kopis del Serengueti
Hasán nos tranquiliza, dice que este kopi es muy visitado por los turistas y los animales lo saben, así que no lo frecuentan. Hay que ver qué bien enseñados están.
    Apenas hemos permanecido sobre el kopi quince minutos y la experiencia ha sido estupendo, el mejor safari es el que se realiza a pie, está claro: uno forma parte de la sabana, la saborea, huele de otra manera, experimentas el contacto con la tierra. La intensidad de las emociones es infinitamente superior que sobre ruedas.
    Y llegó el momento de despedirnos de este mágico Serengueti. A la una y media cruzamos sus puertas y le decimos adiós o mejor, hasta la próxima, ¿quién sabe? Ponemos rumbo hacia otro lugar mítico: el cráter del Ngorongoro.
    La paradita en el área de la garganta del Oldupai para reponer fuerzas se agradece. Imagínate comiéndote un bocata en una mesa de bancos corridos con una magnífica vista sobre el desfiladero del Oldupai, mientras un ranger nos explica los pormenores de los fascinantes descubrimientos que se hicieron aquí, y detrás nuestro, un masái envuelto en una chillona túnica roja saca una cola de la máquina de refrescos. ¡Ah!, y los gorriones sobre la mesa dando buena cuenta de cada miga de pan.
    Un resumen rápido de las explicaciones del guía: "Oldupai viene de la palabra masái ol, "lugar de", y dupai, una planta que se aprovecha como sisal, es decir, Oldupai significa "lugar de sisal". Este lugar es mundialmente famoso por las excavaciones que realizaron aquí Louis y Mary Leakey. Louis nació en Kenia, era hijo de misioneros cristianos que intentaban convertir a los kikuyus. Centraron sus excavaciones aquí porque era un lugar idóneo; las intermitentes erupciones del volcán Lemagrut —ahora una simple montaña de 3131 metros de altura— crearon capas de sedimentos de cien metros de espesor que abarcan dos millones de años, luego un río lavó la tierra y puso al descubierto innumerables fósiles. La pareja comenzó las excavaciones en 1931 y hasta 1959 no encontró más que esqueletos de animales extinguidos como jirafas, caballos, etc. Pero en la mañana del diecisiete de julio de 1959, Mary desenterrró un cráneo de Paranthropus boisei. El descubrimiento fue portada en todos los diarios del planeta porque se le dio una antigüedad de 600000 años —estudios posteriores con la técnica del potasio-argón lo establecieron en 1,75 millones de años—, eso significaba que era el fósil humano más antiguo jamás encontrado; hasta esa fecha se pensaba que el origen del Homo sapiens era Asia dado que se habian descubierto restos de Homo erectus en Java (1891) y en China (1921), que los expertos de aquella época dataron en 500000 años de antigüedad (más tarde se vio que en realidad tenían 1,8 millones). En aquellos años, este descubrimiento situó el origen del hombre en África, como había pronosticado Darwin. En 1960 encontraron una mandíbula de Homo habilis —en ese momento considerado como la especie más antigua del género Homo— y huellas del Australopithecus afarensis, un homínido con cerebro de chimpancé que ya caminaba como nosotros".
    Visitamos también el centro de interpretación de la garganta de Oldupai. Contiene una réplica de las huellas del Australopithecus afarensis y muchos de los esqueletos de animales ya extinguidos que encontraron en este lugar.

Garganta de Oldupai

    Sobre una roca descubrimos un macho de lagarto agama, de cabeza naranja y el resto del cuerpo azul, una hembra descansa a pocos metros.
    En ruta nos encontramos con muchos vehículos con problemas, pinchazos y otras averías. Los francolines escapan a nuestro paso.
    A las seis llegamos al borde del cráter de Ngorongoro. El tejado de la gasolinera donde repostamos está cubierto de musgo, tal es la humedad del bosque lluvioso. Por cierto, el precio de la gasolina, parigual que en España.
   Las habitaciones del hotel Sopa del Ngorongoro son muy amplias pero ancladas en los años setenta. A estas horas hace bastante fresco, estamos a casi tres mil metros y la calefacción está encendida. Entramos al comedor sin resuello, se nota la altura. El comedor es algo tétrico por poco iluminado, apenas vemos la comida, fría y sin imaginación. Las habitaciones tampoco están más iluminadas, la luz no es suficiente para leer, una linterna es una buena opción. Estas pequeñas incomodidades son fruslerías, en realidad, te sientes un privilegiado al visitar uno de los lugares más especiales y míticos de África.

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