República de Tanzania 2006

5 al 12 de julio, Kenia16 de julio, Ngorongoro
12 de julio, Manyara 17 de julio, Arusha, Nairobi
13 de julio, Manyara, Serengueti 18 de julio, Nairobi
14 de julio, Serengueti 19 de julio, Zanzíbar
15 de julio, Serengueti, Oldupai, Ngorongoro

13 de julio, alhamisi (jueves)

    A las ocho comenzamos el safari. Veinte minutos se tarda en bajar desde el risco donde se encuentra el hotel Serena hasta la entrada del Parque Nacional del Lago Manyara.
    Una maqueta del centro de interpretación nos muestra la situación del lago dentro del valle del Rift. El lago Manyara toma su nombre de un arbusto de savia tóxica, las tribus lo colocan alrededor de las aldeas como protección, para evitar que los depredadores entren a por el ganado.
Elefante en Manyara
   Este parque tiene gran cantidad de elefantes, jirafas masáis y monos. A lo largo del río que desagua en el lago atisbamos varios martines pescadores, grullas y otras aves. En una charca se baña una manada de hipopótamos, también observamos cigüeñas de pico amarillo, pelícanos, patos de Egipto, águilas, buitres, una mangosta y por supuesto, muchas gacelas, impalas, cebras y ñúes.
    Después de almorzar, salimos a la una y media hacia la mayor reserva de vida salvaje del planeta: el Serengueti. La carretera bordea el cráter del Ngorongoro, donde disfrutamos de una vista fantástica de la caldera, algo poco frecuente en pleno bosque lluvioso, lo habitual es la niebla y la lluvia.
    Un joven masái nos grita y gesticula desde el borde de la carretera, el tipo viste la ropa de la circuncisión, túnica morada y la cara pintada de blanco. No sé a qué vienen esos gritos, si a que aún le duele o es que quiere que nos echemos una instantánea con él.
    La carretera es pésima, sufrimos en cada metro del recorrido y son cinco horas de baches y de polvo. Nos detenemos en el centro de interpretación del Parque Nacional del Serengueti, en la puerta Naabi Hill. Serengueti significa en lengua masái "llanura interminable" y eso es precisamente lo que encuentras aquí, una vasta llanura de hierba dorada sin límites, sin apenas árboles. Esta inmensa llanura se formó hace tres y medio millones de años a partir de las cenizas que expulsaron los volcanes del área del Ngorongoro y ocupa, solo el parque, 14700 Km², como dos veces la comunidad de La Rioja.
    Un parque nacional se diferencia de una reserva en que no hay asentamientos humanos, en el caso del Serengueti, no hizo falta expulsar a nadie, la mosca tsé-tsé se encarga de que ninguna tribu se instale en este área.
    Las tarifas de entrada al parque están bien definidas en un letrero del centro de interpretación: cincuenta dólares por persona para los extranjeros y un dólar veinte centavos para los tanzanos. El coche: cuarenta dólares para extranjeros y ocho para los tanzanos.
    En noviembre comienza la estación de las lluvias cortas, entonces los ñúes se desplazan desde los bosques del norte a la sabana herbácea del sur. En febrero y marzo, el noventa por ciento de las hembras da a luz y permanecen en la sabana varios meses, hasta que cesan las lluvias y la sabana herbácea se empieza a secar. En mayo y junio, es momento de migrar nuevamente hacia el oeste y luego al norte, hasta el Masái Mara. Ahora mismo, los millones de ñúes y cebras están de vacaciones en el Masái Mara. Aún así, la población residente es más que suficiente para entretener a los turistas. De hecho, el safari por el Serengueti será para mí el mejor recuerdo del viaje.
Leonas descansando al borde del camino
    Seguimos por la recta carretera de tierra con el sol ya cerca del horizonte. Por el camino, encontramos un vehículo orillado en la carretera, signo inequívoco de que han visto algo interesante. En efecto, dos leonas descansan en un pequeño sendero a pocos metros de la carretera, despatarradas. Más tarde, una solitaria hiena moteada atraviesa la carretera. Nos detenemos también junto a otro todo terreno cuyos ocupantes dicen haber visto un león levantar la cabeza entre la espesa hierba. Aguardamos varios minutos y ...nada. Se ven muchas gacelas Thompson y cebras durante todo el recorrido.
    La puesta de sol, como todos los días, memorable.
    Arribamos al Serengueti Sopa Lodge a las siete menos cuarto, nos instalan en una suite, la setenta y cuatro, recién remodelada. La cena es algo floja, pero lo compensa la simpatía del servicio, siempre atentos y sonrientes. Lo mejor, la vista desde el mirador de la piscina. Te sientas con un refresco y tus binoculares y pasas un rato entretenido observando los animales: cebras, ñúes, gallinas de Guinea, elefantes, etc.

Copyright (c) 2006 - MRB

La propiedad intelectual de los textos y de las fotos me pertenece, por lo que está prohibida su reproducción total o parcial sin mi expresa autorización.