República de Tanzania 2006

5 al 12 de julio, Kenia16 de julio, Ngorongoro
12 de julio, Manyara 17 de julio, Arusha, Nairobi
13 de julio, Manyara, Serengueti18 de julio, Nairobi
14 de julio, Serengueti 19 de julio, Zanzíbar
15 de julio, Serengueti, Oldupai, Ngorongoro

12 de julio, jumatano (miércoles)

En el aeropuerto de Kilimanjaro, Tanzania
    Aterrizamos en el aeropuerto de Kilimanjaro. La primera impresión sobre Tanzania (antigua Tanganica + Zanzibar) es que el nivel de vida es superior al de Kenia: carreteras impecables (con rayas pintadas y todo), pueblos limpios, casas sencillas pero de ladrillo, campos cultivados de maíz, girasoles y café, todo parece mucho más limpio y ordenado que en Kenia. ¿La razón? Nuestro conductor nos asegura que el gobierno tanzano tiene una orientación más social que el de Kenia y gasta más dinero en infraestructuras. El índice de percepción de la corrupción de Transparencia Internacional otorga a Kenia el puesto 142 de 165 y a Tanzania el 93 de 165.
    La vegetación hasta Arusha es tropical, muy verde e invadiendo cada palmo del terreno. Hará unos veinticinco grados.
    En el vestíbulo del hotel Arusha nos espera el representante de la agencia Kobo, un madrileño muy joven, con él repasamos el itinerario y nos da algunas recomendaciones sobre el agua, picaduras de mosquitos, etc. Cosas de sentido común. Después nos presenta a nuestro conductor, Hasán, y al guía, Suri. El vehículo es un todo terreno Toyota Landcruiser con bastantes años pero, sin duda, mucho mejor que las busetas Nissan Caravan de Kenia. En Tanzania casi todos los vehículos que utilizan las agencias son todo terreno ya que la carretera de bajada al cráter de Ngorongoro es algo complicada para un vehículo convencional.
    Salimos hacia el lago Manyara y a las afueras de Arusha el paisaje cambia por completo, dejamos la selva tropical y entramos de lleno en la sabana arbustiva.
Mercado de un pueblo en Tanzania
Cruzamos un pueblo donde se está celebrando el mercado mensual. El colorido de las túnicas de los masáis es espectacular desde la distancia. A ambos lados de la carretera se observan pequeñas aldeas masáis (manyatas) con su boma característica.
    El número de cabezas de vacuno que manejan los masáis es considerable, los rebaños alcanzan los varios cientos de ejemplares. Las mujeres de los masáis recogen agua de las charcas, foco de todo tipo de infecciones. Adelantamos a un masái en bicicleta, todo un signo de modernización.
    Las ruidosas bandadas de los pequeños pájaros tejedores oscurecen el cielo por unos momentos. Los nidos de estos pequeños pájaros gregarios se ven por todas partes. Si el nido es de color paja, es que ya ha sido abandonado. El macho construye el nido antes de conocer a las hembras, cuando lo termina se cuelga por debajo y bate las alas para atraer alguna, la hembra visita el nido y si le gusta, inmediatamente se aparean y en uno o dos días pone los huevos. En cuanto la hembra se instala, el macho se pone a construir otro nido para atraer a otra hembra.
    Milenarios baobas flanquean la carretera, ahora sin hojas ya que es la temporada seca. Cerca de aquí, en el lago Eyasi, viven algunos bosquimanos, dicen que comen de lo que cazan y van vestidos con pieles de animales.
    Cuando nos acercamos al lago Manyara la vegetación se vuelve de nuevo tropical, la cercanía del agua hace milagros.
   Nos alojamos en el Serena, en lo alto del risco del Rift, un hotel con cierto encanto y unas vistas magníficas sobre el lago. Al lado de la piscina hay una representación de bailes de un grupo local.
    La comida está muy bien presentada en este Serena. Los papadams indios a la pimienta están bonísimos.

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