Los viajes de Mariano
Bandera

Reino de Tailandia 1999

28 de marzo, Bangkok 4 de abril, Mae Hong Son
29 de marzo, Bangkok 5 de abril, Phuket, Patong
30 de marzo, Bangkok 6 de abril, Phuket
31 de marzo, Bangkok 7 de abril, Phuket
1 de abril, Chiang Rai 8 de abril, Phuket
2 de abril, Tribu Karen,Chiang Rai 9 de abril, Phi-Phi
3 de abril, Mae Hong Son 10 de abril, Bangkok

6 de abril, martes

    Pasamos la mañana en la playa, recorriéndola de arriba abajo. Me baño con precaución porque el oleaje es muy fuerte y aquí no hay socorristas a la vista. Descansamos en las hamacas. Por supuesto, en esta playa, al igual que en la piscina del hotel, hay masajista.
    Por la noche asistimos a otro espectáculo: el FantaSea, muy a lo Walt Disney, el edificio y los alrededores van en plan cuento de hadas, elefantes gigantescos de piedra nos reciben a la entrada. Fuentes de agua por doquier. Todo intenta recrear un mundo sorprendente y mágico.

FantaSea

   La sala del teatro es probablemente la más grande, moderna y espectacular que haya visto nunca. La función, sin embargo, a pesar de que no repara en medios, se le nota falto de contenido, de algo que decir. Mucho elefante, bailarines y efectos especiales, pero poca sustancia argumental.
   Nos acercamos a cenar de nuevo a Patong. Esta vez pedimos langosta, nos traen una cuantas vivas a nuestra mesa y elegimos una de un kilo. Nos la cocinan a la parrilla, poco hecha y con dos salsas diferentes. Exquisita.
    Estamos bastante cocidos y como el hotel queda algo lejos tomamos un rickshaw. El Karon Royal Wing tiene dos entradas y el taxista nos deja en la más cercana a la playa. Intentamos llegar a la entrada principal y nos metemos entre los caminos serpenteantes de las villas. Hay que ver en qué estado mental estamos que no damos con el camino correcto. Volvemos a la entrada y preguntamos al guarda de seguridad que amablemente nos indica el camino hacia la entrada principal. No sé cómo demonios me ha entendido porque no paro de reirme, algo me han dado. Ni sé cómo le hemos entendido a él. Qué mierda de occidentales, seguro que ha pensado. Por fin llegamos a la recepción. Me he aprendido los números de nuestra habitación en tailandés y no los debo pronunciar demasiado mal porque nos dan la llave de inmediato.
   Esta isla es el paraíso, oye, nos encanta.

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