Los viajes de Mariano
Bandera

Reino de Tailandia 1999

28 de marzo, Bangkok 4 de abril, Mae Hong Son
29 de marzo, Bangkok 5 de abril, Phuket, Patong
30 de marzo, Bangkok 6 de abril, Phuket
31 de marzo, Bangkok 7 de abril, Phuket
1 de abril, Chiang Rai 8 de abril, Phuket
2 de abril, Tribu Karen,Chiang Rai 9 de abril, Phi-Phi
3 de abril, Mae Hong Son 10 de abril, Bangkok

30 de marzo, martes

    Na nos lleva en esta ocasión a la Tumba de Buda. Después al Mercado Flotante, que está algo alejado de Bangkok. En el trayecto nos paran en una fábrica de muebles de teca. Nos quedamos maravillados con una tumbona de madera, preguntamos el precio: 1200 . Ya puede ser buena, ya. Los muebles son artesanales, están labrados a mano y pedir 3000 por una mesa de dos metros y medio no parece caro visto el trabajo que conlleva.
   Para visitar el Mercado Flotante montamos en una lancha a motor. Es vistoso y colorido aunque poco auténtico, exclusivamente dirigido a los turistas, apenas hay cuatro canoas con mercancías y el resto son puestos con fruslerías para turistas, ya sabes: bálsamo de tigre y cosas así.
   A la hora de almorzar nos llevan a un restaurante lleno de turistas. La sala es enorme. Comemos en una mesa redonda muy bien preparada con la familia española que nos acompaña en Bangkok. Otra comida genial, me voy a volver un enamorado de la comida tailandesa.
   De vuelta al hotel dormimos un poco y una vez repuestos pisamos la calle de nuevo.
Mariano rezando
    Las casas de masaje abundan, están anunciadas por todas partes. Algunos lugares están especializados en masajes de pies. Nosotros nos decidimos por un masaje integral, de cuerpo entero. Escogemos un establecimiento de buena pinta y subimos. Llaman a dos jovencitas y nos hacen pasar a una habitación que está separada del pasillo por unas cortinas. En el suelo hay dos colchonetas y poca luz. Las chicas nos traen una especie de pijama: pantalones y camiseta. Nos desnudamos y nos ponemos el pijama, dos horas de placer nos esperan. Cierro los ojos y me relajo, procurando concentrarme en cada manipulación de mis músculos. El masaje resulta mejor de lo esperado, muy placentero y nada incómodo, aunque cuando la masajista se ha puesto de pies sobre mi espalda me he preocupado ligeramente. Falsa alarma, saben lo que hacen. Magnífico. Repetiremos.
   Cenamos en el Silom Village, un pequeño centro comercial donde abundan los restaurantes. Tomo un pato con salsa dulce que resulta magnífico.
   Al caer la noche volvemos al mercadilo de la calle Silom. Intentamos ver algún espectáculo sexual, un gancho nos guía hasta varios tugurios pero no hay ninguna actuación, quizá es aún pronto para ese tipo de shows.

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