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Bandera

Reino de Tailandia 1999

28 de marzo, Bangkok 4 de abril, Mae Hong Son
29 de marzo, Bangkok 5 de abril, Phuket, Patong
30 de marzo, Bangkok 6 de abril, Phuket
31 de marzo, Bangkok 7 de abril, Phuket
1 de abril, Chiang Rai 8 de abril, Phuket
2 de abril, Tribu Karen,Chiang Rai 9 de abril, Phi-Phi
3 de abril, Mae Hong Son 10 de abril, Bangkok

29 de marzo, lunes

    Día de excursión programada. Na nos recoge puntualmente y nos traslada al Gran Buda Reclinado y el Gran Palacio.
Gran Palacio
En el Gran Palacio hay mucha gente, demasiada, y cae una fina lluvia que alivia algo el calor pegajoso habitual. El lugar es una maravilla, de cuento de hadas, aunque el tiempo lo desluce.
    De aquí nos llevan a una fábrica de jade, diamantes y otras piedras preciosas, para ver si picamos. Por 1800 se puede hacer uno con un anillo muy aparente. Ya ves.
   Una vez terminada la visita, Na nos deja en la calle Silom, donde tomamos un taxi hacia el Templo Traimitwitthayaram, para ver la imagen del Buda Sentado Dorado, de cinco toneladas de oro puro y 4.5 m de altura. Tiene unos 700 años y fue cubierto en yeso para evitar su saqueo por los invasores durante el tercer reinado de la dinastía Chakkri. En 1955, durante un traslado, descubrieron que era de oro.
   Luego nos metemos en el barrio chino, las callejuelas son muy estrechas y la actividad comercial es impresionante. Las tiendas están abarrotadas de mercancías. Es un ir y venir incesante de gente, motos y carros. El colorido de los puestos es asombroso, te encuentras una sorpresa cada tres metros. Desconocemos muchas de las frutas de los puestos pero me llama la atención un fruto del tamaño de una sandía pequeña con una piel llena de protuberancias cónicas; es el Jackfruit, por dentro la carne es blanca y contiene multitud de gajos que encierran un hueso del tamaño de una castaña. El sabor tiene un toque a plátano. Muy bueno.
   Como el hambre aprieta salimos a una calle principal y entramos en un restaurante chino de buena pinta. La carta contiene siempre una fotografía del plato en cuestión, lo que facilita la elección. Me decanto por la sopa de aleta de tiburón, pato y el postre más extraño que veo: un dulce redondeado en almíbar cuyo interior está relleno de algo parecido a ceniza negra. Cada comida es un nuevo descubrimiento. Una gozada.
    Seguimos por el barrio chino donde siempre hay una sorpresa en cada esquina.

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