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Bandera

Reino de Tailandia 1999

28 de marzo, Bangkok 4 de abril, Mae Hong Son
29 de marzo, Bangkok 5 de abril, Phuket, Patong
30 de marzo, Bangkok 6 de abril, Phuket
31 de marzo, Bangkok 7 de abril, Phuket
1 de abril, Chiang Rai 8 de abril, Phuket
2 de abril, Tribu Karen,Chiang Rai 9 de abril, Phi-Phi
3 de abril, Mae Hong Son 10 de abril, Bangkok

2 de abril, viernes

Salimos en canoa para ver las tribus, el recorrido por el río Mae Kok dura casi dos horas y me encanta por los paisajes que se observan en ambas orillas.
    Llegamos al poblado de la tribu de los Karen, etnia de origen tibeto-birmano. En el pueblo, a ambos lados de la calle pricipal, hay puestos con artesanías para turistas. Lo que más nos llama la atención es una inmensa boa de 16 Kg de peso enroscada en un capazo de mimbre. A mi compañera le fascinan las serpientes y se la pone sobre los hombros a modo de fular. Yo me mantengo prudentemente alejado mientras la inmortalizo, el bicho me da respeto.
    Como en muchos pueblos de España, aquí también existe la figura del vendedor ambulante que vende comestibles de pueblo en pueblo con su furgoneta. Las mujeres guardan fila para comprar. Me llama la atención un enorme plástico repleto de guindillas rojas. También aquí hay elefantes para que monten los turistas.
    Bajamos el río en la canoa y después nos llevan en trishaw un par de kilómetros hasta el hotel a recoger nuestras cosas. Regresamos a Chiang Mai por carretera, son cuatro horas de recorrido en la buseta. Paramos para comer en el restaurante de un hotel de la cadena Félix. Precioso hotel, todo construido en madera de teca, y el enclave es también maravilloso. La comida consiste en sopa con trozos de soja, carne y vegetales, arroz, tortilla de vegetales, vegetales en tempura y pollo guisado con cacahuetes y gengibre. Nos encanta el sabor de las salsas tailandesas. Por algo la cocina tailandesa está considerada una de las mejores del mundo.
   Una vez en Chiang Mai nos conducen hasta la fábrica de Jade y la de seda.
    Al llegar al hotel nos damos un chapuzón en la piscina. Casi nos dormimos en las hamacas, estamos algo cansados. Después de la cena paseamos entre los innumerables puestos callejeros y compramos algunos caprichos. Nos han dicho que aquí, en Chiang Mai, es donde más artesania y productos se puede encontrar y también los mejores precios.
    Tomamos unos refrescos en una zona con mucho ambiente, en una terraza. La camarera nos trae un juego de tablillas que no entendemos muy bien, ella nos lo explica y pasamos un rato entretenido con el jueguecito.
    oye, esta gente sabe divertirse, hay mucha animación por las noches; las terrazas de los bares y restaurantes están llenas y también hay espectáculos musicales programados, no demasiado sofisticados, es decir, casi siempre acústicos, pero se dejan ver.

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