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Reino de Suecia 2013

15 de agosto, Estocolmo24 de agosto, Lund, Malmö
16 de agosto, Estocolmo 25 de agosto, Malmö, Ystad, Kivik
17 de agosto, Estocolmo 26 de agosto, Kivik, Kosta, Oskarsham
18 de agosto, Estocolmo 27 de agosto, Gotlandia
19 de agosto, Estocolmo, Upsala28 de agosto, Gotlandia
20 de agosto, Upsala 29 de agosto, Gotlandia
21 de agosto, Örebro 30 de agosto, Eksjö, Mjölby
22 de agosto, Tanum, Gotemburgo31 de agosto, Drottningholm, Sigtuna
23 de agosto, Gotemburgo Datos económicos del viaje

31 de agosto, sábado

    El hotel ha adelantado el desayuno media hora por los golfistas, que no pueden perder un segundo para practicar su afición. Salimos de Mjölby bajo un cielo gris, plomizo, encapotado. Dudamos entre ver el canal de Gota o acercarnos hasta el Palacio de Drottningholm —drottning: reina; holme:islote—, en la isla de Lovöm, doce kilómetros al oeste de Estocolmo. Nos decidimos por el palacio; con este tiempo es mejor estar bajo techo. Sigue lloviendo durante los 234 Km desde Mjölby hasta Lovöm. En las cercanías urbanas a Drottningholm cruzamos charcos espectaculares, de casi medio metro de profundidad, lo nunca visto. Cuando entramos al aparcamiento del palacio ya solo chispea pero el cielo sigue cubierto de nubes cárdenas. Los alrededores del palacio son escenario de las fotos de boda de muchas parejas, quizá porque aquí se celebró la recepción tras la boda de la princesa Madeleine con el banquero británico Chris o´Neill el pasado junio.
    Un billete combinado nos da acceso al Teatro del Palacio de Drottningholm, al propio Palacio y al Pabellón Chino. El guía del Teatro del Palacio es un chaval que habla un inglés muy poco claro, rápido y encima, apenas mueve los labios. Tengo que concentrarme un horror para entenderle pero ahí va lo poco que he pillado: "Luisa Ulrica de Prusia, con veinticuatro años, se casó en 1744 con Adolfo Federico de Suecia, que en 1751 sería coronado como rey de Suecia. Ella era alemana y acostumbrada a la animada vida cultural de Berlín, convenció al rey para que construyera un teatro para representar óperas. El modesto edificio original se quemó por completo en 1762 y Luisa Ulrica se encargó personalmente de la decoración del nuevo teatro. En aquella época, la asistencia al teatro funcionaba solo por invitación real y era un acontecimiento más social que cultural, se charlaba, comía y bebía durante la representación. Lo importante era asistir y pertenecer al círculo de amistades del rey, los actores y la obra carecían de importancia.
Teatro del palacio de Drottningholm
Como pueden ver, los palcos ni tan siquiera se orientan al escenario, sino al público. El otro palco presenta una celosía parcial, era para que se ocultasen tras ella las mujeres casadas que acompañaban a hombres que no eran sus maridos. Las paredes no son de mármol, aunque lo parezca; en realidad es madera pintada. Hay dos razones para ello: la madera es más económica y ofrece mejor acústica. Tras la muerte de la reina en 1782, el teatro solo permaneció activo dos años más ya que en Suecia no había cultura teatral. Después del asesinato de Gustavo III en 1792, hijo de Adolfo Federico y de Luisa Ulrica, se empleó como almacén de patatas. En 1921 se reanudaron las representaciones, solo hubo que restaurar el salón de entrada donde se guardaban las patatas, reemplazar las cuerdas y añadir electricidad; lo demás se mantuvo tan bien conservado que la maquinaría que se emplea en las representaciones actuales es la original, tiene más de doscientos años y el atrezo y las poleas que mueven las máquinas de viento, truenos y nubes funcionan divinamente. Hogaño se representan, sobre todo, óperas del siglo XVII y XVIII: Mozart, Gluck, Monteverdi, etc. Solo funciona desde mayo a septiembre porque se concibió originalmente como un teatro de verano y no está aislado térmicamente. El precio de las entradas oscilan entre las 300 kr (36 €), en las últimas filas, y las 700 kr (84 €), en las primeras".
    Afortunadamente, la jóven guía que nos toca en la visita del palacio habla un inglés cristalino: "El primer palacio de Drottningholm fue construido en 1580 por encargo de Juan III de Suecia, segundo hijo de Gustavo Vasa, para su mujer la reina Catherine Jagellonica. En 1661, la reina Hedvig Eleonora, viuda de Carlos X Gustavo de Suecia, compró el palacio. Ese mismo año celebró la Navidad aquí y marchó para Estocolmo en vísperas del día de la Nochevieja. Cuatro horas más tarde, el palacio quedó devastado por el fuego. En abril de 1662 comenzaron las obras del nuevo Drottningholm bajo la batuta del arquitecto Nicodemus Tessin "El Viejo", mezclando los estilos francés e italiano. Hedvig Eleonora murió en 1715, antes de ver finalizadas las obras. Después llegaron Ulrika Eleonora y Federico I, que vivieron en el palacio hasta 1744.
    La siguiente reina en marcar su estilo en el palacio fue Luisa Ulrika de Prusia, consorte del rey Adolfo Federico de Suecia. El palacio fue un regalo de boda del rey. En aquella época la corte francesa marcaba la tendencia en casi todo y a Luisa Ulrika el barroco le parecía oscuro y pasado de moda, así que cambió la decoración por el rococó francés; los colores pastel, la naturaleza, esos desnudos tan sensuales... Su gusto por el lujo y las actividades artísticas y culturales salieron muy caros al erario público. Demostró ser una experta en derrochar el dinero de los demás. Los reyes residieron en Drottningholm durante todo su reinado (1751–1771). En 1771 murió el rey Adolfo Federico por problemas estomacales. Y no es de extrañar, después de una opípara cena, repitió postre catorce veces, y ya sabes el dicho: "De grandes cenas, están las sepulturas llenas". La reina Luisa Ulrika, alemana, quedó muy afectada por su muerte y en la corte la tomaron por una desequilibrada mental ya que en Suecia no era costumbre exteriorizar las emociones". Hoy en día sigue siendo parecido, los suecos consideran de baja estofa mostrar emociones, sobre todo si es de manera ruidosa; no tienes más que ver la inexpresividad de los rostros en cualquier película sueca.
El rey Carlos XVI Gustavo y la reina Silvia
    "Ahora mismo —prosigue la guía—, el ala norte del palacio se usa en tareas de representación y la sur es la privada. Aquí viven el rey Carlos XVI Gustavo y la reina Silvia. La reina nació en Alemania y, por cierto, —ahora dirije su mirada a nosotros— se graduó en idioma español en Düsseldorf y después trabajó en la embajada Argentina en Münich, así que debe hablar español bastante bien. Si hubieran estado por aquí hace un par de horas habrían visto a la reina de Noruega y la de Suecia juntas por este pasillo".
    El rey Carlos XVI Gustavo —sí, ese tipo vestido de marinero con cara de cómico— es el soberano que menos poder y responsabilidades tiene de toda la realeza europea, su papel es meramente protocolario y simbólico. Hasta la publicación de una biografía —no autorizada—, los suecos le tenían cierta simpatía porque su padre murió cuando él no había cumplido un año y por su dislexia —no comprende lo que lee—. Sin embargo, el libro ha revelado que en sus años de juventud vivío la vida loca: gustaba de las bacanales donde se comía, bebía, fumaba y luego todos se acostaban todos con todos, además eran organizadas en un club de Estocolmo justo debajo de la sede de la Policía Nacional. Parece que el rey gastaba sumas indecentes en clubes de striptease, y más todavía si era en el extranjero. El rey, lejos de negarlo, dijo que eso pasó hace mucho tiempo, cuando era más joven y estaba soltero. Hasta aquí todo normal. Lo que más ha escandalizado es la relación que el rey mantuvo en los noventa, ya casado y con tres hijos, con Camilla Henemark, la cantante de los Army of Lovers. Y el príncipe Carlos Felipe sale a su padre, aunque parece que Sofia Hellqvist, actriz erótica, famosa por sus desnudos en revistas masculinas y participante de un reality show, le está haciendo sentar la cabeza y ya se empieza a hablar de boda.
    La familia real no lo pasó nada bien cuando se emitió en 2004 y 2005 el programa satírico Hey Baberiba que parodiaba a personajes famosos, incluidos ellos. Disfrutó de una audiencia enorme y el rey Carlos Gustavo llegó a decir que "se trata de una persecución personal muy desagradable; lo peor es tener un acto público después de la emisión del programa, los niños se parten de risa en cuanto me ven". El rey aparecía como un hombre cobarde, patoso, dominado por su mujer. A la princesa Victoria la caracterizaba un hombre, y la princesa Magdalena no mostraba interés más que por las juergas regadas en alcohol. A pesar de las quejas del rey se emitieron cuarenta y dos episodios. Que se aguanten, que para eso les pagan, por lo menos sirven para algo, decían muchos suecos.

Embarcadero de Sigtuna

    Mañana a las nueve tomaremos el avión hacia España, por eso hemos escogido un hotel cerca del aeropuerto. Como Sigtuna nos pilla de paso, lo visitamos. Sigtuna fue fundada en el año 980 y es considerada la segunda ciudad más antigua de Suecia, después de Birka. En la calle principal Stora Gatan es donde se encuentran la mayor parte de las casas más antiguas que, por supuesto, no datan del año 980 sino del siglo XVIII. En realidad, existe poca diferencia con las casas actuales, porque a los suecos les encantan las casas tradicionales de madera. Al dar un paseo por el pueblo nos sigue asombrando lo pequeñas que son algunas de ellas. En una de las casas se está preparando una fiesta en el jardín, vemos que algún invitado trae una botella de vino y saluda efusivamente al anfitrión, bueno... perdón... efusivamente no...como se saludan los suecos, con un ligero apretón de manos; lo de chocar las mejillas aquí no se lleva. Ni se te ocurra besar a un sueco en la mejilla, te pueden detener por pervertido.
    Llegamos al hotel Radisson, rellenamos el depósito de gasolina y dejamos el coche en Europcar, justo al lado del hotel. Cenamos y después... a la piscina. En la piscina solo una mujer musulmana con su hija. El vestido de la señora solo deja los ojos al descubierto y va en ropa de calle. La niña se baña en la piscina y no quita ojo a mi mujer, será porque va en bikini, digo yo. Esto me recuerda que hace unos años, la corte de Gotemburgo dictaminó en contra de dos musulmanas que permanecían en la piscina en traje de calle, velo incluido. Las dos fueron expulsadas. Las normas dictaban que en la piscina se debía usar pantalón corto y camisetas, como mucho. Ellas se sintieron discriminadas y lo llevaron a juicio. Perdieron y fueron condenadas a pagar las costas del juicio, más de tres mil euros. El juez argumentó que, además de no cumplir las normas, vestidas de esa guisa, no hubieran podido ayudar a sus hijos en caso de necesidad. Pero apelaron y, un año después, el tribunal dictaminó que fueron discriminadas de una manera que está vinculada a su religión, que les impide cumplir las normas. Ganaron.

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