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Reino de Suecia 2013

15 de agosto, Estocolmo24 de agosto, Lund, Malmö
16 de agosto, Estocolmo 25 de agosto, Malmö, Ystad, Kivik
17 de agosto, Estocolmo 26 de agosto, Kivik, Kosta, Oskarsham
18 de agosto, Estocolmo 27 de agosto, Gotlandia
19 de agosto, Estocolmo, Upsala28 de agosto, Gotlandia
20 de agosto, Upsala 29 de agosto, Gotlandia
21 de agosto, Örebro 30 de agosto, Eksjö, Mjölby
22 de agosto, Tanum, Gotemburgo31 de agosto, Drottningholm, Sigtuna
23 de agosto, Gotemburgo Datos económicos del viaje

30 de agosto, viernes

    Cielo nublado. Cuando llegamos a Eksjö aún llueve ligeramente y por eso nos sorprende encontrar el pueblo inmerso en una actividad febril. En la plaza mayor, una grúa telescópica de gran pluma ayuda en el montaje de un gigantesco escenario. Ya han colocado la batería y un guitarrista prueba el sonido con una Telecaster Vintage del cincuenta y dos. Otros escenarios más pequeños se reparten por toda la ciudad, aún montándose. Decenas de barriles de cerveza se desplazan sobre carretillas eléctricas con destino a los bares de la ciudad. Un cartel nos confirma que están de fiestas: entre hoy y mañana actuarán más de setenta grupos, todos suecos; el cabeza de cartel es Darin Zanyar, un chaval que se hizo famoso tras cantar en el programa sueco Idol y que enamora a las quinceañeras.
    El principal atractivo de esta pequeña ciudad de nueve mil habitantes son sus casas de madera del siglo XVI. Según un cartel informativo, el casco viejo mantiene aún la estructura que tuvo durante la Edad Media. Las casas son antiguas aunque en realidad en poco se diferencian de las actuales, la tradición pesa. Se parecen mucho a las casas de madera del norte de Estados Unidos, excepto en el color; aquí es habitual el llamado rojo de Falun. Falun es una localidad de la provincia de Dalarna famosa en el pasado por sus minas de cobre. Fueron los ricos los que, en el siglo XVI, comenzaron a pintar sus casas con el rojo de Falun, de esta manera imitaban el color de las casas de ladrillo caravista de las ciudades grandes como Gotemburgo o Estocolmo. Más tarde, los alcaldes de las ciudades obligaron a pintar las fachadas de las casas de ese color ante la proximidad de una visita real. Para finales del siglo XIX, la fabricación de la pintura se industrializó, los precios bajaron y su uso se popularizó también en las zonas rurales. Hoy en día, la pintura rojo de Falun forma parte de la herencia cultural sueca. No sólo es una cuestión estética, sus propiedades de protección y facilidad de mantenimiento son excelentes. Una ventaja de esta pintura es que cuando envejece se descascarilla en láminas muy pequeñas que se eliminan con un simple cepillado, sin necesidad de rascar, y ya sólo queda repintar.
Un rincon de Eksjö
    El casco viejo de Eksjö es de los más antiguos de Suecia, data de 1568, e incluye cincuenta y seis edificios históricos de madera. Es indudable el encanto de estas casitas de madera, sin embargo, son terriblemente vulnerables al fuego, de hecho, en agosto de 2015 un incendio acabará con varias casas del barrio antiguo y una chica de veinticinco años morirá.
    Un pequeño canal de aguas saludables y cristalinas, procedente del lago Hunsnäsen atraviesa la parte norte de la ciudad vieja. Visitamos también el museo del caricaturista Albert Engström. El casco viejo, peatonal anda muy concurrido a la hora de comer. Un restaurante chino de la calle principal está tan abarrotado de gente que se diría que regalan la comida; el bufé tiene buena pinta y el precio muy asequible para estos lares. Comemos con agua, que después hay que tomar el volante.
    Salimos de Eksjö y nos incorporarnos a la treinta y dos. Procuro, como siempre, ir atento a todos las señales. La velocidad límite es noventa, así que pongo el control de crucero a ochenta, no quiero problemas. Cuando llevamos unos cinco minutos desde que nos incorporamos a la carretera, el coche que llevo detrás me hace señales con las luces. Huy, qué raro. Inmediatamente veo que se coloca una luz portátil azul sobre el techo. ¡Oh, no, la policía otra vez! ¿Qué demonios habré hecho ahora? Delante veo una playa, aparcó en ella. Se acerca la pareja. Ella es negra, esbelta, con coleta y muy guapa; el otro policía, rubio, muy joven, un guaperas también. Ambos podrían pasar por modelos de pasarela. Ella lleva la voz cantante pero se la nota nerviosa, en realidad es el otro policía quien le apunta lo que debe decir. Me pide el carné y que a dónde nos dirigimos. Ni nos acordamos, lo consultamos en nuestros papeles: Ah, hacia Vadstena. Sin mediar palabra, me acerca un canutillo y que sople. Negativo, claro, sólo he bebido agua. Y ahora, que si no he visto el stop al incorporarme a la carretera. ¡Oh, no! Ahora lo recuerdo: efectivamente, había un stop y como la visibilidad era muy buena y el acceso similar a una incorporación gradual a una autopista, y además, no había moros en la costa ni a la derecha, ni a la izquierda, no hice el stop preceptivo. ¡Horror! Me veo con otros trescientos euros de multa. Seiscientos en dos días. Con cara de cordero degollado, le contesto que sí, que vi el stop y no paré. Y ella: La multa por saltarse un stop es de 2500 coronas pero hoy es su día de suerte y no le voy a multar, pero la próxima vez que vea un stop, pare y cuente hasta tres. Por supuesto, así lo haré y muchas, muchísimas gracias. Uf, nos libramos por los pelos. Las multas de tráfico en Suecia son carísimas y si una sola multa ya te dispara el presupuesto, no te digo nada si son dos. Y menos mal que no he probado el alcohol, que si no, termino entre rejas.
Nuestra habitación en el hotel Miskarp AB
    El día sigue terriblemente húmedo. Llegamos al hotel Miskarp, rodeado por campos de golf, a dos kilómetros de Mjölby. La habitación es amplia, funcional y cuenta con todo lo necesario, aunque uno no espera encontrar una decoración tan espartana, sencilla y minimalista por 148 € la noche. ¡La televisión descansa directamente sobre la nevera! Típicamente sueco. Austeridad ante todo. Un grupo de compañeros de trabajo se han reunido para jugar al golf; la fina lluvia que cae no parece desanimarles. El hotel está lleno de golfistas, así que nos invitan a que cenemos pronto, a las seis y media, antes que lleguen los demás grupos, que el hotel está lleno. El menú es fijo. Después de cenar paseamos por los húmedos alrededores hasta el anochecer. El tiempo más parece de principios de invierno que de finales del verano.

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