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Reino de Suecia 2013

15 de agosto, Estocolmo24 de agosto, Lund, Malmö
16 de agosto, Estocolmo 25 de agosto, Malmö, Ystad, Kivik
17 de agosto, Estocolmo 26 de agosto, Kivik, Kosta, Oskarsham
18 de agosto, Estocolmo 27 de agosto, Gotlandia
19 de agosto, Estocolmo, Upsala28 de agosto, Gotlandia
20 de agosto, Upsala 29 de agosto, Gotlandia
21 de agosto, Örebro 30 de agosto, Eksjö, Mjölby
22 de agosto, Tanum, Gotemburgo31 de agosto, Drottningholm, Sigtuna
23 de agosto, Gotemburgo Datos económicos del viaje

29 de agosto, jueves

    Pocos kilómetros al sur de nuestro alojamiento encontramos Gannarve, un enterramiento de finales de la Edad de Bronce sueca, entre 1000 a 400 años antes de nuestra era. La costumbre era incinerar a los muertos en una pira y después, trituraban y lavaban los huesos antes
Tumba-barco conocida como Gannarve
de meterlos en una urna de barro. En estos lugares no se enterraba a cualquiera, estaban reservados a albergar las cenizas de guerreros heróicos y caudillos porque, evidentemente, la preparación del enterramiento y los rituales asociados a ellos eran muy costosos. Gotlandia cuenta con restos arqueológicos para regalar: dolmenes, menhires, túmulos, círculos de piedras, tumbas barco, ruinas de antiguos asentamientos, estelas funerarias... Sólo en tumbas con forma de barco alcanza las trescientas cincuenta, aunque eso sí, ésta de Gannarve es una de las más grandes y seguramente, dada su proximidad a la carretera, han pensado que sería muy visitada y se nota que la han restaurado con más mimo que a las demás. Otra tumba curiosa es Rannarve, a muy pocos kilómetros de aquí, en Klintehamn; el enterramiento forma una figura de cuatro barcos concatenados. La idea de que las piedras representan un barco se refuerza porque las de los extremos son más grandes y forman pendiente. Muchos siglos más tarde, en la era vikinga (793-1066), se pondría de moda el enterramiento dentro de un bote de madera, más grande cuanto más importante fuera el finado.
Interior de la iglesia de Hablingbo
    En Hablingbo nos detenemos para visitar su iglesia. Nadie a la vista excepto dos arqueólogas del Riksantikvarieämbetet, o sea, la Comisión Nacional del Patrimonio Sueco. Están atareadas radiografiando una piedra rúnica dentro de la iglesia. Intentamos intercambiar unas palabras con ellas pero no se muestran muy comunicativas. Natural, están trabajando. La iglesia original era de madera, se construyó en el siglo XII y después fue reemplazada por una iglesia románica, aunque la mayor parte de lo que queda en pie data del siglo XIV, cuando se reconstruyó la nave y el coro. A destacar la talla en madera del Cristo que descansa sobre una viga en el centro de la nave, se cree que es obra de un artesano francés. Sus paredes también incluyen una de las primeras representaciones del diablo en el arte escandinavo. Fuera, vemos una colección de estelas de piedra.
    Estamos en el sur de Gotlandia, donde apenas se ve un ser humano, sólo pinos y piedras. De vez en cuando cruzamos alguna aglomeración urbana con unas pocas casas desperdigadas. Tampoco hemos visto ni un solo radar de los que siembran el continente, lo que te lleva a pensar que en Gotlandia la vigilancia policial es menor. Quién iba a pensar que en el lugar más recóndito de la isla, donde apenas hay gente, nos estaban esperando. El transbordador a Oskarshamn zarpa a las 17:05. Vamos algo justos, así que conduzco algo más rápido de lo habitual. Cruzamos Hastan, un pueblo donde no se ve un alma. El límite son cincuenta kilómetros por hora. A la salida de Hastan vemos un policía que nos apunta con una pistola radar a la vez que nos hace señas para que aparquemos a la derecha, junto a él. En un amplio solar han montado un impresionante dispositivo de control, hay varios coches de la policía y también una gran furgoneta. Paro el coche, bajo la ventanilla y me planta enfrente la pistola enfrente de mi cara. Con el sol apenas se ven los leds rojos pero sí, parece que pone sesenta y nueve kilómetros por hora. Seguidamente me pone el alcoholímetro en la boca. Negativo, claro, no he probado el alcohol en todo el día. Que vayamos con él. Mientras le acompañamos a la furgoneta, varios policías comprueban la presión de los neumáticos del coche de una anciana. Nos informa que hay dos opciones: aceptar la infracción o no aceptarla, en este caso el expediente irá al juez. No hay mucho que pensar, he cometido una infracción, así que la acepto. En el caso de infracciones graves, la multa es proporcional al nivel de ingresos y la dictamina el juez. Afortunadamente, no es nuestro caso. Aún así, nos quedamos petrificados cuando nos muestra un papel oficial que relaciona la velocidad con la cuantía de la multa: dos mil ocho cientas coronas, o sea, trescientos treinta y tres euros. ¿Rebaja por pago inmediato? Ninguna. Nos informa que la podemos pagar cómodamente desde España a través de un giro. ¿Plazo? Un mes. ¿Que si vamos a pagar? Por supuesto. Los servicios informáticos de los países nórdicos funcionan divinamente y sé que si vuelvo a pisar el país bastará con teclear mi nombre para que la multa nos esté esperando en el aeropuerto y quién sabe con qué recargo. O igual me detienen y me meten a la cárcel, estos tipos son capaces.
    Suecia es el país con la tasa de muertos en carretera más baja del mundo: tres muertos por cada cien mil habitantes. ¿Cómo lo consiguen? Desde luego, no con la mejora de las carreteras, sino inundando el país con radares; más de mil cien están repartidos por toda la geografía y otros dos mil se piensan instalar antes de 2020. Y una persecución implacable contra el consumo de alcohol al volante. Hace unos días, la policía retiró el carné de conducir a un agricultor que conducía borracho su tractor... por un campo de su propiedad. Se chivó el vecino. ¡Cómo son estos suecos!
Vista de Visby y el mega yate Katara de la familia real qatarí.
    Según conducimos hacia las tripas del transbordador vemos a nuestra izquierda un mega yate impresionante. ¿De quién será? Es el Katara, de la familia real de Qatar, el país con mayor producto interior bruto per cápita del mundo. Dicen que la encargada de la lavandería del yate cobra dieciséis pagas de tres mil dólares mensuales. Sin impuestos, porque en Qatar no los hay. A pesar de sus ciento veinticuatro metros de eslora no es más que el décimo más grande del mundo. El mayor yate privado es el Azzam; se cree que pertenece al emir de Abu Dhabi. Si así son los yates, ¿cómo serán sus casas?

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