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Reino de Suecia 2013

15 de agosto, Estocolmo24 de agosto, Lund, Malmö
16 de agosto, Estocolmo 25 de agosto, Malmö, Ystad, Kivik
17 de agosto, Estocolmo 26 de agosto, Kivik, Kosta, Oskarsham
18 de agosto, Estocolmo 27 de agosto, Gotlandia
19 de agosto, Estocolmo, Upsala28 de agosto, Gotlandia
20 de agosto, Upsala 29 de agosto, Gotlandia
21 de agosto, Örebro 30 de agosto, Eksjö, Mjölby
22 de agosto, Tanum, Gotemburgo31 de agosto, Drottningholm, Sigtuna
23 de agosto, Gotemburgo Datos económicos del viaje

27 de agosto, martes

    Otra mañana soleada, de cielo azul. El transbordador hacia Visby sale a las once y para las diez y media ya estamos haciendo cola para entrar en la bodega. Echando un vistazo a los coches que esperan se deduce rápidamente que el favorito de los suecos es la ranchera. Se ven pocos "cochazos". Esta gente es austera, modesta, en las antípodas del derroche. Valoran, sobre todo, la sencillez y la humildad. Tienden a minimizar las diferencias sociales y, por tanto, las manifestaciones de riqueza son consideradas de mal gusto. Aquí nadie alardea de lo que gana o de lo que le ha costado la casa o el coche. Por eso Ingvar Kamprad, el fundador de IKEA, cae tan bien a la gente: el tipo utiliza el transporte público y viaja en clase turista a pesar de ser un ricachón.

En fila para entrar al transbordador en Oskarsham

    ¿Y cuánto gana esta gente? La principal característica de los salarios en Suecia no es que sean altos sino igualitarios. No hay gran diferencia entre los sueldos de jefes y empleados. Si nos fiamos de la web lonestatistik.se (estadística de salarios en Suecia), un policía con nueve años de experiencia cobra 2457 € netos al mes, —los suecos hablan siempre de sueldo mensual, no anual—. Un cocinero de un restaurante con once años de experiencia se mete 2558 € mensuales al bolsillo. Un operador de control numérico con ocho años de experiencia, 2154 €. Un ingeniero con nueve años de experiencia, 2899 €. Una secretaria con once años de experiencia, 2213 €. Evidentemente, no son salarios estratosféricos pero sí se puede vivir muy dignamente con ellos. Incluso los primeros empleos suelen rondar un mensual bruto de 2000 €.
    La asistencia sanitaria es gratuita... siempre que no tengan que visitar al médico. El costo diario de una hospitalización es de ocho euros durante los primeros diez días, y de siete euros los restantes. Una visita al médico de cabecera cuesta entre doce y veinticuatro euros, dependiendo de la provincia y, si van al especialista, el cargo es de cuarenta euros por visita. Los niños no pagan nada. Afortunadamente, hay un tope de gasto: si han pagado un total de entre 100 y 130 € —otra vez depende de la zona de residencia— en el transcurso de un año, las consultas médicas de los próximos doce meses son gratuitas. Hay un techo similar para medicamentos con receta: nadie paga más de 260 € en un período de un año. Los suecos tienen buenos servicios pero nada se regala.
    A las once menos cuarto ya se mueve nuestra fila y entramos con el coche al barco. Antes de que lleguemos a nuestro asiento ya está zarpando, cinco minutos antes de las once. La distancia entre Oskarsham y Visby es de unos ciento veintisiete kilómetros y dura tres horas. El mar plato. Muchos asientos vacíos.
    Volviendo al tema del carácter de los suecos, recuerdo que un compañero de trabajo tuvo que pasar un año en el Centro de Investigación de ABB en Västerås, allá por 1987. Contaba que, los primeros días, un compañero sueco le recogía del apartamento todas las mañanas. Era el mes de octubre y con frecuencia hacía frío y viento. El primer día llegaron pronto al aparcamiento y estacionó el coche lejos de la puerta de entrada. Claro, cada empleado tiene su plaza reservada, pensó. Al día siguiente lo mismo: todo vacío y el tipo otra vez aparca lejos de la entrada, pero en otro sitio. ¿Será para quemar calorías? Pues no: "Es que, los que llegamos pronto tenemos tiempo para caminar, sin embargo, los que vengan después igual llegan tarde y, por eso, es mejor que aparquen cerca de la puerta". ¿No son un encanto de gente?
Raukar de Fårö. ¿Ves la nariz, los labios, el tocado afro...?
    Varios meses después, un equipo de jóvenes ingenieros suecos trabajaron con nosotros en España. Disciplinados, reservados, individualistas y extremadamente educados. En las reuniones jamás levantaban la voz y observaban asombrados las gesticulaciones y palabrería a la deriva de los españoles. Esperaban, callados y atentos, su turno de intervención como quien aguarda el número en la charcutería. Demasiado educados para decirte abiertamente que algo estaba mal, preferían evitar la confrontación directa y adoptaban el silencio como negativa. Si te quitaban un cigarrillo del paquete te dejaban cinco pesetas sobre la mesa. En los bares cada uno pagaba su consumición. Uno de ellos me aseguraba que su ideal era retirarse a una casa de campo, rodeado de naturaleza y, a ser posible, lejos de otros seres humanos. Contaba que un dicho muy extendido en Suecia era que "el hombre es un lobo para el hombre". Varios se casaron con chicas españolas y se quedaron a vivir en la Piel de Toro. La luminosidad del sur les encantaba.
    Los suecos son muy especiales, precisamente porque no sienten ninguna necesidad de serlo. Les gusta definirse como "en vanlig Svensson", es decir, un sueco común. Procuran mantener un perfil bajo y no destacar sobre los demás. La modestia y la discrección es parte de su cultura. Ser, pero no ser visto. Toleran muy bien la soledad, se encuentran a gusto consigo mismos y dan por sentado que a los demás les pasa lo mismo. Nunca hacen preguntas personales. No interfieren, no perturban. Si van a la playa o al parque se situarán a cierta distancia de los demás y, por supuesto, es impensable que molesten al vecino con el ruido de una radio o algo parecido. Si pueden elegir, optarán por una casa que se encuentra aislada de los demás. El ideal para ellos es vivir en paz y dejar en paz a los demás.
    El hotel escogido ha sido el Suderbys Herrgård, siete kilómetros al sur de Visby, en plena naturaleza. Dejamos las maletas en la habitación y comemos en el hotel, con una estupenda cerveza de malta de trigo elaborada dentro de las murallas de Visby, la Wisby Weisse. Inmediatamente después salimos hacia el norte; nuestro destino es Fårö, una diminuta isla en el extremo norte de Gotlandia. Cada media hora, un transbordador gratuito salva el kilómetro que media entre ambas islas. ¿Y qué tiene de particular esta pequeña isla? Aquí vivió sus últimos cuarenta años el genial cineasta Ingmar Bergman. Llegó un tormentoso día de abril de 1960 buscando localizaciones poco gravosas para el presupuesto de su película Detrás de un vidrio oscuro y quedó tan impresionado por el agreste paisaje de la isla que la convirtió en escenario de sus rodajes. En 1967, justo después de abandonar la dirección del Teatro Dramático Real fijó su residencia en la isla. Aquí encontró la tranquilidad, inspiración y libertad que necesitaba para seguir creando. En invierno se dedicaba al teatro y los veranos a rodar en Fårö. Además de la ya mencionada, grabó también Persona, Vergüenza, Una pasión, Escenas de un matrimonio y dos documentales sobre Fårö. Desde la muerte de su tercera esposa en 1995 vivía sólo.
    Llegó a tener cuatro casas en Fårö y ahora mismo todas ellas se alquilan para estancias prolongadas. En Dämba acostumbraba a ver dos películas diarias y Hammers era su residencia principal. Ninguna tiene televisión ni internet. Por aquí han pasado actores como Michael Douglas y Catherine Zeta-Jones, Liv Ullmann... y también compositores de música y escritores en busca de la tranquilidad necesaria para crear.
    Otro de los atractivos de Fårö son los raukar, unas curiosas esculturas rocosas esculpidas por la acción del mar. ¿Cómo? Pero... si el mar no las alcanza. Ahora ya no, porque desde la última glaciación el terreno de Fårö no ha hecho más que elevarse.
Una antigua estación de pesca en Fårö
    Nos hemos dado varios paseos por caminos paralelos al mar para comprobar lo que era obvio: la tranquilidad es pasmosa. Fårö ronda los quinientos habitantes en invierno y suben hasta dos mil en verano. La mayoría se desplazan en bicicleta y he observado que te miran con cierto recelo, sobre todo, cuando escuchan un idioma que no es el suyo.
    A lo largo de la costa es frecuente ver casetas de madera agrupadas; imaginábamos que eran cabañas donde los pescadores guardan sus aperos y parece que efectivamente, así es, las llaman estaciones de pesca. En una de ellas, un papel dice: "La pesca formaba parte de la dieta de los granjeros; mayormente arenques del mar Báltico y carpas pescadas en ríos y pantanos. Los peces se conservaban en salmuera y se consumían durante todo el año. Durante unas semanas de primavera y otoño, los hombres se reunían en estas diminutas cabañas donde guardaban sus aparejos y botes. Muchas de estas estaciones de pesca se originaron en el siglo XVIII. Cuando a principios del siglo XIX la agricultura empezó a florecer la pesca declinó. A pesar de todo, algunos granjeros de la costa continuaron pescando. Algunos incluso se transformaron en pescadores a tiempo completo. Más adelante, durante el siglo XIX, se dedicaron a la pesca del salmón, que cada vez se hizo más profesional y los barcos eran más grandes y la pesca se concentró en los puertos".

Atardecer en Fårö

    Regresamos a Gotlandia y aún nos da tiempo para pasear un rato por las empedradas y solitarias calles del casco antiguo de Visby. La iluminación es escasa y la temperatura cae hasta los 10º C. ¡Uf! Cuando llegamos al hotel ponemos la calefacción inmediatamente.

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