Página principal

Reino de Suecia 2013

15 de agosto, Estocolmo24 de agosto, Lund, Malmö
16 de agosto, Estocolmo 25 de agosto, Malmö, Ystad, Kivik
17 de agosto, Estocolmo 26 de agosto, Kivik, Kosta, Oskarsham
18 de agosto, Estocolmo 27 de agosto, Gotlandia
19 de agosto, Estocolmo, Upsala28 de agosto, Gotlandia
20 de agosto, Upsala 29 de agosto, Gotlandia
21 de agosto, Örebro 30 de agosto, Eksjö, Mjölby
22 de agosto, Tanum, Gotemburgo31 de agosto, Drottningholm, Sigtuna
23 de agosto, GotemburgoDatos económicos del viaje

23 de agosto, viernes

    En las habitaciones de los hoteles es raro encontrar las típicas botellas de agua gratuitas. Un cartelito ya lo dice: "Querido huésped: ¡tómese un buen trago de agua fresca del grifo! El agua del grifo en Suecia no sólo es potable sino que está recomendada por la Administración nacional de alimentos. El agua del grifo es, además, mucho más ecológica". Hay que reconocer que es cierto, es estupenda, sin sabores raros. En los restaurantes también te la sirven en la mesa o bien te pillas una jarra del mostrador. Cuidado: si pides simplemente agua, te sirven un botellín con gas.
    La tarifa por aparcar el coche en la calle en el centro de Gotemburgo es de 30 kr/hora (3,6 €/hora); mucho más económico resulta el tranvía, así que compramos una City Card en una tienda de alimentación. Con hacer sólo tres viajes ya nos sale a cuenta.
    Tomamos el tranvía en la estación Chapman Torg, muy cerca de nuestro hotel, y bajamos enfrente del centro comercial Nordstan, el más grande de toda Europa. Justo a la entrada encontramos un Systembolaget, las tiendas de bebidas con contenido en alcohol superior al 3,5 %, monopolio estatal.
Un Systembolaget dentro de un centro comercial
El estado sueco se ha tomado la libertad de recortar la libertad de los ciudadanos en el consumo y venta de alcohol, en un intento de minimizar los problemas derivados de su consumo. A los menores de veinte años les está prohibido y la persona encargada de la caja tiene la obligación de exigir un documento de identidad a toda persona que aparente menos de veinticinco años. No se admite publicidad ni promociones del tipo "compré uno, llévese dos", ni otras por el estilo. Tampoco se permite las botellas refrigeradas para no dar trato preferente a unas bebidas frente a otras. El acceso al alcohol se limita mediante el horario: cierran a las seis entre semana y a las tres los sábados. Entramos. El surtido de vinos y licores es muy amplio; tienen vinos del país que pidas y lo mismo pasa con las bebidas de mayor graduación como tequilas, rones, güisquis... Buscamos los españoles. Ahí están. Veamos: un Marqués de Cáceres crianza de 2009 por 89 kr (10,6 €), un Campo Viejo crianza de 2009 por 75 kr (9 €), un Marqués de Riscal reserva de 2008 por 139 kr (16,5 €), un Marqués de Arienzo reserva de 2006 por 99 kr (11,8 €). Caramba, estos precios destrozan el prejuicio de que emborracharse resulta carísimo en Suecia: los vinos mencionados cuestan unos dos euros más que en España, comprobado. Resultan increíblemente asequibles para el bolsillo sueco, que gana una media de 42 € a la hora, según un estudio realizado por la agencia alemana oficial de estadísticas Statisches Bundesamt este mismo año.
    El estado sueco es uno de los mayores compradores del mundo de bebidas; las ventas netas de 2013 del Systembolaget llegaron hasta los 2988 millones de euros, y claro, con tanto dinero en juego surge la picaresca y la corrupción sistematizada. En 2005, setenta y siete gerentes de las tiendas de Systembolaget fueron acusados de recibir sobornos de los proveedores. Por ahora, treinta y tres han sido declarados culpables y más de cincuenta han sido despedidos. Después de una investigación que alcanzó a veintiún suministradores, al menos tres de ellos han sido procesados por cohecho (sobornar a un empleado público). Vin-Trägårdh llegó a pagar más de 935 mil coronas (111309 €) en sobornos y Åkessons casi 150.000 coronas (17857 €) en vales de regalo de vacaciones a los gerentes corruptos. El proceso sigue abierto.
    En general, la corrupción no es un problema en Suecia gracias al alto grado de transparencia de las instituciones. La primera ley de trasparencia del mundo se aprobó en Suecia, ¡en 1776! —España aún no tiene ninguna—. Fue impulsada por un diputado y sacerdote y se llamó “Ley para la libertad de prensa y el derecho de acceso a las actas públicas”. Todos los ciudadanos tienen derecho a conocer los gastos y documentos oficiales de cualquier oficina del sector público. Y si ve algo extraño, lo dice, y se protege al que acusa. Otro aspecto que nos puede dar idea del grado de transparencia de este país es que cualquier sueco tiene acceso a la declaración de la renta de cualquier compatriota, incluida la del rey. Aquí todo el mundo tiene el derecho por ley de saber cuánto gana y cuántos impuestos paga su vecino. Eso no significa que la corrupción sea inexistente: precisamente aquí, en Gotemburgo, la Policía acusó a varios funcionarios del gobierno de aceptar sobornos de una importante empresa constructora. El caso es curioso porque fue la propia mujer de uno de los acusados quien, en un alarde de responsabilidad cívica, alertó a la Policía del soborno, que consistió en veinticuatro toneladas de ladrillos, con los que su esposo pretendía construirse una casa. Así son ellos, aquí los escolares avisan al profesor si ven algún compañero que copia, porque sería injusto para todos que su compañero aprobara copiando, y los automovilistas llaman a la Policía para dar la matrícula de cualquier conductor que se salta las normas o aparca en minusválidos sin serlo, porque estas actitudes son abusivas. Otro caso peculiar es el de Tomas Rudin, un político socialdemócrata. Lo acusan de entrar en un Systembolaget de Estocolmo y robar una botella de güisqui Highland Park Ambassador. Tenía los 60 € que costaba la botella, sin embargo, la metió bajo el brazo, dentro del abrigo, y cuando pasó por caja se olvidó por completo de ella. ¡Qué despiste! Fue multado con 41400 coronas (4928 €). Tan elevada sanción es debida a que las multas impuestas por los jueces son siempre proporcionales a los ingresos y Tomas gana 140.000 € brutos al año. No está mal para pertenecer al Partido de los Trabajadores. Tomas dimitió inmediatamente para centrarse en su problema de alcoholismo.
Victoria amazonica del Water House
    Atravesamos raudos el centro comercial Nordstan, echando un vistazo rápido a los escaparates, —a mi mujer y a mí nos gusta ojear las tiendas del llamado diseño sueco— y llegamos andando al jardín botánico Trädgårdföreningen, un lugar delicioso en un día soleado como hoy; las parejas juegan con sus niños sobre el césped o los solitarios disfrutan de la lectura en su silla plegable. Otros pasean en bicicleta por los senderos y los más jóvenes se hacen arrumacos a la orilla del canal mientras mamá y papá Pato nadan felices y orgullosos mostrando su numerosa prole.
    Del Palmhuset o Casa de las palmeras dicen que es como una copia en miniatura del Palacio de cristal de Londres. Lo construyeron en 1878 por el interés que había entonces por conocer las plantas exóticas de los trópicos. Vale la pena ver la colección de orquídeas y los pececillos tropicales que se esconden tras las púas de los lirios gigantes de agua (Victoria amazonica) procedentes de Sudamérica. También merecen la pena la Casa de las camelias, el jardín mediterráneo, las bromelias...
    Es hora de comer, ¿qué tal un poco de marisco? Tomamos el tranvía y bajamos cerca de Feskekôrka o mercado del pescado. Recorremos los puestos. A ver: bogavantes cocidos, ostras, mejillones, langostinos, bueyes, gambas, quisquillas, cangrejo gigante de Alaska, mis amados arenques en vinagre, pescado fileteado, muchas salsas de acompañamiento y salmón, por supuesto. Uno de los puestos dispone de mesas para los clientes y está de bote en bote y con la gente esperando. Preferimos comer fuera, en las mesas de madera, bajo el sol; dentro del mercado la temperatura es de frigorífico. Nos mercamos unas gambas cocidas; más tarde comprobaremos que nos han cobrado el doble de lo que cuestan en un mercado "menos turístico" como, por ejemplo, el Saluhallen.
    Justo al final de la calle Kungsportsavenyn se encuentra el Museo de Arte Moderno y también la estatua de Poseidón del escultor Carl Milles de 1931. Todas las guías te cuentan la misma historia: la escultura del atlético dios de los mares fue concebida con unos atributos
El Poseidón frente al Museo de Arte Moderno
sexuales acordes a su robusto cuerpo y esto provocó tales quejas que la sometieron a una reducción de pene. Si esto es cierto, creo que se pasaron; ahora luce una pichula que da pena, como encogida por los rigores del mar Báltico. De todas formas, esta historia la pongo en duda: otras esculturas de Carl Milles como La fuente de Orfeo, La mano de Dios, El hombre y Pegasus, Sunsinger o Los ángeles músicos lucen unos atributos igualmente menguados. ¿Quién entiende a los artistas? De todas formas, ahora son francamente tolerantes, fíjate: en junio de este mismo año los periódicos se hicieron eco de una sentencia muy curiosa: un hombre se masturbó en una playa del sur de Estocolmo, cerca de la orilla, de cara al mar. El tribunal de Södertörn lo calificó como conducta desordenada pero no vio delito en la acción "porque no dirigió su actividad hacia una persona específica". ¡Qué mentalidad tan abierta! A partir de ahora los suecos ya pueden masturbarse tranquilamente en público siempre que no "apunten" hacia una persona determinada. Ni salpiquen, me imagino. Se dice que los suecos son unos tremendos defensores de la intimidad personal y hasta las megaestrellas del espectáculo pueden pasear tranquilamente por la calle sin ser molestados. En 1986, a todos nos llamó la atención saber que cuando dispararon contra el primer ministro Olof Palme en el centro de Estocolmo regresaba del cine con su mujer un viernes por la noche y sin guardaespaldas. ¿Y se sabe ya quién le mató y por qué? Sólo conjeturas, la más verosímil es que alguien de la extrema derecha tenía gran interés en que la empresa pública militar firmara una venta de armamento con la India de Rajiv Gandhi. Palmer se oponía y fue asesinado.
    Es que los suecos son así, unos pioneros de la libertad: en 1766 se convirtió en el primer país del mundo en permitir la libertad de prensa. En 1862, fueron los primeros en permitir el voto a las mujeres (aunque sólo de las casadas y en elecciones locales). En 1944 se legalizaron las relaciones sexuales de gais y lesbianas. En 1979 fueron los primeros en prohibir el castigo corporal a los niños. Así son ellos, si no son los primeros, se apuntan rápidamente al carro progresista, como cuando esterilizaron a más de 60000 personas y lobotomizaron a 4500 para mejorar la raza entre 1934 y 1975. Y parece que esa manera de pensar les cunde; las cifras les sitúan como uno de los países de mayor nivel de vida del mundo, más igualitario y de mayor productividad. Si disfrutaran de mejor tiempo sería lo más parecido al paraíso.
    Salimos del Museo de Arte Moderno y nos dirigimos en tranvía hasta el barrio de Haga, el más antiguo de Gotemburgo, data de 1648. Después de pasear por sus calles, seguimos un poco sin rumbo y nos topamos con el mercado cubierto de Saluhallen, lleno de exquisiteces locales y foráneas, como una delicatesen a lo grande. Por lo que vemos, los precios son muy razonables y todo está en sueco, como es natural.
    Cuando llega la hora de cenar no nos complicamos la vida; ya sé que esta ciudad cuenta con los mejores restaurantes de marisco de Suecia, pero nuestro presupuesto es ajustado. Ayer comimos genial en la taberna griega Effesos así que repetimos. Resulta asombroso que Gotemburgo, con sólo medio millón de habitantes, cuente con cinco restaurantes de una estrella Michelin. Seguro que cocinan algo más que albóndigas, salmón y arenques.

Copyright © 2013 - MRB

La propiedad intelectual de los textos y de las fotos me pertenece, por lo que está prohibida su reproducción total o parcial sin mi expresa autorización.