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Reino de Suecia 2013

15 de agosto, Estocolmo24 de agosto, Lund, Malmö
16 de agosto, Estocolmo 25 de agosto, Malmö, Ystad, Kivik
17 de agosto, Estocolmo 26 de agosto, Kivik, Kosta, Oskarsham
18 de agosto, Estocolmo 27 de agosto, Gotlandia
19 de agosto, Estocolmo, Upsala28 de agosto, Gotlandia
20 de agosto, Upsala 29 de agosto, Gotlandia
21 de agosto, Örebro 30 de agosto, Eksjö, Mjölby
22 de agosto, Tanum, Gotemburgo31 de agosto, Drottningholm, Sigtuna
23 de agosto, Gotemburgo Datos económicos del viaje

20 de agosto, martes

    El día nace soleado, con un cielo azul inmaculado, como ves en la foto. Pero no te fíes, a la sombra, hace fresco.
    Ford Mustangs, Thunderbird, Plymouth Barracudas, Buick Elektra, Dodge Dart, Cadillacs... Es asombrosa la cantidad de coches antiguos americanos que circulan por las carreteras suecas. Precisamente hace tres días se celebró en Upsala una concentración de este tipo de coches. Cada año se importan unos cinco mil vehículos americanos de la década de los cincuenta. Los americanos ya no los quieren y los suecos los adoran, a pesar del elevado coste de la restauración. Ya hay más coches americanos de esa época en Suecia que en Estados Unidos.
    Nuestra primera visita del día pasa por la catedral, que no es una catedral cualquiera, sino la mayor de toda Escandinavia y además, sede central de la iglesia luterana sueca.

Al fondo, la catedral de Upsala

    Una breve introducción sobre la religión en Suecia no está de más: en el siglo IX el monje francés Oscar Ansgar (801-865) fue enviado a Escandinavia con la misión de extender el folclore cristiano. Los dioses germánicos convivieron junto con la mitología cristiana durante un par de siglos más, pero para finales del siglo XI los dogmas cristianos ya habían ganado la partida y se empezaron a construir monasterios e iglesias. Durante el reinado de Gustav Vasa (1523-1560) Suecia se consolidó como estado independiente y adoptó el protestantismo luterano, una maniobra encaminada, más que nada, a independizarse del poder papal y quedarse con todas las riquezas de la iglesia en territorio sueco. Y hoy en día ... ¿siguen creyendo en el Padre, el Hijo y la Paloma Mensajera? La propia Iglesia lleva las cuentas: oficialmente un 67% de los suecos son luteranos. Claro que esa contabilidad es engañosa: antes de 1996 se añadían a la lista todos los recién nacidos si cualquiera de los padres era luterano.
Teatro Anatómico del Museo Gustavianum
Según una encuesta del Eurobarómetro de 2012, un 41% se consideran protestantes y un 43% ateos o agnósticos. En la práctica, sólo un 2% de ese 67% acude regularmente a misa. Más signos de racionalidad: desde el año 2000 la iglesia luterana sueca es independiente del Estado y se financia con las aportaciones de sus miembros para los gastos de las actividades parroquiales, los cementerios, los funerales y el mantenimiento de los edificios.
    En la catedral de Upsala están enterrados san Erik, Gustavo Vasa y el científico Carlos Linneo, el creador del sistema de clasificación biológica binomial de género y especie que aún se utiliza hoy en día. Clasificó al hombre como un animal más llamándole Homo sapiens, lo que no gustó nada a las personas de fuertes creencias religiosas. Alegaban que el hombre no podía ser comparado con un animal, así lo decía la Biblia. Introdujo también los símbolos ♂ —el escudo y la lanza de Marte— y ♀ —el espejo de Venus— como indicación de macho y hembra.
    La torre de la catedral se utilizó como puesto de vigilancia contra incendios hasta finales del siglo XIX. Cuando el vigilante divisaba fuego o humo, hacía sonar la campana con un código de sonido diferente dependiendo de la localización del fuego. Además, de día colgaba una bandera roja en el sentido del fuego y, si era de noche, un farol.
    Entramos también en el Museo Gustavianum situado justo enfrente de la catedral. Su nombre proviene del rey Gustavo II Adolfo; en la década de 1620 donó el dinero para la construcción del edificio que más tarde formaría parte de la universidad de Upsala. A partir de 1997 se utilizó como museo. No es muy grande pero las explicaciones de las exposiciones son muy buenas. El museo muestra momias egipcias, espadas vikingas, monedas antiguas, instrumentos científicos y cuenta la historia de la universidad.
    En la planta superior no hay que dejar de ver el Teatro Anatómico. Aquí asistían los estudiantes —y cualquiera que pagara la entrada— a las disecciones de los cadáveres que procedían exclusivamente de criminales ejecutados en la horca. Se construyó por iniciativa de Olaus Rudbeck (1630-1702), profesor de medicina y rector de la universidad de Upsala. Fue el mayor científico de su época en Suecia. A los veinte años descubrió el sistema linfático, aunque otros se llevaron la fama ya que tardó demasiado en publicar el descubrimiento. Por razones que no se explican en el museo, se llevaron a cabo pocas disecciones de cadáveres, así que después se dedicó a librería. El Teatro Anatómico actual es una reconstrucción de 1950 basado en los planos de Rudbeck.
    Después de ver el museo nos tomamos unos sándwiches y recorremos la ciudad andando: el paseo del río, el Svandammen, que es un estanque con cientos de patos, el castillo, el parque inglés y el jardín botánico.

Preparándose para la salida de la Sommarloppet

    En la Stora Torget (Plaza Grande) cientos de corredores se preparan para la Sommarloppet, la carrera del verano. Comienza a las seis y media y son cinco kilómetros de recorrido por el centro de Upsala. Este año se han inscrito 160 hombres y 190 mujeres. En la categoría femenina ganará Inga Kazlauskait, en 17:54 y en la masculina, Henrik Löfås, en 15:41.
    Upsala fue el origen del movimiento feminista Bara Bröst o Pechos desnudos. Te cuento: en septiembre de 2007, en una piscina municipal de Upsala, dos mujeres se bañaron con los pechos al aire. El socorrista les llamó la atención y al negarse a cubrirse les obligó a marcharse. El incidente fue noticia nacional. A raíz de este episodio se creó un movimiento feminista con gente indignada ante esta discriminación de género que exigían que "nuestros pechos sean tan normales y desexualizados como los de los hombres". La presión de las feministas continuó con actividades de "pechos libres" en diversas piscinas en otras ciudades. En 2009 el Comité de Deportes y Recreación de Malmö votó unánimemente en contra de una moción encaminada a obligar a las mujeres a llevar la pieza superior argumentando que "la norma no define el tipo de trajes de baño que deben usar los hombres, así que lo mismo se puede decir del bañador de las mujeres, además, no es inusual encontrar hombres con pechos tan grandes que parecen de mujer". En la práctica, no se ha visto a ninguna mujer hacer uso de la nueva libertad, ni en piscinas interiores, ni al aire libre.
    Cuando regresamos hacia nuestro hotel, el Viktoria Hotel & Konferens, en las afueras de Upsala, mi mujer y yo no paramos de comentar la fantástica luz del atardecer, tan peculiar, tan diáfana, y las sombras tan alargadas que se producen por la ausencia de montañas.
    ¡Oh, mira: un IKEA! Son las siete y media, sólo falta media hora para cerrar. No importa, vamos a visitarlo, por mera curiosidad. Mi mujer, que conoce mejor el IKEA de Baracaldo que yo, me dice que todo es exactamente igual: el mismo suelo, la misma decoración, la misma distribución de los artículos, la situación de los cajeros. Como un clon.
    Ingvar Kamprad, el fundador de IKEA, de ochenta y siete años, es noticia estos días porque después de casi cuarenta años residiendo en Suiza para esquivar a la hacienda sueca, regresa a vivir cerca de su ciudad natal, Pjätteryd. El motivo, además de sentimental, es de índole económica: la alianza de centroderecha que gobierna el país desde 2006 ha rebajado los impuestos sensiblemente en los últimos años. A pesar de todos los escándalos como miembro activo del partido nazi de Suecia, su amistad con círculos fascistas, el empleo de prisioneros políticos de Alemania del este como mano de obra gratuita o su alcoholismo, nada parece afectar al negocio. Quizá sea por la imagen sencilla y austera que proyecta Ingvar Kamprad: a pesar de estar entre los cinco hombres más ricos del mundo —su fortuna ronda los 64000 millones de euros— le gusta utilizar siempre que puede el transporte urbano, conduce un económico Volvo 240, vuela en clase turista, compra en rebajas y de segunda mano, recicla las bolsas de té y se mete al bolsillo todos los paquetes de sal y pimienta que pilla en los restaurantes. El control del gasto en IKEA es legendario, basta un detalle: se aconseja a los empleados escribir en ambos lados del papel.
    Cenamos en el hotel; hoy arroz en vez de albóndigas. Y mucho salmón.

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