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Reino de Suecia 2013

15 de agosto, Estocolmo24 de agosto, Lund, Malmö
16 de agosto, Estocolmo 25 de agosto, Malmö, Ystad, Kivik
17 de agosto, Estocolmo 26 de agosto, Kivik, Kosta, Oskarsham
18 de agosto, Estocolmo 27 de agosto, Gotlandia
19 de agosto, Estocolmo, Upsala28 de agosto, Gotlandia
20 de agosto, Upsala 29 de agosto, Gotlandia
21 de agosto, Örebro 30 de agosto, Eksjö, Mjölby
22 de agosto, Tanum, Gotemburgo31 de agosto, Drottningholm, Sigtuna
23 de agosto, Gotemburgo Datos económicos del viaje

15 de agosto, jueves

    Desde la ventanilla del avión se divisa un terreno llano, sin apenas ondulaciones, salpicado de innumerables lagos de agua oscura y pequeñas manchas verdes entre grandes extensiones de dorados campos de cereales ya cosechados.
    El avión de la TAP aterriza puntual, a las dos y cuarto, en el aeropuerto Arlanda. Como Suecia pertenece a la Unión Europea, basta el carné de identidad para pasar inmigración, sin embargo, su moneda sigue siendo la corona sueca ya que los súbditos suecos, tras un largo debate, rechazaron la adopción del euro en la consulta de 2003 y el Gobierno respetó esa decisión, a pesar de no ser vinculante. En Suecia apenas se utilizan billetes y monedas, lo habitual es pagar con la tarjeta o el móvil, incluso para dar la limosna en las iglesias. Hasta los mendigos que venden la revista 'Situation Stockholm' disponen de lector de tarjeta, no es broma. Algunas tiendas y restaurantes no tienen ni cajas registradoras. Entonces... ¿hay que cambiar dinero? Pues sí, necesitarás monedas si vas a usar los lavabos de los museos, que algunos son de pago, o coger un carro del supermercado. La comisión de las agencias de cambio en el aeropuerto es de cincuenta coronas –unos seis euros–, fija, da igual que cambies cincuenta euros que dos mil. Muy importante: si alquilas coche, debes saber que algunas gasolineras sólo funcionan mediante tarjeta de crédito o débito y su clave correspondiente, sin posibilidad de intervención humana, aunque veas en la tienda de la gasolinera al encargado.
    Son treinta y siete kilómetros hasta Estocolmo que recorremos en el Arlanda Express. Los billetes los compramos por internet hace semanas a través de la oferta 2x280, sin embargo, las máquinas del andén los emiten exactamente al mismo precio. La pantalla del tren informa que la temperatura exterior es de veintitrés grados. Hace un día soleado, de cielo azul sin apenas nubes. Desde nuestra ventanilla vemos circular a doscientos kilómetros por hora un paisaje de pinos y eucaliptos, puentes en construcción, torres de iglesias con fachadas de ladrillos y pequeños pueblos con casas de madera pintadas en rojo de Falun. Y según nos acercamos a la capital, grandes edificios de modernas oficinas en color gris metalizado. En veinte minutos ya pisamos la Estación Central de Estocolmo, que conecta con el metro. Aquí compramos un tarjeta válida para tres días y subimos al metro en cualquiera de las líneas verdes con dirección a Kungsholmen (Isla del Rey). Muy cerca de la estación Thorildsplan se encuentra nuestro hotel, el Courtyard Marriott. Después de dejar el equipaje en la habitación, regresamos de nuevo hacia Gamla Stan, el casco viejo de Estocolmo.
    Resulta asombroso ver tantos mendigos pidiendo en los pasillos del metro, sobre todo, nos llama la atención una chica rubia, veinteañera, de típicos rasgos nórdicos, con el tarrito de la limosna a sus pies.

Puente Strömbron

    Ya se ha pasado la hora de los grupos organizados, así que por las calles empedradas de Gamla Stan apenas camina gente. Es algo tarde y las visitas a los puntos turísticos han cerrado o están a punto. Callejeamos como primera toma de contacto. En las terrazas de la plaza Evert Taube se concentran decenas de personas que toman unas cervezas mientras charlan y ven el atardecer con el lago Mälaren (grava) y el edificio del ayuntamiento como fondo. Evert Taube (1890–1976) fue un músico baladista sueco de gran popularidad; una estatua le recuerda tocando su laúd.
    Como es hora de repostar nos vamos fijando en los precios de los menús de los restaurantes. Sabíamos que Suecia es un país caro y la primera impresión, desde luego, supera las expectativas. Escogemos un sencillo restaurante italiano del casco viejo, el Rodolfino. Mi mujer y yo tomamos lo mismo: un plato de espaguetis (162 kr = 19,3 € por persona), una cerveza (69 kr = 8,2 €) y un pastel de manzana (82 kr = 9,76 €). Otro ejemplo: un billete sencillo de metro, ocasional, cuesta 36 kr (4,3 €).
    En Estocolomo se celebra un festival cultural desde el trece al dieciocho de agosto. Las actuaciones son innumerables. En la plaza Gustav Adolfs han instalado el escenario central pero en cualquier rincón de Estocolmo se puede escuchar música. En la plaza Brunkebergstorg atendemos las dos últimas canciones de la banda de rock del guitarrista sueco Pelle Ossler. Nos sorprende lo poco adecuado del lugar: la plaza es minúscula, rodeada de edificios de viviendas y llena de árboles cuyas ramas dificultan enormemente la visión del escenario. Es también llamativa la poca gente que acude a estas representaciones gratuitas teniendo en cuenta que en Estocolmo viven dos millones de personas. Cuando regresamos de nuevo al escenario de la plaza Gustav Adolfs acaba de terminar la Orquesta Sinfónica de la Radio Sueca.
Dakhabrakha en acción
Nos sentamos en las sillas plegables de madera y enseguida aparece el siguiente grupo: Dakhabrakha, un cuarteto de Ucrania compuesto por un músico multi-instrumentista y tres chicas con un llamativo gorro a lo Marge Simpson que tocan percusión, piano y varios instrumentos étnicos. Su música es una mezcla de tradiciones étnicas de diferentes países con un toque vanguardista muy acusado. A ellos les gusta definir su música como etno-ruido. Me han parecido excelentes y el público sueco, con sus aplausos, ha reconocido su apuesta por el riesgo y la experimentación.
    Cuando termina el espectáculo nos retiramos hacia el metro. A lo largo de la Strömgatan, una docena de pescadores bien abrigados van a pasar la noche concentrados en la pesca del salmón. Está claro que es un buen sitio; en estos canales aumenta la velocidad del agua y se forman sugerentes corrientes donde cazan los salmones y las truchas de mar. Ejemplares en torno a los ocho kilos no son nada raros. Un cartel al lado del puente informa que pescar en Estocolmo es un derecho de los locales adquirido desde 1432 y además, totalmente gratis.
    Temperaturas máxima y mínima: 23 y 11º C. Humedad: 69%.

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