Los viajes de Mariano

República de Sudáfrica 2005

19 de marzo, Johannesburgo, Sabie27 de marzo, Port Elizabeth, Knysna
20 de marzo, Graskop, Pilgrim´s Rest, Kruger 28 de marzo, Swellendam
21 de marzo, Kruger 29 de marzo, Ciudad del Cabo
22 de marzo, Kruger, Barberton 30 de marzo, Ciudad del Cabo
23 de marzo, Mbabane, Mlilwane 31 de marzo, Ciudad del Cabo
24 de marzo, Swazi Mantenga, Santa Lucía Wetlands1 de abril, Hout Bay, Simon, Ciudad del Cabo
25 de marzo, Cabo Vidal, Shakaland 2 de abril, Ciudad del Cabo
26 de marzo, Shakaland, Durban

28 de marzo, lunes

    Paseando por Knysna nos encontramos una tienda de comida internacional, llena de exquisiteces. Aquí se encuentra de todo, desde vino español a wasabi japonés en pasta.
    Después de comer nos ponemos de nuevo en marcha. En general, la conducción por las carreteras sudafricanas es aburridísima, las rectas son interminables y encima, el paisaje por esta zona es monótono, el campo presenta ligeras ondulaciones, está agostado y apenas hay árboles, de vez en cuando se ven algunos rebaños de avestruces.
    Llegamos al pueblecito de Swellendam, de trece mil habitantes, fundado en 1745; es la tercera ciudad más antigua de Sudáfrica. Tiene su importancia en la historia del país puesto que en 1795 se rebelaron contra el dominio holandés, hartos de los bajos precios ofrecidos por el gobierno por sus productos agrícolas, la corrupción de los funcionarios y el aumento de la delincuencia, así que se independizaron unilateralmente proclamando la República de Swellendam. La ciudad toma su nombre del gobernador del Cabo Swellengrebel, el primer gobernador nacido en Ciudad del Cabo, y de su esposa Helena ten Damme. La primera iglesia se construyó en 1802. La nacional N-2 dos divide al pueblo en dos, al norte el barrio de los blancos y al sur, los negros. Nos alojamos en La Rachelle, un B&B muy agradable por quinientos cincuenta rands.

Restaurante Powell House en Swellendam

    En el B&B disponen de las cartas de todos los restaurantes de la ciudad, así que, después de ojearlas vamos directos al que nos interesa: el Powell House. La señora de la casa nos acompaña en su coche para que no nos perdamos. El restaurante está situado en la calle principal del pueblo y no se ve un alma por la calle. Dejamos el coche en el aparcamiento del restaurante y damos una vuelta por la calle principal, en cinco minutos estamos de vuelta, el único punto de interés es una gasolinera. Apenas pasan coches. En el restaurante somos los únicos clientes. Las camareras son dos adolescentes de color de cierta soltura y simpatía. Pedimos marmita de avestruz a las hierbas que resulta francamente sabrosa.

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