Otros viajes

República Socialista de Sri Lanka 2012

1 de diciembre, Negombo 9 de diciembre, Hakgala, Nuwara Eliya
2 de diciembre, Sigiriya10 de diciembre, Yala
3 de diciembre, Polonnaruwa, Minneriya11 de diciembre, Kataragama, Tangalla
4 de diciembre, Anaradhapura, Mihintale12 de diciembre, Galle
5 de diciembre, Dambulla, Kandy13 de diciembre, Galle, lago Koggala
6 de diciembre, Kandy14 de diciembre, Colombo
7 de diciembre, Hatton15 de diciembre, Colombo
8 de diciembre, Nuwara EliyaDatos económicos del viaje

9 de diciembre, domingo

    Hoy tocaba levantarse temprano para para dar un paseo de nueve kilómetros por el parque nacional de Horton Plains para ver el World's End, un precipicio de ochocientos metros con vistas impresionantes, pero mi estado físico aún no está para tales esfuerzos, así que lo sustituimos por algo más llevadero: Ananda nos acerca hasta los jardines botánicos Hakgala, diez kilómetros al sureste de Nuwara Eliya. Este jardín se creó en 1861 para experimentar con la cinchona o quina, cuya corteza contiene quinina, utilizada antiguamente para luchar contra el paludismo, más tarde se empleó para investigar con las plantas de té y ahora es un magnífico parque con miles de especies florales, cactus, rosas, orquídeas, etc.
Jardín botánico Hakgala, en Nuwara Eliya
Ananda nos acompaña hasta la entrada y quedamos frente a los puestos de mangos dentro de dos horas. Dirás que es mucho tiempo para ver un jardín pero es que ocupa como treinta y ocho campos de futbol. Hakgala es un jardín lleno de vericuetos y rincones mágicos; situado en la falda de una ladera, le recorren estrechos riachuelos y sus sinuosos caminos discurren entre añosos árboles recubiertos de musgo. Este jardín no trata de impresionar con especies exóticas o espectaculares traídas de tierras lejanas, no, todo lo contrario, el nombre de muchos árboles se lee sobre fondo rojo, lo que indica que se trata de especies autóctonas. Su encanto reside en la atención al pequeño detalle, como los pequeños estanques con flores de loto llenos de diminutos peces y libélulas, el depósito de agua con forma de taza de té, las decoraciones florales alrededor de los estrechos caminos... En fin, una delicia de lugar que nos cuesta abandonar.
    Mientras regresamos al hotel, Ananda nos cuenta que en Sri Lanka vivió un elefante pigmeo que se extinguió con la deforestación que acompañó a los cultivos de té de los colonos ingleses.
    En la carretera nos encontramos con una multitud de tamiles en celebración religiosa: los hombres llevan el torso desnudo y la cara pintada, collares y la falda del domingo; tiran de una furgoneta que transporta un muñeco dorado que representa uno de sus dioses, desconocemos si se trata de hindúes o de seguidores del ayyavazhi; las mujeres, enjoyadas, visten sus mejores saris y acompañan la procesión. Uno, el que lleva la voz cantante, repite una cantinela una y mil veces, y el resto responde a coro. Dan la vuelta en una glorieta, y qué curioso: una imagen de Buda dentro de una urna de cristal preside la rotonda. ¿Un signo de la competencia entre grupos religiosos? ¿Miedo a la pérdida de la identidad cultural? o lo que es más temible: ¿recelo ante la posible imposición de otras culturas?

Tamiles en procesión por la carretera hacia Nuwara Eliya

    A las cuatro quedamos con Ananda para dar una vuelta por el centro de Nuwara Eliya. Hoy es domingo y, sin embargo, todas las tiendas están abiertas, es natural, Nuwara Eliya es un centro de vacacional. Colombo está a solo dos horas en coche y los capitalinos vienen a pasar el fin de semana, a tomar el fresco, huyendo del calor perenne de la costa. Pasean en barca por los largos, juegan al golf, visitan los jardines botánicos o simplemente van de compras.
    Preguntamos a Ananda si hay cines en Nuwara Eliya. Sí, claro, pero a él las películas de Bollywwod no le van porque duran casi tres horas. Una cosa muy curiosa es que dentro de los cines se ofrecen cabinas con un pequeño sofá para parejas ¿Cómo...? Sí, y además hay que reservarlas con horas de antelación, la demanda es enorme. ¡Toma ya! Ríete tú de la fila de los mancos.
    En el camino hacia nuestro hotel se anuncia el espá de masajes ayurvédicos Suwamadhu Ayurvedic Health and Beauty Culture Resort, en Glen Fall Road. Como la experiencia de Kandy fue buena se nos ocurre probar el de aquí. Además, con ese nombre tan rimbombante tiene que ser el no va más. Adelantamos dos mil rupias a Ananda para que nos haga la reserva y quedamos con él a las seis.
    ¡Vaya aventura en el espá! Ananda entra con el coche en la finca y nos recibe una señora con un vestido sucio y enormes tetas asimétricas. Qué raro, ningún cartel en el exterior anuncia los masajes. Pasamos a la sala, que es simplemente la sala de su casa, llena de elementos decorativos de color rojo y aspecto desordenado. El televisor encendido, muy antiguo, echa una de esas películas de chinos con peleas interminables. Que esperemos cinco minutos. Luego que pasemos.
Sauna ayurvédica
Inspecciono la sala: dos mesas camilla, un perchero y al fondo...¿qué es eso? ¡Pero si es un ataúd! Y parece enchufado a una bombona de gas. ¿Nos quieren freír o qué? La señora nos tranquiliza: es una sauna, te metes allí dentro, sacas la cabeza por el agujero y aplican calor. Mi mujer, que ni loca se mete allí. Dejamos nuestra ropa en el perchero, todo excepto la ropa interior y nos tumbamos boca abajo en las mesas camilla. Cuando veo entrar a las chicas me quedo pasmado, ¿pero qué masaje nos van a dar estas dos flacuchas, si además su mentón apenas sobrepasa la altura de la mesa? Bueno, empezamos. La chica toma mi pie y aunque no la veo, ya percibo poca maña en sus manos. La madame no se despega de su lado y cuchichea por lo bajines. ¡La está dando instrucciones de cómo hacer el masaje! Sus manipulaciones no me dejan dudas: esta chica no ha dado un masaje en su vida. Aguantó unos diez minutos más con la esperanza de que la situación se reconduzca, pero veo peligrar mi salud cuando una presión sobre mis tendones me causa dolor en mi pierna izquierda. ¡A ver si me va a dejar inválido! Me vuelvo hacia mi mujer y le preguntó que qué tal le va. ¡Horroroso, esta chica no tiene ni idea! Queda claro. Con la mejor de mis sonrisas, me incorporo y, cojeando ligeramente, anuncio que nos vamos, antes que hagan con nuestros cuerpos algo irreparable. La madame reconoce que mi masajista es nueva pero, ¿y la de mi mujer?, no puede ser, tiene experiencia... Nos vestimos rapidito y abandonamos el lugar. Tenemos tantas ganas de alejarnos de aquí que olvidamos exigir nuestro dinero. Ananda dice que no nos preocupemos, que él se encargará de reclamarlo más tarde.

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