Otros viajes

República Socialista de Sri Lanka 2012

1 de diciembre, Negombo 9 de diciembre, Hakgala, Nuwara Eliya
2 de diciembre, Sigiriya10 de diciembre, Yala
3 de diciembre, Polonnaruwa, Minneriya11 de diciembre, Kataragama, Tangalla
4 de diciembre, Anaradhapura, Mihintale12 de diciembre, Galle
5 de diciembre, Dambulla, Kandy13 de diciembre, Galle, lago Koggala
6 de diciembre, Kandy14 de diciembre, Colombo
7 de diciembre, Hatton15 de diciembre, Colombo
8 de diciembre, Nuwara EliyaDatos económicos del viaje

8 de diciembre, sábado

    Como ayer hubo huelga de ferroviarios, no pudimos hacer el viaje desde Kandy a Hatton en tren, así que Ananda nos propuso sustituirlo por el recorrido Hatton-Nuwara Eliya para hoy, aunque este tren no es tan cómodo: desde Kandy a Hatton, el tren es eléctrico, pero desde Hatton a Nuwara Eliya funciona con motor diesel.
    Mientras esperamos en el andén a que Ananda compre los billetes me empiezo a encontrar mal: siento náuseas y la cabeza me pesa una barbaridad. ¿Cuál es la causa? Los síntomas son parecidos al mal de altura pero no es probable ya que la altitud de Hatton es de tan solo 1200 m. Además, mi estómago está perfectamente, así que estoy desconcertado, no puedo adivinar cuál es el origen de mi malestar. Ananda regresa y dice que no ha tenido suerte: el tren viene lleno, no quedan billetes. El viaje en coche me resulta infernal porque están arreglando la carretera y circulamos a paso de burra por un firme lleno de baches y sin asfaltar. Y mi estado no mejora, más bien al contrario. Me encuentro fatal. Hago todo el trayecto buscando postura para estar más cómodo, sobre todo para mi cabeza, que parece sometida a un campo gravitatorio de varias jes. Nunca he visto una carretera en peor estado. Por fin llegamos a Nuwara Eliya, a la una y media. Han sido cuarenta y cinco kilómetros y dos horas y media interminables.
    Una vez en el Grand Hotel de Nuwara Eliya me tomo una sopa de champiñones en la habitación y tras dos horas de reposo me despierto mucho mejor, dispuesto para dar un paseo por los jardines Victoria.
Según Tony se llama virgen maría
orvalla, así que pedimos un paraguas en la recepción y nos acercamos andando hasta los jardines. Apenas llevamos recorridos cincuenta metros cuando Tony, un señor cincuentón, muy delgado y con una tartera en la mano, se hace el encontradizo con nosotros y que si queremos que nos enseñe algunas maravillas de la naturaleza, que se ha fijado que nos gustan mucho las flores, y gratis, eh, que no nos va a cobrar nada. Tony se presenta como el jardinero jefe del jardín Victoria y quizá sea verdad, el señor no solo se conoce el nombre de cada planta en latín, también en español, en alemán, en japonés y casi en el idioma que le digas. Tony cojea, lleva el pie vendado; la semana pasada llovió mucho y se cayó de la moto y ha estado una semana de baja, aún no puede apoyar el pie como es debido. "Mirad: ese árbol es el Cinnamon Camphora, de su madera se saca el alcanfor, una cera blanca con la que se frotan los músculos cansados, y como repelente de insectos va genial. Estas flores amarillas son alamandas, no muy usadas en decoración, seguramente porque sus hojas son tóxicas y pueden provocar vómitos y diarreas si un crio de las come". Yo apenas conozco flores, pero a mi mujer se la ve entusiasmada, está disfrutando del paseo con este hombre, además parece que compitiera con él a ver quién dice el nombre de las flores antes. "Esos de ahí son helechos gigantes". Sí, los conocimos en Nueva Zelanda. "Y estas flores azulitas son las nomeolvides, durante el siglo XIX era un típico regalo entre amantes". Y luego nos enseña las alegrías, camelias, jacobinias, flores de pascua, abutilon, mimosa, mahonia jam y no sé cuántas más. Al final le damos una propina y Tony pide nuestra dirección porque dice que hemos mostrado mucho interés en las flores y nos va a enviar unas semillas a nuestro domicilio. Aún las estamos esperando.
    Empieza a llover más fuerte, así que regresamos al hotel. A la hora de cenar, compartimos la amplia sala del restaurante con varias parejas de apariencia musulmana; ellas van de negro y solo muestran ojos y manos. ¿Cómo se las arreglan para comer? La mujer de la pareja más joven, veinteañeros, no tiene problemas para mostrar su rostro mientras come y alimenta también a su niño, aunque se coloca en una esquina del comedor, mirando hacia la pared. También va con el rostro al descubierto cuando camina hacia las bandejas del bufé. Las demás se sitúan junto con sus familiares en los lugares más recónditos del comedor. Aún así, no enseñan su cara; toman la comida con la mano y levantan el velo lo justo para facilitar la operación.

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