Otros viajes

República Socialista de Sri Lanka 2012

1 de diciembre, Negombo 9 de diciembre, Hakgala, Nuwara Eliya
2 de diciembre, Sigiriya10 de diciembre, Yala
3 de diciembre, Polonnaruwa, Minneriya11 de diciembre, Kataragama, Tangalla
4 de diciembre, Anaradhapura, Mihintale12 de diciembre, Galle
5 de diciembre, Dambulla, Kandy13 de diciembre, Galle, lago Koggala
6 de diciembre, Kandy14 de diciembre, Colombo
7 de diciembre, Hatton15 de diciembre, Colombo
8 de diciembre, Nuwara EliyaDatos económicos del viaje

6 de diciembre, jueves

    Hacemos una corta parada frente al cementerio que guarda los restos de doscientos tres soldados de diferentes nacionalidades caídos durante la segunda guerra mundial. Tras la caída de Singapur y las Indias Holandesas (actual Indonesia), los japoneses bombardearon el puerto de Colombo el cinco de abril de 1942 y, cuatro días después, el puerto de Trincomalee, en la costa este de Sri Lanka. Entonces ya se conocían las atrocidades que los japoneses habían perpetrado en Nanjing, China, y gran parte de la población huyó despavorida hacia la india, en botes o como fuera. Ananda ni menciona el otro cementerio, el Garrison, donde descansan los británicos que murieron durante la invasión de Sri Lanka, la mayor parte por ataques de elefantes, golpes de calor, cólera y, sobre todo, por la picadura de mosquitos hembra portadores del parásito de la malaria. La invasión británica se produjo en 1802 y entonces aún no se sabía la relación entre la enfermedad y los mosquitos. Habría que esperar hasta 1881 para que el médico cubano Carlos Juan Finlay relacionara a la hembra del mosquito Anopheles con la enfermedad. Y es que no hay enemigo pequeño.
Árbol bala de cañón del jardín botánico de Peradeniya
    Seis kilómetros al sur de Kandy, siguiendo el curso del río Mahaweli (maha= gran, weli=arena), se encuentra el jardín botánico de Peradeniya. Según el folleto, su extensión es de cincuenta y nueve hectáreas; como ochenta campos de fútbol juntos. Sus orígenes se remontan a 1371, cuando el rey Wickramabahu III ascendió al trono y estableció la corte en Peradeniya. Más tarde, el rey Kirti Sri Rajasinghe (1734-1782) convirtió esta zona en su jardín real y su hermano Rajadhi Rajasinghe, que le sucedió en el trono, construyó una residencia temporal dentro de sus confines.
    No llevamos ni un minuto dentro cuando se produce la primera sorpresa, en el Jardín de los Estudiantes, Ananda señala con el dedo: ¡Una serpiente! ¡Uau!, ya lo creo, es una serpiente negra de casi dos metros que atraviesa el descampado. Según Ananda es inofensiva, pero su tamaño impresiona.
    Ananda tiene especial interés en enseñarnos el árbol bala de cañón (Couroupita Guianensis), muy extendido en todo el trópico americano y asiático. Es de los más antiguos del mundo, su madera no vale gran cosa, tampoco sus frutos son comestibles, sin embargo, en el terreno espiritual no hay quien le gane: es sagrado para budistas e hindúes. Las escrituras budistas le citan muchas veces, dicen que Buda nació bajo su sombra y murió entre una lluvia de pétalos de las flores de este árbol, aunque no era época, pero bueno... Los hindúes lo conocen como el árbol sagrado del señor Shiva y es frecuente verlo en los templos dedicados a Shiva por toda India.
Avenida de los pinos Cook, en el jardín botánico de Peradeniya
    Es impactante también caminar a lo largo de la avenida de los pinos Cook (Araucaria columnaris), endémicos de Nueva Caledonia, alcanzan los cuarenta metros y en este jardín sus troncos no crecen rectos, como es habitual, sino con doble curva. ¿Por qué? Ananda se encoge de hombros. En India le llaman árbol de Navidad. ¿Y qué son todos esos miles de paquetitos que cuelgan de las ramas? Pues sí, realmente parecen regalos de Navidad pero si te fijas, se mueven, están vivos... ¡son miles de murciélagos! ¡Y qué olor! ¡Puag! A pesar de su fiero aspecto y de su tamaño —llegan a pesar hasta ochocientos gramos— se alimentan principalmente de fruta. Con las alas extendidas miden hasta ciento veinte centímetros. En el cielo, a veces, se confunden con águilas y Ananda me informa que el gran zorro volador de Filipinas es aún mayor, llega a tener una envergadura de metro ochenta.
    Este jardín es el fruto de siglos de trabajo bien hecho y puedes pasear durante horas por sus avenidas sin aburrirte, cada árbol tiene algo especial: los bambús gigantes de Birmania —que llegan a los cuarenta metros y un diámetro de veinticinco centímetros, los nuevos brotes crecen a razón de treinta centímetros diarios —, los baobabs australianos, el coco de mer, la avenida de las palmeras, las cicas, la sección de árboles con flores, la casa de las orquídeas, el jardín floral, los cactus, la colección de diferentes tipos de céspedes, las cien especies de helechos, el jardín de las especias... y al llegar al Great Lawn, el árbol que más me ha impresionado: el Ficus Benjamina, indígena de Malasia, este ejemplar fue plantado en 1861 y sus larguísimas ramas son tan pesadas que buscan apoyo en el suelo, echan raíces, y vuelven a subir buscando la luz. Es como un inmenso paraguas viviente.

Ficus Benjamina del jardín botánico de Peradeniya

    Está claro que este parque es lugar favorito de las parejas de enamorados, algunos carteles reclaman mantener un comportamiento decoroso. Según Ananda, la mayoría de los matrimonios son concertados por los padres. A él también le escogieron mujer. ¿Y funciona?
    — Eso parece, nadie se divorcia, está muy mal visto por la familia, amigos y vecindario. Además, como hombres y mujeres interaccionan poco, no hay muchas oportunidades para el flirteo. La edad media a la que se contrae matrimonio ha subido con el aumento de la educación, ahora es de veinticinco años.
    Desde el puente que cruza el río Mahaweli, mi mujer, divisa un gran varano de agua en un claro de la maleza. Entusiasmada, se dirige al turista más cercano, que es brasileño, y se produce una conversación alucinógena:
    —Mire, allí, cerca de la orilla, un comodoro. —confunde al inofensivo varano de agua con el fiero dragón de Komodo— Es pariente de los cocodrilos, pero más pequeño. —¿Pero qué se ha tomado mi mujer?
    —Sí, están muy buenos, en Brasil nos los comemos.
    —No, no son cocodrilos, son comodoros, muy peligrosos.—Aclara mi mujer—Si te muerden te infectan con un virus y te mueres pronto. —Es lo que tiene ver Frank de la jungla, que lo tergiversas todo.
    El brasileño a su mujer:
Sepia del mercado de Kandy

    —Mira, Rosangela, son cormoranes. Muy peligrosos.
    —¿Dónde? Ah, sí.
    otro viene corriendo y se añade al grupo:
    — ¿Cómo has dicho que se llaman? ¿Pomodoros?
    En un viaje de estos nunca puede faltar la experiencia de visitar un mercado y en el de Kandy lo hemos pasado en grande porque todo el mundo se ha mostrado encantador con nosotros. El pescadero ha posado para la cámara con una sepia de cuatro kilos y un pez volador de alas amarillas. ¿Y qué peces comen por esta parte del mundo? Veamos lo que tienen: atunes a mansalva, barracudas, agujas, barramundis, jureles, sardinas, dormilonas, y muchos otros que desconocemos.
    Ananda nos lleva a los mejores puestos de fruta, son tiendas de exposición, con las vainillas más grandes y lustrosas que he visto en mi vida. La variedad de plátanos es increíble. Curiosamente, en este paraíso tropical, una de las frutas estrella son las manzanas, en los puestos vemos las variedades Granny Smith, Red Delicious y Braeburn. Imaginaba que de importación, pero no, las cultivan cerca de aquí, en Kotmale. Venden también mangos — que ellos toman con sal y pimienta o ají cuando están verdes—, jackfruit —troceado para cocinar, no para comer, que todavía no es tiempo —, papayas, piñas, limas, unos pocos rambutanes, granadas, maracuyás ... Como siempre, lo que más llama nuestra atención es lo desconocido: el woodapple o limonia, una fruta de unos quince centímetros de diámetro, con una cáscara similar al coco; lo más habitual es tomarla en zumo o batido aunque su cremosa pulpa también se disfruta con una cuchara. La encontraremos en los desayunos de los hoteles, siempre junto al zumo de naranja; su sabor no es para tirar cohetes pero estoy seguro que tras unas catas más me podría convertir en un incondicional.
    Llueve unas gotas mientras asistimos a una espectáculo de danzas tradicionales en el centro cultural de Kandy. El teatro está abarrotado de turistas. Normalmente, estos bailes me gustan, pero el estado deprimente de la sala, sus sillas de plástico de terraza, la pobre iluminación y la falta de sincronización de los movimientos de las bailarinas, unido al poco entusiasmo que demuestran —¡parece que tuvieran prohibido sonreír, caramba! — hacen que me resulte aburrido. La función termina con chicos escupiendo fuego y caminando unos pocos metros sobre brasas de madera con la misma expresión de aburrimiento que las bailarinas.
    Por fin llegó el momento estelar: la visita al templo de la reliquia del diente sagrado de Buda. El templo se sitúa a orillas del lago y lo protegen fuertes medidas de seguridad. Es un centro de peregrinación de primerísimo orden para el budismo. Nos descalzamos y mientras caminamos sobre el suelo mojado hacia la entrada del templo, me asaltan las dudas: ¿Buda no fue incinerado? ¿Cómo es que ha llegado uno de sus caninos hasta aquí? ¿Alguien lo ha visto? ¿No será tan falso como los clavos de Cristo? Ananda nos aparta del gentío y en un soportal nos cuenta la historia: "Buda murió en 543 AEC por intoxicación alimentaria en Kushinagar, en el actual estado de Utta Pradesh, India, y fue incinerado en Makuta Bandhana, una población cercana. Las escrituras budistas Digha Nikaya aseguran que entre las cenizas se encontró un diente, un canino, que fue llevado al rey Brahnadatta de Kalinga (la actual orissa) para que lo protegiera, ya que este rey era un ferviente budista. A partir de entonces, las guerras y matanzas se sucedieron, bien porque otros reyes budistas querían poseerlo para aumentar su poder o porque otros reyes, hindúes, querían destruirlo. El caso es que en el siglo IV, el rey Guhasiva de Kalinga, viendo que iba a ser derrotado en una batalla, confió a su hija Hemamala el diente y ella y su marido lo llevaron a Sri Lanka, país budista muy devoto y cuyo rey Kirti Sri Meghavanna tenía ascendientes en Kalinga. Se lo entregaron en Anuradhapura y desde entonces el diente ha pasado muchas, muchas aventuras que serían largas de contar, pero afortunadamente aquí sigue".

Relicario con el canino de Buda en el templo Sri Dalada Maligawa de Kandy

    Al entrar en el templo, todo es recogimiento y caras serias. Unos músicos tocan un tambor y un cornetín con una cadencia hipnótica. Subimos las escaleras de madera y guardamos fila para pasar ante el relicario dorado protegido por un vidrio blindado. Después de pasar ante el canino, la gente se arrodilla y reza sus plegarias.
    Ya en el hotel, las noticias de la televisión muestran la preocupación de los famosos por el droner, un helicóptero de juguete que utilizan los paparazzi para tomar fotografías de artistas y celebridades mientras descansan tras las tapias de sus mansiones o en las playas privadas.

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