Otros viajes

República Socialista de Sri Lanka 2012

1 de diciembre, Negombo 9 de diciembre, Hakgala, Nuwara Eliya
2 de diciembre, Sigiriya10 de diciembre, Yala
3 de diciembre, Polonnaruwa, Minneriya11 de diciembre, Kataragama, Tangalla
4 de diciembre, Anaradhapura, Mihintale12 de diciembre, Galle
5 de diciembre, Dambulla, Kandy13 de diciembre, Galle, lago Koggala
6 de diciembre, Kandy14 de diciembre, Colombo
7 de diciembre, Hatton15 de diciembre, Colombo
8 de diciembre, Nuwara EliyaDatos económicos del viaje

5 de diciembre, miércoles

    Mientras vamos en el coche hacia las cuevas de Dambulla, Ananda nos da las claves de lo que vamos a ver: "Como ya os he contado, Unaradhapura fue la capital del reino cingalés durante mil cuatrocientos años, pero no de manera continuada, en ocasiones, reyes tamiles invadieron la región. Es el caso del rey cingalés Valagamba que en 103 AEC, cinco meses después de subir al trono —que consiguió tras asesinar al general Kammaharattaka, que a su vez había asesinado a su hermano mayor Khallatanaga— tuvo que escapar de Unaradhapura cuando los tamiles la invadieron. Se refugió con sus seguidores más fieles en Dambulla, una zona con muchas cuevas. Le impactó tanto el lugar que, catorce años después, cuando recuperó el trono, mandó esculpir imágenes de Buda en el interior de las cuevas. Los reyes que le siguieron también aportaron más imágenes y mejoras en las cuevas. Así que lo que vais a ver tiene más de dos mil años de antigüedad —Ananda recalca constantemente lo de los dos mil años—. Las pinturas de las paredes no, esas son mucho más actuales, del siglo XIX".

Templo dorado de Dambulla y banderas budistas

    A este centro de peregrinación budista le llaman Golden Temple y mi primera impresión, al ver la inmensa imagen de un Buda dorado de treinta metros de altura, es que se trata de otro parque temático de entretenimiento de Disney.
    —¿Qué significa ese gesto de las manos del Buda?
    —Es el mudra de la rueda del dharma o dharmachakka, representa el primer sermón que Buda dio a sus discípulos en Sarnath, tras alcanzar la iluminación. Fijaros que está sentado en la posición del loto. No sé si conocéis la flor del loto: echa sus raíces en el fango de los estanques y su fuerte tallo emerge sobre la superficie del agua para mostrar una delicada y perfumada flor. La flor del loto simboliza el progreso del alma desde el materialismo a la iluminación, a través de las aguas de la experiencia y el conocimiento.
    —¿Por qué se le representa siempre con el pelo rizado? Vosotros no tenéis el pelo rizado. ¿Es otro símbolo?
    —Umm, verás... el pelo rizado... se lo debemos a los griegos.
    —¿Cómo a los griegos...? ¿No están un poco lejos?
    —Escucha... hay unos textos que recogen los discursos de Buda —el Digha Nikaya— donde se dice que Gautama expresó su renuncia a ser representado en pinturas o en esculturas. Por eso, para referirse a Buda, se empleaban alusiones simbólicas como un trono vacío, el árbol Bodhi, el pie de Buda o la rueda de oración. Sin embargo, en 332 AEC apareció Alejandro Magno y conquistó los actuales Afganistán y Pakistán, ambos budistas. Los griegos influyeron con su cultura en estos países y desarrollaron el arte greco-budista. Como eran los amos, nadie pudo impedir que representaran a Buda a su modo, con el pelo ondulado, ropaje sobre los hombros y sandalias. Con el tiempo, las esculturas de adaptaron más al gusto de los indios.
    —Por cierto, si Sidarta Gautama nació en una familia india, ¿por qué se le representa siempre con ojos almendrados?
    —Eeeh… no lo sé. Lo consultaré. — Ja, ja. Otra pillada.
    Una escalinata con cientos de peldaños nos conduce hasta las cuevas. A medio camino, una familia se hace unas fotos con nosotros; a la señora le ha llamado la atención el pelo morado de mi mujer. Los monos se muestran tranquilos y distantes con los turistas, tampoco se acercan a los vendedores de mango picante, será que no les gusta el mango picante... o que les atizan con las varas si se acercan.
    Al llegar al rellano superior nos descalzamos. Justo al traspasar la entrada, un pequeño templo hinduista resalta por su animación. Familias enteras, vestidos con sus mejores galas, entran y salen del templo en aire festivo con niños recién nacidos en brazos. ¡Ananda, esto necesita una explicación!:
Ofrendas hinduistas en Dambulla
    —La vida de los tamiles está repleta de ritos y lo que veis es la celebración del Namakarana, el ritual de poner nombre al niño. Los padres consultan las primeras letras del nombre con un sacerdote hindú o un astrólogo, basándose normalmente en la hora y fecha del nacimiento o las posiciones de las estrellas y los planetas. El nombre es muy importante para que tenga suerte en el futuro. Once días después del nacimiento —los primeros diez días son impuros para la madre y el hijo— le traen al templo y el padre susurra en la oreja derecha del niño su nombre. El bindi negro que muestran los niños en la frente es para protegerles del "mal de ojo", lo llevan durante el primer año y aunque no lo veis, también lo llevan en la planta de los pies.
    —Me supongo que no será el Namakarana la única celebración.
    —Huf, hay muchísimas más, claro, hasta dieciséis. Es que les gustan tanto las fiestas, ja, ja... A partir de los seis meses celebran el Annaprashana, que coincide con la primera vez que el niño come algo sólido, arroz hervido, por supuesto. También se le trae al templo. Otra fiesta es el Chudakaran o afeitado de la cabeza; se hace en casa cuando el niño ronda los tres años. Representa romper con la vida anterior y encararse hacia el futuro. Alrededor de los tres años también se perfora el lóbulo de la oreja de niños y niñas, es el Karnavedhna, para abrir el oído interior a todo lo sagrado.
    —Me imagino que los cingaleses seguiréis rituales similares?
Cuevas de Dambulla
    —Sí, por supuesto, el nombre suele ser diferente pero los ritos son parecidos.
    Ananda nos avisa que se pueden hacer fotos dentro de las cuevas pero no de nosotros mismos. ¿La razón? Para no dar la espalda a los Budas y también para que no se repitan escenas como la de aquella chica que quería fotografiarse sentada en el regazo de Buda. ¡Qué irreverencia!
    Dentro de las cuevas hace un calor y una humedad terribles, de ponerse malo. ¡Qué bien vendría un abanico! Las cuevas abiertas al público son cinco y contienen ciento cincuenta y tres estatuas de Buda, tres estatuas de reyes de Sri Lanka y cuatro estatuas de dioses y diosas hindúes. Las pinturas de las paredes describen la tentación del demonio Mara y el primer sermón de Buda.
    —¿Y esta mezcla de budismo con hinduismo? No me imagino a cristianos y musulmanes compartiendo espacios rituales, ni tan siquiera a católicos y ortodoxos. ¿Cómo es que esto pasa aquí?
    —Ten en cuenta que las dos religiones han compartido espacio geográfico durante milenios, por tanto, la competencia por atraer a los fieles fue inevitable. Era frecuente que en los debates públicos metafísicos, los pensadores budistas vencieran a los brahmanes hinduistas, así que estos optaron por incluir a Buda dentro de su catálogo de dioses: lo consideraron como la novena reencarnación de Visnú. Buena jugada, ¿eh? Hay que reconocer que la competencia entre religiones sigue hoy en día, sin ir muy lejos, aquí en Dambulla, en abril, cerraron una mezquita por falta de permisos tras una manifestación de miles de monjes budistas y seguidores laicos.
    Seguimos camino hacia Kandy. Al pasar por los pueblos vemos muchos escolares, inconfundibles con sus uniformes blancos. Chicos y chicas comparten clases aunque cada grupo étnico —cingaleses, tamiles, cristianos y musulmanes— tienen sus propias escuelas, así se evitan conflictos. Las escolares musulmanas son inmediatamente reconocibles por sus cabezas cubiertas.
    Ananda nos para en una tienda de talla de maderas. Un señor nos explica los diferentes tipos de madera: ébano, palisandro, teca, caoba, satín, sooriya, jak, mara y coco. Dentro de la tienda, varios ventiladores intentan aliviar el calor y la humedad, pero es en vano, mi mujer y yo hemos empezado a sudar una barbaridad y a sentirnos cada vez peor, así que salimos fuera a tomar el aire. A pesar de la brisa reparadora, hemos necesitado diez minutos de descanso antes de meternos de nuevo al coche. Algo más recuperados hemos visitado, en Matale, la plantación Ranwali Spice Garden, donde nos han contado las excelencias de las especias y los brebajes y lociones que preparan con ellas.

Kandy

    Llegamos a Kandy (500 msnm). Antes de entrar en el hotel para comer, Ananda nos pregunta si nos apetece un masaje en el Ayurveda Spa, muy cerca de nuestro alojamiento. Asegura que es tan bueno como los del hotel, más barato y además, así, salimos del gueto turístico. ¡Por supuesto! Nos encantan los masajes. Así que pasamos la tarde en la piscina y para las seis, ya de noche, nos acercamos a la entrada del hotel. El precio del masaje, siete mil rupias —o cuarenta y tres euros al cambio—, los dos, incluye el transporte. En la entrada del hotel no vemos el tuk-tuk. ¡Ah!, allí está, en la calle. Al parecer, el hotel no permite a los tuk-tuk entrar hasta la puerta a recoger clientes. En dos minutos, a toda pastilla, llegamos al Ayurveda Spa. Un señor, seguramente el dueño, nos informa de los tipos de masajes. La verdad es que no tenemos ni idea, él nos recomienda un marma-abhyanga de una hora, de cuerpo entero. Pues venga, ese. Dejamos nuestros bolsos en una taquilla de la recepción y nos llevamos la llave. Entramos en una sala de luz tenue, separada de otras estancias aledañas por cortinas, como en los hospitales. Dos chicas entran, nos dan una pequeña sabana y que nos quitemos la ropa. Toda. Envolvemos la sabana a la cintura y nos tumbamos sobre la camilla, boca abajo. ¿Qué decir del masaje? Una gozada: lo primero que ha hecho la masajista es echarse algún aceite medicinal en las manos y enseguida me ha bajado la toalla para amasar mis glúteos. Estupendo comienzo. Después, a la zona plantar, luego ha ido subiendo hasta terminar con un masaje facial. Para concluir, nos conducen a una pequeña habitación a modo de sauna. Salimos con una sensación de profunda relajación y con el equilibrio físico y mental totalmente restablecido. El tuk-tuk nos regresa al hotel, aún grasientos, justo a tiempo para dar buena cuenta del estupendo bufé del hotel Cinnanon Citadel.

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