Otros viajes

República Socialista de Sri Lanka 2012

1 de diciembre, Negombo 9 de diciembre, Hakgala, Nuwara Eliya
2 de diciembre, Sigiriya10 de diciembre, Yala
3 de diciembre, Polonnaruwa, Minneriya11 de diciembre, Kataragama, Tangalla
4 de diciembre, Anaradhapura, Mihintale12 de diciembre, Galle
5 de diciembre, Dambulla, Kandy13 de diciembre, Galle, lago Koggala
6 de diciembre, Kandy14 de diciembre, Colombo
7 de diciembre, Hatton15 de diciembre, Colombo
8 de diciembre, Nuwara EliyaDatos económicos del viaje

14 de noviembre, viernes

    Ananda nos da la opción de viajar desde Galle a Colombo —ciento dieciséis kilómetros— por la autopista Southern Expressway, inaugurada el pasado año— una hora—, o por la vieja carretera que bordea la costa— tres horas—. Escogemos la comodidad de la autopista. A pesar del ahorro de tiempo que supone la autopista, viajamos casi solos; apenas hay tráfico. Seguramente la causa son los cuatro dólares del peaje. El paisaje a ambos lados es espectacular; se intercalan zonas selváticas con inmensas plantaciones de caucho de la empresa Mcwoods, una compañía fundada por el marino británico capitán William Mackwood en 1841 y que ahora es propiedad de la Oil Palms Mcwoods Clyde.
    Desde Galle hasta la entrada a Colombo nos ha llevado una hora, pero desde que salimos de la autopista hasta el hotel —tan sólo quince kilómetros— hemos tardado otro tanto. Los cruces son alucinantes; no se respeta ninguna norma, el caso es pasar como sea y la prioridad la establece el vehículo más grande: los temibles Lanka Ashok Leyland.
    Por fin llegamos al hotel Galle Face, muy bien situado al borde del mar. Desde aquí todo queda a tiro de tuk-tuk o andando, aunque con este calor, andar no parece aconsejable. Nos despedimos de Ananda, que se queda sin trabajo hasta que llegue el próximo turista.
    Un tuk-tuk nos traslada hasta The Ministry of Crab, un restaurante especializado en pescado y marisco situado en el viejo hospital holandés, propiedad de dos conocidas estrellas del cricket y del fundador del Nihonbashi, un conocido restaurante japonés de Colombo. El departamento de registro de compañías ya les ha advertido que el nombre es ilegal;
Cangrejo tamaño XL en The Ministry of Crab
primero, porque se registraron como The Crab Corporation y, segundo, no pueden utilizar la palabra "ministerio" o "ministro", eso queda reservado para agencias del gobierno. Los camareros están bien entrenados y a pesar del agobiante calor atienden a nuestras preguntas sin mohín de cansancio y siempre sonrientes. ¿Tamaño de los cangrejos? Lo que pidas: medio kilo, pequeño, mediano, grande, XL, de kilo, jumbo, colosal y OMG!!! (Oh, my God!), así les llaman a los de quilo y medio en adelante. Los machos tienen pezuñas más grandes que las hembras pero éstas son de carne más tierna. Según su publicidad, estos cangrejos son salvajes y siempre se cocinan vivos. Pedimos, de primero, media docena de langostinos tigre con salsa de soja y chili y, de principal, un cangrejo tamaño XL en salsa de ajo. Nos acercamos hasta la cocina para escogerlo y lo marcan para no equivocarse. Estos cangrejos resultan muy parecidos a los bueyes de mar gallegos aunque hay que reconocer que su carne es más delicada. Facilitan babero e instrumental "quirúrgico", como debe ser.
    Todo el centro de Colombo está patas arriba, ¿que qué pasa? Hoy, a partir de las siete de la tarde, se disputan las previas de la primera edición de la carrera nocturna, le llaman Colombo Night Race, y andan en preparativos, instalando miles de sacos de arena y neumáticos sobre la línea divisoria de las carreteras, en las curvas, gradas para el público, pantallas gigantes de televisión, sistemas de sonido... Hay varias categorías: motos y coches, unos parecidos a los de serie, pero modificados, otros como los Fórmula 1, pero en pequeños. Los pilotos son mayormente indios y locales. Mientras vemos los supercoches, situados sobre un aparcamiento, enfrente del edificio colonial Cargills & Millers, un señor a nuestro lado farfulla indignado: "Sri Lanka no necesita este tipo de carreras que sólo sirven para que se divierta el uno por ciento mientras el noventa y nueve restante pasa hambre. Es un gasto indecente, pero claro, es el caprichito del hijo del primer ministro, que es muy aficionado a pilotar". Otro señor no está de acuerdo: "¡Claro que tenemos muchos problemas! Pero, entonces... ¿Debemos eliminar el carnaval, los conciertos, las fiestas de los pueblos...?"

Hora punta en la calle Main

    Seguimos andando por la calle Main y luego por la St. Pettah, una zona llena de comercios y mercados, atestada de gente haciendo compras. Las aceras no dan abasto y la muchedumbre se desborda invadiendo la carretera. No te puedes detener ni para hacer una foto, la marea humana te arrastra. Echamos un vistazo al mercado central y visitamos varios mercados callejeros. A un frutero de un puesto del Fose Market le debe ir bien el negocio porque ha instalado una televisión de plasma de muchas pulgadas detrás suyo para entretener la espera de los parroquianos. Callejeamos sin rumbo fijo, no importa, cada dos pasos hay algún motivo de asombro: la comida de los puestos callejeros donde domina el color rojo del chili, las larguísimas colas de la estación de trenes, los templetes hindúes, las ofrendas que queman en el mismísimo centro de la acera con toda la gente pasando, los cientos de cuervos que empiezan a aparecer sobre los tejados cuando el gentío remite y los puestos ambulantes empiezan a empacar, la suciedad del suelo, fruta podrida tirada por los rincones....
    Estamos agotados por el ruido, el calor y el continuo trasiego de gente moviéndose en todas direcciones, así que salimos a la calle principal y tomamos un tuk-tuk al hotel. Con este tráfico, el trayecto se convierte en una sucesión de disparates. Los tuk-tuk se meten por cualquier sitio, les basta un metro de anchura, pero a la vez, son ignorados por el resto de conductores. Así que, la carrera resulta divertidísima si no te pasa nada, pero... uf, dos autobuses Lanka Ashok Leyland nos han hecho la cuña, el conductor el tuk-tuk ha frenado y nos hemos salvado por centímetros.
    El hotel Galle Face está muy bien situado al lado del mar, pero la atención de los empleados ha sido nefasta. El recepcionista nos miraba incluso con un mohín de desprecio, no nos informó de los horarios de desayuno ni de ninguna otra cosa. Incluso el maletero no nos enseñó ni cómo funcionaba el aire acondicionado, ni la caja de seguridad. Nada. De hecho, se marchó tan rápido que ni cogió la propina que mi mujer tenía ya en su mano. En vista de la pésima atención nos trasladamos al hotel aledaño, el Taj Samudra, para cenar. Aquí recibimos una atención exquisita y cenamos un bufé magnífico.

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