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República Socialista de Sri Lanka 2012

1 de diciembre, Negombo 9 de diciembre, Hakgala, Nuwara Eliya
2 de diciembre, Sigiriya10 de diciembre, Yala
3 de diciembre, Polonnaruwa, Minneriya11 de diciembre, Kataragama, Tangalla
4 de diciembre, Anaradhapura, Mihintale12 de diciembre, Galle
5 de diciembre, Dambulla, Kandy13 de diciembre, Galle, lago Koggala
6 de diciembre, Kandy14 de diciembre, Colombo
7 de diciembre, Hatton15 de diciembre, Colombo
8 de diciembre, Nuwara EliyaDatos económicos del viaje

11 de diciembre, martes

    El templo Kataragama es uno de los más sagrados del mundo, satisface las necesidades espirituales de budistas, hindúes y musulmanes. Allí vamos. Aparcamos en una plazoleta sin asfaltar y cruzamos los puestos de ofrendas para los dioses, que consisten en platos suculentos de fruta con bananas, sandías, limonias, mangos, cocos y piñas. Tanta comida siempre atrae a los animales, en este caso, a los langures, omnipresentes en todo el camino hacia el templo. Los hindúes creen que los langures son descendientes directos de Hanuman, el gran mono héroe, devoto servidor de Rama, así que no se te ocurra tirar de la cola a ninguno de ellos, como hacen algunos turistas. Al cruzar el puente sobre el caudaloso y embarrado Menik, observamos a la gente bañándose en actitud de oración. Ananda nos aclara: "Se están purificando porque se trata de un río sagrado; sus aguas tienen propiedades curativas, no sólo por su alto contenido en gemas —Menik Ganga significa "río de las gemas"— sino también por las características medicinales de las raíces de los árboles que pueblan sus orillas". Los peces de un río sagrado también son sagrados y bajo la sombra de un enorme árbol próximo a la orilla, una señora vende maíz para echar a los peces. A lo lejos, dos elefantes aprovechan las aguas del Menik para purificarse.
Retirando las ofrendas de frutas
    Dejamos nuestro calzado en el suelo, a la entrada al recinto del templo, junto con cientos de sandalias más. El suelo es de arena y te juro que quema, voy dando saltitos hasta que encuentro sombra; hoy el calor y la humedad son tremendos, no se puede estar al sol, te abrasas. Justo enfrente de la entrada vemos que una amplia valla de acero inoxidable protege un árbol. No me digas más, Ananda, se trata de otro árbol sagrado Bodhi, descendiente directo del primer Maha Bodhi bajo el que Buda alcanzó la iluminación hace 2500 años, ya sabes, ese que trajo de India la hija del emperador Asoka y lo regalo al rey Devanampiya Tissa. Por lo visto, trajo varios esquejes.
    Detrás del árbol sagrado, una pequeña ermita de paredes encaladas parece que guarda objetos de profunda veneración. ¿Qué habrá dentro? Algunos feligreses rezan en el exterior, llevan en las manos un trozo de coco con aceite ardiendo y cuando terminan la plegaria lo escachan contra el suelo con ganas. Todos llevan sus ofrendas de frutas en una bandeja y guardan cola para ofrecerlas al dios, dentro de la ermita. Mientras aguardamos en la cola, siento las gotas de sudor corriendo por mi espalda. El culto al dios Kataragama es anterior al siglo V AEC y su historia contiene pasajes de zoofilia, erotismo, brujería y poligamia que, por lo visto, no constituyen obstáculo alguno para su adoración, pero dejemos que Ananda se explique:
   —Kataragama es un dios del panteón hindú. Sus devotos, principalmente tamiles, lo conocen también por otros nombres: Skanda, Kandasamy, Kanda Kumara, Subramanyo o Murugan. Es el dios de la juventud, la ternura y la belleza pero también de la guerra y la victoria. Su vehículo es el pavo real. Hay varias versiones que relatan las andanzas de Kataragama; la que yo conozco cuenta que al principio vivía con su padre, Siva el Destructor, sobre el monte Kailas en los himalayas. El motivo de su traslado al sur de Sri Lanka fue el amor: el jefe de un poblado del sur de Sri Lanka encontró en la selva una niña salvaje, de ascendencia mística, hija de una cierva y un padre ermitaño que vivía una vida de penitencia en una cueva de la selva profunda. El jefe y su mujer no tenían hijos, así que la adoptaron y creció con ellos. Cada día que pasaba aumentaba su belleza y su virtud. Un día, Narada, el mensajero de los dioses, paseando por los bosques de Kataragama encontró la niña
Interior de la ermita hindú en Kataragama
y quedó encantado de su hermosura y bondad. A su regreso al monte Kailas la describió a Skanda, y éste decidió ir en su busca y hacerla su esposa... su segunda esposa. La pareja se estableció en una colina cercana a Kataragama y vivieron felices... hasta que Thevani-Amma, primera esposa de Skanda, hija de Indra, dios del trueno, encendida por la ira y los celos, pidió ayuda a un experto en encantamientos. Pero Skanda se enteró de los tejemanejes de su primera esposa y cuando el mago llegó a Sri Lanka, se anticipó a su hechizo y le convirtió en un lingam de madre perla. Thevani-Amma no se rindió, decidió establecerse cerca de su marido en la jungla de Sri Lanka, acompañada por sus sacerdotes y sirvientes. Desplegando toda su capacidad de persuasión le convenció para que descendiera de la colina y vivieran juntos... los tres. La paz doméstica fue restablecida y la leyenda concluye que el trio vivió en harmonía para siempre.
    En este templo, el paroxismo espiritual se alcanza durante dos semanas entre julio y agosto. En esas fechas, miles de peregrinos venidos de todos los rincones de Sri Lanka se reúnen aquí para rendir culto al dios Kataragama. La mortificación parece ser el método de purificación favorito, unos se revuelcan por el suelo, otros se atraviesan las mejillas con pinchos o caminan sobre zapatos con suelas de clavos; el plato fuerte son los que se perforan la piel de la espalda con ganchos y son transportados colgados. Existe la convicción de que cuanto mayor sea el sufrimiento, mayores serán las atenciones del dios.
    Fuera del recinto principal se ve el finial de una dagoba: "La dagoba que veis allí fue construida por el rey Mahasena. Según la leyenda, Buda, en su tercera y última visita a Sri Lanka en 580 AEC, se entrevistó con Mahasena, rey de Kataragama. Buda enseño su doctrina al rey y éste, en gratitud, construyó una dagoba exactamente en el mismo lugar que la actual".
    —¿Y qué le pide la gente al dios?
    — ¡Oh!, lo de siempre: tener éxito en los negocios, aprobar un examen, curarse una enfermedad o encontrar una buena proporción. Como en todas partes. En general, la gente no se complica la vida pensando; los cingaleses somos budistas, no por convicción, sino porque hemos nacido aquí. A la mayoría le basta con visitar el monasterio unas pocas veces al año para ofrecer alimentos a los monjes, honrar la memoria de su padre o madre muertos y practicar algún que otro ritual de tipo festivo. Son muy pocos los laicos que meditan el significado más profundo del budismo; incluso la práctica de los budistas más serios consiste mayormente en observar los preceptos y cantar algunas canciones sagradas cuando visitan el monasterio en los días poya. Con eso ya creen que han cumplido y viven felices.
Vista desde el hotel Turtle Bay de la solitaria playa de Tangalla
    También para los musulmanes este lugar es de gran veneración; están convencidos de que muchos hombres santos de la fe islámica vivieron y murieron en las inmediaciones de la actual mezquita, y las tumbas de estos santos se han convertido en lugares de turismo religioso. Anualmente se celebra un festival musulmán aquí, el Hayat Nabi.
    Abandonamos Kataragama y seguimos hacia el sur, hacia Tangalla. Ananda nos sugiere ver cachalotes mañana, aunque hay que levantarse a las cinco de la mañana porque el barco sale de Marissa a las seis y media. Hay otro desde Galle, pero desconoce los horarios. Después de pensarlo decidimos que no, ya vimos cachalotes en Nueva Zelanda y la experiencia no fue demasiado excitante, sobre todo, porque se veían en París.
    Llegamos a la una y media al hotel Turtle Bay, al lado de una playa desierta, tras un laberíntico camino en muy mal estado. Nos tomamos la tarde de descanso, leyendo al borde de la piscina y al atardecer nos damos una vuelta por la playa a echar un vistazo a las curiosas embarcaciones de los pescadores. Para cenar nos sirven unos camarones gigantes azules de agua dulce—la mitad de grandes que la muestra que nos han enseñado al mediodía— y un plato de patatas cocidas con mahonesa y tocino frito. ¿Plato creativo de la nueva cocina del país?
    Un loro de collar ha hecho nido justo en lo más alto de un tronco de palmera.

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