Otros viajes

República Socialista de Sri Lanka 2012

1 de diciembre, Negombo 9 de diciembre, Hakgala, Nuwara Eliya
2 de diciembre, Sigiriya10 de diciembre, Yala
3 de diciembre, Polonnaruwa, Minneriya11 de diciembre, Kataragama, Tangalla
4 de diciembre, Anaradhapura, Mihintale12 de diciembre, Galle
5 de diciembre, Dambulla, Kandy13 de diciembre, Galle, lago Koggala
6 de diciembre, Kandy14 de diciembre, Colombo
7 de diciembre, Hatton15 de diciembre, Colombo
8 de diciembre, Nuwara EliyaDatos económicos del viaje

10 de diciembre, lunes

    Dejamos el frescor de las montañas y ponemos rumbo al sur, hacia las playas y el sol de la costa. Ante nosotros discurre un paisaje de bancales cultivados, valles, barrancos y cascadas. Al cruzar Ella nos sorprende gratamente la animación de este minúsculo pueblo, en ningún lugar de Sri Lanka hemos visto tantos turistas, sobre todo, gente muy joven, mochileros. Basta una ojeada para darse cuenta que el pueblo disfruta de un entorno idílico: rodeado de colinas, templos y plantaciones de té. Ella sirve de base a los amantes del excursionismo; la pequeña colina de Adán es fácilmente accesible desde el pueblo, apenas cinco kilómetros por senderos bien marcados. Las vistas desde la Roca de Ella son otro punto de interés, aunque exige mayor esfuerzo. Paramos unos minutos para admirar las cascadas Rawana, quince kilómetros al sur de Ella.
    A partir de Wellawaya el terreno se vuelve plano y el paisaje pasa a ser el habitual de las tierras bajas, siempre gozoso para la vista: altos cocoteros y frecuentes estanques entre amplias extensiones de tierras cultivadas. Tras cuatro horas y media de viaje, por fin, abandonamos la carretera general y nos adentramos por un camino de tierra lleno de baches y roderas flanqueado por altos arbustos. De repente, todo cambia; bandadas de pájaros atraviesan el cielo y el paisaje se hace más salvaje, maleza, estanques, extraños nidos de pájaros colgando de los árboles, y mariposas en abundancia. Estamos a las puertas del parque nacional Yala, hábitat de leopardos, elefantes y cocodrilos de cuatro metros.
    Nos sorprende gratamente la ubicación del hotel Cinnamon Chaaye Wild, al borde de un estanque salobre. En las rocas que emergen sobre la superficie se divisan cigüeñas pintadas, gran alcaravanes, ibis de cabeza negra, garcetas y gaviotas. Un letrero advierte: ¡Cuidado, cocodrilos! ¿Será un chiste, no? ¡Si la piscina queda a treinta metros de la orilla! Kasun, el recepcionista, nos aconseja que cuando salgamos del bungaló les llamemos para que alguien nos acompañe hasta las instalaciones comunes del hotel, que nunca se sabe lo que te puedes encontrar, sobre todo, de noche. Un mozo nos ayuda con las maletas hasta el bungaló. ¡Qué susto me da un varano que trepa por el tronco de un pequeño árbol, justo a la altura de mi cara! otro más camina torpemente entre la cascajera del suelo. Hemos llegado a la una y a las tres comienza nuestro safari, así que nos da tiempo para comer un tentempié en el bar y descansar unos minutos al lado de la piscina.
Cocodrilo de cuatro metros en el parque nacional Yala
    Mi mujer y yo montamos en un todo terreno que nos conduce hasta la entrada de Yala, muy cerca del hotel. Aquí se sube Amal, un guía del parque que nos cuenta que Yala tiene una de las densidades de leopardos más altas del mundo. Viendo la vegetación, parece un milagro que alguien los pueda ver ya que el parque está compuesto principalmente de densos arbustos y pocos espacios abiertos. En estos espacios es donde generalmente se concentran las gacelas y picotean los pavos reales, muy numerosos. Este parque contiene animales salvajes, mortales para el hombre, como el leopardo, los cocodrilos y los elefantes, sin embargo, su aspecto no podía ser más inofensivo, nada que ver con la jungla de Tarzán. La luz del atardecer y la temperatura tan agradable invitan a pasear por sus caminos de tierra roja. Nos sorprende ver también cocodrilos tan enormes en estanques de agua tan reducidos.
    A mitad del safari hacemos una parada para estirar las piernas en Patanangala, justo en la playa, al lado de un promontorio de rocas donde suelen verse leopardos y elefantes. En la playa, una escultura recuerda a los ahogados en Yala en el maremoto del 26 de diciembre de 2004. Ese día un muro de agua de seis metros de altura segó la vida de doscientos cincuenta personas en este parque. En toda Sri Lanka fallecieron veintinueve mil. Lo curioso es que los grupos de rescate apenas vieron animales muertos en Yala, exceptuando algunos peces. Como explicación se barajan varias hipótesis: según algunos, se salvaron gracias al "sexto sentido" que tienen los animales, que se concreta en que pueden oír sonidos de un rango de frecuencias más amplio que nosotros y por eso "oyeron" el ruido del maremoto y escaparon a tiempo. otros argumentan que la zona afectada fue la más cercana al mar, que en realidad es un hábitat árido y escasamente poblado de animales. Como colofón, Amal dice que se estudiaron los movimientos de dos elefantes con radio collar antes del maremoto y para nada anticiparon el desastre inminente.

Atardecer en el parque nacional Yala

    Casi al final del safari, los guías se hacen señas: hay leopardo. Al llegar al lugar nos encontramos con una fila de ocho todo terrenos delante de nosotros que esperan su turno; y no te lo pierdas, el leopardo está descansando sobre las ramas de un árbol, entre la espesura, y para verlo hay que subirse a los estribos del vehículo, contorsionarse, sujetar los prismáticos con una mano mientras te agarras al vehículo con la otra. Aun así, lo divisas de milagro, ya que solo una parte del cuerpo es visible y se mimetiza de maravilla. ¿Cómo lo han descubierto si es imposible verle desde el nivel de visión de los jeeps? Misterio. Aún veremos otro leopardo más, tumbado entre la vegetación arbustiva, como a seis metros del camino, tampoco es fácil verlo aunque te lo señalen con el dedo. A este, la gente no le hace tanto caso, lo de encaramarse al techo del jeep era más divertido. Bueno, ¿y cuál ha sido el balance final? Veamos: dos leopardos, cinco elefantes, cinco cocodrilos, muchos búfalos de agua, un águila pescadora de vientre blanco, dos mangostas, cigüeñas, conejos, monos, jabalíes, ciervos moteados y pavos reales... y varanos, por supuesto. No ha estado mal.
    Abandonamos Yala a toda pastilla, voy de pie, con la cara al viento, saboreando los últimos rayos solares de este atardecer rojizo, apoteósico, aguantando los bruscos virajes y los golpes de mis caderas contra las defensas del jeep cuando el conductor sortea el enésimo varano, pensando en lo maravilloso que es ser consciente de estar vivo y saber disfrutar estos momentos.

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