Otros viajes

República Socialista de Sri Lanka 2012

1 de diciembre, Negombo 9 de diciembre, Hakgala, Nuwara Eliya
2 de diciembre, Sigiriya10 de diciembre, Yala
3 de diciembre, Polonnaruwa, Minneriya11 de diciembre, Kataragama, Tangalla
4 de diciembre, Anaradhapura, Mihintale12 de diciembre, Galle
5 de diciembre, Dambulla, Kandy13 de diciembre, Galle, lago Koggala
6 de diciembre, Kandy14 de diciembre, Colombo
7 de diciembre, Hatton15 de diciembre, Colombo
8 de diciembre, Nuwara EliyaDatos económicos del viaje

1 de diciembre, sábado

    Son las ocho y media de la noche cuando el Boeing 777 emprende la maniobra de aterrizaje sobre el aeropuerto Bandaranayake. De repente, el avión vuelve a subir. El capitán habla por el parlante: "Una bandada de pájaros migratorios está cruzando el aeropuerto y vamos a dar un par de vueltas hasta que el peligro haya pasado". Todavía recuerdo, hace tres años, aquel avión que acababa de despegar del aeropuerto LaGuardia en New York y chocó con una bandada de pájaros; los dos motores quedaron inutilizados y el piloto, en una decisión heroica, logró amerizar en el río Hudson sin sufrir víctimas mortales.
    Una joven vestida con sari muestra un cartel con nuestros nombres justo al final de la pasarela móvil que conecta el avión con el edificio del aeropuerto. Y que le sigamos. Sin pasar ningún control, nos conduce hasta una sala aledaña a la recogida de equipajes. Le entregamos nuestros pasaportes, visados electrónicos (ETA) y los resguardos del equipaje para que gestione nuestra entrada. En la sala se presenta Ananda, un tipo con buena planta, marca pectorales y si fuera un poco más alto podría pasar por modelo de pasarela. Será nuestro chofer y guía en inglés durante estos catorce días en Sri Lanka. Ananda significa "felicidad".
    Mientras damos buena cuenta de una bandeja con emparedados picantes y bananitos que nos han ofrecido, miro de reojo al carro que llega con nuestras maletas y... ¡sorpresa!, esa maleta no es la de mi mujer. Claro, la cosa ya empezó mal en Bilbao; facturaron nuestro equipaje hasta Dubái en vez de hacerlo hasta Colombo. Luego, en Madrid, al repasar los resguardos de las maletas, nos dimos cuenta del error y lo advertimos en el mostrador de facturación. En Barajas se cometieron dos errores más: la maleta de mi mujer se facturó de nuevo a Dubái, pero a nombre de un tal Sr. Markoff y la del Sr. Markoff apareció en Colombo a nombre de mi mujer. Por más que busco una explicación lógica no la encuentro. Afortunadamente, la maleta llegará, aunque dos días más tarde, junto con una indemnización de doscientos dólares.
    Una vez hecha la reclamación, Ananda nos conduce en un Toyota Avios de interior impecable hasta Negombo, a diez kilómetros del aeropuerto de Katunayake. Negombo es ideal para pernoctar si llegas de noche. ¿Por qué? Por seguridad: cuanto menos te expongas al tráfico nocturno, mejor. Desde el coche vemos una gran hornacina acristalada con una figura de la Virgen, otras más pequeñas con santos y varias iglesias. Ananda nos aclara que alrededor de dos tercios de los ciento treinta mil habitantes de Negombo son cristianos y hay nada menos que una veintena de iglesias. La razón de tanto cristiano es que Negombo fue el puerto de origen del comercio de canela que controlaron los portugueses durante más de cien años y ya se sabe que, a diferencia de otros colonizadores, portugueses y españoles siempre han intentado convertir a la población a su credo además de explotarles con fines comerciales.
    Nos alojamos en el hotel St. Lachlan, en una habitación muy grande y más confortable de lo esperado, visto su poca atractiva fachada rematada en simple hormigón pintado.

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