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Bandera

Reino Hachemita de Jordania 2009

29 de marzo, Damasco7 de abril, Ammán, Wadi Musa
30 de marzo, Damasco 8 de abril, Petra
31 de marzo, Damasco 9 de abril, Petra
1 de abril, Maaloula, Palmira10 de abril, Wadi Rum, la Gran Falla, Al Karak, mar Muerto
2 de abril, Palmira11 de abril, mar Muerto, Madaba, Ammán
3 de abril, Homs, Crac de los Caballeros 12 de abril, Gerasa, Ammán
4 de abril, Hama, Apamea, Ciudades Muertas, Alepo13 de abril, Ammán
5 de abril, Alepo, San SimeónDatos económicos del viaje
6 de abril, Alepo

8 de abril, miércoles

    Por fin, hoy toca Petra, la ciudad de los nabateos. Desde el centro de visitantes, donde se compra la entrada, hasta el comienzo del famoso desfiladero El Sij, hay seiscientos metros y a los cinco minutos ya te sorprenden los primeros monumentos: la tumba de los obeliscos y los bloques de Djinn.

Calle de las fachadas. Petra

    Por el lecho seco de un arroyo, paralelamente al camino de los turistas, circulan los beduinos ofreciendo transporte en burro. No sé lo que cobran por alquilarlos pero es una magnífica idea visitar los puntos de interés en burro porque, amigo, desde el Tesoro hasta el Monasterio hay unos cinco kilómetros sobre plano, pero Petra no es plana, sino que hay escaleras por todas partes, por ejemplo, los cuatrocientos peldaños de subida al Monasterio. Y bajarlos te machaca aún más las rodillas que subirlos, te lo aseguro. También se alquilan camellos, pero éstos no suben escaleras.
    Justo en la entrada del Sij —el estrecho camino natural que lleva a Petra— había un arco que se derrumbó en 1895 y es que la piedra arenisca de Petra aguanta mal el paso del tiempo, no tienes más que ver las fachadas de las tumbas reales, la tumba de la urna es similar al Tesoro pero cuesta reconocerla. Si a la erosión le añades los cuatrocientos mil turistas que pisan cada año Petra y otros problemas, como la salinidad de las aguas subterráneas, nos da un panorama poco halagüeño para su futuro.
    El desfiladero Sij en sí mismo es espectacular, se estrecha hasta los dos metros y termina en la visión conocida en medio mundo: el Tesoro.
    A los pies del Tesoro charlamos con una americana que viaja con un inmovilizador de fibra de vidrio en su pierna. Está recorriendo Israel, Líbano y Jordania en un viaje organizado por agencia y se rompió la pierna justo el día anterior a la salida del avión. Ella dice que prefiere ver Petra con la pierna rota a perdérselo.¡Qué moral!
    Después de pasar por la Calle de las fachadas y el Teatro, subimos hacia el Altar de los Sacrificios, donde no se sabe sí los nabateos o los edomitas, anteriores a aquellos, ofrecían ofrendas y sacrificios de animales a una piedra negra que probablemente representaba al dios Dushara.
    Los obeliscos que se ven en el camino hacia el altar representan a Dushara, dios de la naturaleza y a al-Uzza, diosa de la fertilidad.
El Monasterio
    Dentro del recinto de Petra se puede comer en el caótico y ruidoso restaurante del hotel Royal Crown. Al menos uno de los camareros chapurrea español. Después de la comida, la gente empieza a retirarse de Petra, probablemente por cansancio, y porque cierran a las cuatro, aunque nadie parece encargado de que se cumpla el horario. .
    Nosotros nos ponemos otra meta: el Monasterio; cuatrocientos peldaños nos separan de él. Yo no sabía ni que existía, así que imagínate mi sorpresa ante semejante maravilla, similar al Tesoro, pero mucho más grande. Justo cuando llegamos, todas las miradas están dirigidas a un beduino que lo está escalando con una facilidad pasmosa, y llega hasta la parte superior de la urna central, después salta al frontón derecho, como si nada. Seguro que el chaval ha crecido aquí y esto para él es como su casa. De hecho, algunos beduinos viven en Petra. El Monasterio data del siglo III AEC y fue la tumba del rey nabateo obodas I. Se utilizó como iglesia en el periodo bizantino.
    Atención a los burros, bajan y suben las escaleras algo descontrolados y si no te apartas te pueden tirar al suelo.
    A las seis y media contemplamos el Tesoro sentados en los bancos de la entrada, junto con tres parejas más. Encima, la luz del atardecer intensifica los colores y nos quedamos extasiados contemplando la fachada hasta que un vigilante nos invita a marcharnos.
    En el Sij andan preparando el espectáculo Petra de noche, instalando cientos de velas encendidas dentro de saquitos con arena. Un grupo musical amenizará la velada mientras te invitan a un té con menta. Nosotros hemos quedado en el hotel Royal Crown con una amiga de mi mujer que está visitando Jordania con un grupo organizado y que nos cuenta las innumerables aventuras que han pasado en tan solo dos días de viaje, ¡y no precisamente agradables! Yo siempre lo digo: si quieres aventuras de verdad, apúntate a un viaje organizado.
    Por la noche refresca un poco y un jersey se hace necesario.

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