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Bandera

República Árabe Siria 2009

29 de marzo, Damasco7 de abril, Ammán, Wadi Musa
30 de marzo, Damasco 8 de abril, Petra
31 de marzo, Damasco 9 de abril, Petra
1 de abril, Maaloula, Palmira10 de abril, Wadi Rum, la Gran Falla, Al Karak, mar Muerto
2 de abril, Palmira11 de abril, mar Muerto, Madaba, Ammán
3 de abril, Homs, Crac de los Caballeros 12 de abril, Gerasa, Ammán
4 de abril, Hama, Apamea, Ciudades Muertas, Alepo13 de abril, Ammán
5 de abril, Alepo, San SimeónDatos económicos del viaje
6 de abril, Alepo

30 de marzo, lunes

    El desayuno oriental del Talismán II es excelente. Este hotel es de los llamados boutique o "con encanto", se trata de una antigua mansión damasquina restaurada, con varios patios alrededor de los cuales se encuentran las habitaciones. Desde fuera de sus muros, es imposible reconocer la clase y buen estilo que encierran sus paredes, de hecho, el estrecho callejón que conduce a su puerta principal no podía ser más anodino y escondido. Los propietarios del Talismán ya están rehabilitando una casona en Alepo para convertirla en otro boutique hotel.
    Salimos tarde del hotel, a eso de las once; es lo bueno de viajar por tu cuenta, nadie te impone un horario. La mañana es fresca y soleada, ideal para caminar. Hoy vamos a visitar el Museo Nacional ya que mañana, martes, estará cerrado.
Al fondo, la puerta este del antiguo templo de Júpiter
    Fuera de las murallas de la Ciudad Vieja el tráfico es abundante y algo caótico. Los coches circulan a escasos centímetros unos de otros e ignoran por completo las señales de circulación, por eso, en cada cruce importante siempre hay un policía un poco desquiciado que intenta ordenar el tráfico a su manera. Raro es el coche que mantiene la chapa intacta, todos muestran muescas, bollos o rasponazos. El ruido también es notable; les encanta usar la bocina para todo, y ya se sabe, cuanto mayor sea el vehículo, mayor el bocinazo. El petardeo y humo de los isocarros, —esas diminutas furgonetillas que son capaces de llegar a las calles más estrechas— es lo peor, porque se meten hasta por las aceras y siempre aparecen donde menos te lo esperas.
    De camino al museo, pasamos por delante de la mezquita de Suleimán, diseñada por Sinán, el mismo arquitecto que proyectó la de Estambul.
    La pieza más famosa del Museo Nacional es una tablilla de arcilla (1350 AEC) con las 30 letras ordenadas del alfabeto de Ugarit. Las letras están escritas de izquierda a derecha y en el mismo orden que los alfabetos fenicio, griego y otros alfabetos europeos (a, b, c, etc.). La tablilla se utilizó en un escuela de escribanía para enseñar las letras del alfabeto. Todos los alfabetos occidentales y también el árabe tienen sus orígenes es este alfabeto de Ugarit.
   En la sala dedicada a la ciudad antigua de Mari encontramos textos de 1800 AEC dedicados por Yakh dun Lim, rey de Mari, al dios Shamash, con motivo de la inauguración de un templo. También hay una colección muy interesante de relojes solares antiguos.
Patio de la Mezquita omeya de Damasco
    Callejeamos un poco por los alrededores del hotel Homayad sin encontrar puntos de interés en el centro de la parte moderna de la ciudad. Al atardecer, visitamos la mezquita omeya, la tercera en importancia del mundo musulmán, detrás de la mezquita de La Meca y la de Medina. En la entrada norte de la mezquita te dejan gratis una abeyya (capa con capucha) si vas con pantalones cortos o eres mujer.
    Caminando descalzo sobre el blanco mármol del patio, caliente aún por los rayos del sol, me llama la atención la combinación de estilos: fue templo romano dedicado a Júpiter, iglesia cristiana de San Juan el Bautista en el siglo IV y mezquita con los omeyas.
    En la sala de oración (haram), la gente muestra auténtica veneración por el sepulcro que, según dicen, contiene la cabeza del profeta Yahya (san Juan el Bautista, para los cristianos). Su nacimiento también fue milagroso, como el de Jesús, ya que cuando su madre dio a luz, pasaba ampliamente de la edad fértil.
    Al recorrer las calles de la parte este de la Ciudad Vieja, se nota un aumento en la calidad de las casas y de las tiendas y las mujeres llevan el pelo al descubierto, aquí vive una importante comunidad árabe cristiana ortodoxa.
    Cenamos de nuevo en el Al Kawhali, por supuesto.

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