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Bandera

Reino Hachemita de Jordania 2009

29 de marzo, Damasco7 de abril, Ammán, Wadi Musa
30 de marzo, Damasco 8 de abril, Petra
31 de marzo, Damasco 9 de abril, Petra
1 de abril, Maaloula, Palmira10 de abril, Wadi Rum, la Gran Falla, Al Karak, mar Muerto
2 de abril, Palmira11 de abril, mar Muerto, Madaba, Ammán
3 de abril, Homs, Crac de los Caballeros 12 de abril, Gerasa, Ammán
4 de abril, Hama, Apamea, Ciudades Muertas, Alepo13 de abril, Ammán
5 de abril, Alepo, San SimeónDatos económicos del viaje
6 de abril, Alepo

12 de abril, domingo

    Con la ayuda del mapa llegamos a Gerasa sin ningún problema, en unos cincuenta minutos desde el centro de Ammán. Gerasa ya era una ciudad importante en tiempos de Alejandro Magno (333 AEC); alcanzó su mayor gloria en época romana (siglo III); después conoció la invasión persa (614), la conquista musulmana (636) y la puntilla se la dió el terremoto de 747, que la devastó.

Gerasa

    Las ruinas actuales corresponden a edificios romanas muy bien conservados, la calzada parece hecha ayer y está casi completa, se ven con claridad las roderas de las cuadrigas romanas. Y fijaros en el sistema de evacuación de aguas pluviales de la calzada, tan eficaces entonces que los seguimos utilizando.
    En el yacimiento encontramos lo que parecen cienpiés muertos en grandes cantidades, pero no, se ve que es la época del cambio de piel.
    Nos apuntamos también al espectáculo de las legiones romanas en el hipódromo: una demostración didáctica de cómo se organizaban las legiones y sus estrategias en la lucha. Nos muestran algunas formaciones que adoptaban en caso de enfrentamiento: la tortuga, la cuña, el círculo, la escaramuza, etc. La carrera de cuadrigas es el broche final y luego bajamos a la arena para fotografiarnos con los fieros romanos y dar una vuelta al circuito montados en una cuadriga.
Formación defensiva llamada el círculo
    Dejamos Gerasa tras cinco horas de visita y nos acercamos hasta el Castillo de Ajlun, construido en el siglo XII por los ayubedas para proteger sus reinos de las incursiones de los cruzados. Mejor que el propio castillo son las vistas del valle del Jordán. La campiña está salpicada de árboles frutales y parece un lugar delicioso para hacer senderismo o recorrerlo en bicicleta.
    Aunque regresamos de noche, el camino hasta la capital resulta fácil, pero una vez dentro de Ammán no somos capaces de encontrar nuestro hotel. La autopista carece de iluminación y la velocidad del tráfico es irracional. ¿Dónde demonios estamos? Desde la autopista, por fin divisamos varios edificios iluminados que reconocemos como cercanos a nuestro hotel, pero para encontrar una salida de la autopista aún debemos recorrer varios kilómetros y cuando salimos nos danos de lleno con uno de esos barrios lleno de vida, tiendas abiertas, tráfico caótico y calles laberínticas y empinadas. Aparcamos el coche y preguntamos a la gente, con el mapa en la mano, para ver si somos capaces de situarnos. Hay que reconocer que esta gente siempre se desvive por ayudarte; en esta ocasión les ha costado una barbaridad, pero claro, según nuestros interlocutores el mapa está incompleto y faltan carreteras. Al final encontramos nuestro hotel, faltaría más, pero tiempo y sudores nos ha costado. (Sí, en 2009 ya existían los navegadores, pero nuestro presupuesto no daba para tanto).

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