Otros viajes

Reino Hachemita de Jordania 2009

29 de marzo, Damasco7 de abril, Ammán, Wadi Musa
30 de marzo, Damasco 8 de abril, Petra
31 de marzo, Damasco 9 de abril, Petra
1 de abril, Maaloula, Palmira10 de abril, Wadi Rum, la Gran Falla, Al Karak, mar Muerto
2 de abril, Palmira11 de abril, mar Muerto, Madaba, Ammán
3 de abril, Homs, Crac de los Caballeros 12 de abril, Gerasa, Ammán
4 de abril, Hama, Apamea, Ciudades Muertas, Alepo13 de abril, Ammán
5 de abril, Alepo, San SimeónDatos económicos del viaje
6 de abril, Alepo

11 de abril, sábado

    El hotel Spa Dead Sea dispone de un centro de tratamientos que aprovechamos para darnos un masaje sueco de espalda de media hora. Después nos acercamos hasta la playa para probar la sensación de ingravidez de sus aguas, pero antes, rebozo todo mi cuerpo con un barro negro de un balde de plástico que hay en la orilla que el hotel pone a disposición de sus clientes. Dicen que este betún contiene calcio, magnesio, yodo y no sé cuántas cosas más...
Flotando en las aguas del mar Muerto
    Después de secarme al sol me quito el barro en las duchas de la orilla y, ... al aaagua. La salinidad del mar Muerto es ocho veces superior a la de los océanos y esto hace que su peso específico llegue hasta 1.16 kgf/dm3; como el cuerpo humano pesa 0.95 kgf/dm3 es imposible hundirse. No creas que es el único mar hipersalino del mundo, tampoco es el más salado; pero sí es el más famoso y visitado. Y las historias relacionadas con él son incomparables: Jericó, Sodoma y Gomorra, manuscritos, Biblia, judíos, Moisés, Herodes...
    ¿Y que te puedo decir del chapuzón en el mar Muerto? Pues que es divertido, puedes dar giros sobre ti mismo, hacer el patito, leer una revista o buscar una postura totalmente relajada para tomar el sol, pero siempre teniendo cuidado que el agua no te alcance ni los ojos ni cualquier herida que tengas en tu cuerpo, ¡qué escuece! Los que nadan salpicando no son bienvenidos.
    Si te fijas en la superficie del mar verás que brilla de manera especial, de hecho, cuando sales del agua, sientes que las gotas de agua que aún quedan sobre la piel tienen una consistencia aceitosa.
    Lo de bañarse en el mar Muerto está bien como nueva experiencia pero la piscina resulta más cómoda y limpia; en ella nos instalamos hasta la hora de dejar el hotel. Los bikinis de las turistas parece que atraen las miradas de los que trabajan en el hotel. Dos chavalas con pañuelo islámico, desde la puerta del restaurante, no dejan de mirar a las chicos y chicas adolescentes que juegan, gritan, se persiguen y mantienen contacto físico constantemente al lanzarse por el tobogán de agua. Me imagino que les escandaliza esos bañadores tan diminutos, esa familiaridad y contacto entre sexos que tanto prohibe su religión.
    Subiendo las paredes de la Gran Falla, visitamos el museo Panorámico del mar Muerto que ofrece, además de unas estupendas vistas, mucha información sobre esta zona. ¿Hay vida en el mar Muerto? Pues eso parece, unas bacterias llamadas halofitas (amantes de la sal) se mueven en grandes líneas serpenteantes de color rojizo sobre la superficie. Unos carteles explican muy gráficamente la formación del mar Muerto, la deriva de las placas arábiga y palestina, la historia de su salinidad, la posible existencia de Sodoma y Gomorra y su destrucción en un terremoto, la extracción de betún del mar Muerto por parte de los nabateos para venderlo en Egipto para embalsamar momias e impermeabilizar barcos, la historia de los llamados manuscritos del mar Muerto, los molinos de azúcar (del árabe "sukkar") de caña que crecieron en los alrededores, la disminución de volumen del mar Muerto, que en 1900 cubría una superficie 950 Km² y en el 2000, tan solo 600 Km², y muchas más cosas.
Iglesia de San Jorge y su mapa-mosaico
    Madaba dista treinta kilómetros pero se nos hace larguísimo porque nuestro depósito de gasolina está casi a cero, estamos subiendo y encima es que esto es como un erial pedregoso, un paisaje lunar sin vida, ideal para una película sobre el Apocalipsis. Llegamos, por fin, a Mádaba. Mádaba fue abandonada por completo en el 747 a causa de un terremoto y a finales del XIX se asentaron aquí dos mil cristianos que huían de al-Karak porque los musulmanes los querían degollar. Al excavar para buscar cimientos encontraron los célebres mosaicos. El más famoso se descubrió en 1884 en la iglesia de San Jorge. El precio de la entrada incluye también el museo arqueológico y los mosaicos de la iglesia de los apóstoles.
    Aunque llegamos tarde al museo, nos permiten entrar. El hombre que nos recibe en la entrada se muestra muy cordial y nos guía por las salas, aunque mi mujer se ha sentido incómoda ya que, según me dice, el tipo le guiñaba el ojo de vez en cuando y se le acercaba demasiado. Para que veamos mejor los mosaicos, llenos de polvo, los rocía con un pulverizador de agua. No sé si le durarán mucho con esta práctica.
    Nos parece un milagro encontrar el hotel Kempinski de Ammán a la primera, pero es que una brújula obra milagros. Ammán es un auténtico laberinto; el tráfico es muy intenso, tanto en las autopistas como en las secundarias y está lleno de cuestas, pendientes y vericuetos. Un follón. Llegamos a tiempo para el bufé de la cena, muy bueno, por cierto. El postre om-Ali, que consiste en hojaldre con leche, nueces, almendras y pasas está verdaderamente genial; habrá que intentar cocinarlo en casa.

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