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Bandera

República Árabe Siria 2009

29 de marzo, Damasco7 de abril, Ammán, Wadi Musa
30 de marzo, Damasco 8 de abril, Petra
31 de marzo, Damasco 9 de abril, Petra
1 de abril, Maaloula, Palmira 10 de abril, Wadi Rum, la Gran Falla, Al Karak, mar Muerto
2 de abril, Palmira11 de abril, mar Muerto, Madaba, Ammán
3 de abril, Homs, Crac de los Caballeros 12 de abril, Gerasa, Ammán
4 de abril, Hama, Apamea, Ciudades Muertas, Alepo13 de abril, Ammán
5 de abril, Alepo, San SimeónDatos económicos del viaje
6 de abril, Alepo

1 de abril, miércoles

    El empleado de Europcar que nos trae el coche al hotel llega con una hora de retraso y, además de no disculparse, contesta de malos modos cuando mi mujer le reconviene por el retraso. No hemos reparado que los musulmanes consideran a las mujeres inferiores en mente, cuerpo y espíritu. Ya ves, en todo el Corán sólo aparece un personaje femenino: Maryam (la Virgen María de los cristianos). El coche nos espera en la puerta norte, la Bab as-Salaama; es un Nissan Sunny en aparente buen estado.
    Para salir de Damasco y llegar hasta Maaloula nos ayudamos con unas fotos aéreas sacadas de Internet. Aunque todos los lugares turísticos están bien señalizados, estas fotos han mostrado ser de gran ayuda, ya que el plano de Siria que compramos en España presentaba un error importante en el trazado de la carretera hacia Palmira.
Convento de Santa Tecla en Maaloula
    Maaloula dista cincuenta y ocho kilómetros de Damasco y es una pequeña población con dos puntos de relativo interés: el convento y la brecha de Santa Tecla, por donde escapó la santa cuando estaba a punto de perder su virginidad. El convento se construyó en el año 60 d.C. y es el más antiguo en la historia de la cristiandad, aunque ahora mismo poco tiene que ver con el original ya que es el mejor edificio, con mucho, de todo el pueblo.
    A las doce y media dejamos Maaloula y ponemos rumbo a Palmira. Son doscientos veinte kilómetros de puro desierto que recorremos casi en solitario. Atravesamos Qutaife, Dumayr, Basiri... La carretera está en buen estado, así que no se hace demasiado duro, aunque el paisaje es monótono.
    En las proximidades de Palmira, la calzada empedrada cruza las ruinas y podemos apreciar el sol del atardecer sobre la Gran Columnata. Pero primero, veamos si nuestra reserva en el hotel Villa Palmyra se mantiene. En la recepción del hotel nos recibe un tipo de aspecto siniestro: pálido y delgado, nariz aguileña, frente despejada y ojos saltones que da qué pensar. El hotel es sencillo, sin alardes, pero cumple su función.
    Como las ruinas están a menos de tres minutos en coche, dejamos las maletas en la habitación y regresamos, además, sólo cobran la entrada al templo de Bel, así que nada te impide vagar todo lo que quieras por el resto de las ruinas. Aparcamos junto al hotel Zenobia Cham Palace. Este hotel lo abrió y dirigió, entre 1927 y 1937, la vasco-francesa Marga Andarain, que llevó una vida trepidante, de película: fue aventurera, espía, traficante de opio, condenada a muerte y finalmente asesinada en Tánger en 1948. La británica Agatha Christie se alojó en la habitación 103 mientras escribió Asesinato en Mesopotamia.
    A pocos metros del Zenobia se encuentra el santuario de Baal Shamin, dedicado al dios fenicio de las tormentas, tan pulcramente reconstruido que nadie diría que data del año 17. Cien metros hacia el sur, nos topamos con el Tetrapylon de la Gran Columnata, construido para ocultar un fallo de diseño del paseo de las columnas. Al pie del Tetrapylon charlamos con un beduino a camello que porfía con vendernos el kit básico del beduino: la kefiya (típico pañuelo árabe a cuadros sobre la cabeza) y el agal (cuerda redonda que lo sujeta a la cabeza). Nos avisa que mañana, todos los beduinos de Palmira han sido contratados como extras en un video musical, así que debemos aprovechar hoy si queremos comprar algo.
    Al oeste, sobre una loma, se divisa un castillo árabe, un lugar fantástico para ver el sol del atardecer caer sobre Palmira. Nos acercamos hasta allí y comprobamos que aquí se concentran todos los turistas de Palmira. La vista sobre la ciudad, las ruinas y el palmeral es magnífica.

Vista de Palmira desde el castillo árabe

    Cenamos un anodino bufé de comida internacional en el Zenobia Cham Palace. ¡Cómo añoramos el restaurante Al Kawhali de Damasco!

La propiedad intelectual de los textos y de las fotos me pertenece, por lo que está prohibida su reproducción total o parcial sin mi expresa autorización.

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