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Bandera

República Árabe Siria 2009

29 de marzo, Damasco 7 de abril, Ammán, Wadi Musa
30 de marzo, Damasco 8 de abril, Petra
31 de marzo, Damasco 9 de abril, Petra
1 de abril, Maaloula, Palmira 10 de abril, Wadi Rum, la Gran Falla, Al Karak, mar Muerto
2 de abril, Palmira 11 de abril, mar Muerto, Madaba, Ammán
3 de abril, Homs, Crac de los Caballeros 12 de abril, Gerasa, Ammán
4 de abril, Hama, Apamea, Ciudades Muertas, Alepo13 de abril, Ammán
5 de abril, Alepo, San Simeón Datos económicos del viaje
6 de abril, Alepo

29 de marzo, domingo

    Aterrizamos en el aeropuerto de Damasco con una hora de retraso, a las siete y cuarto de la tarde. Venimos con el visado pegado en nuestro pasaporte desde España, así que los trámites en el control de inmigración son sencillos y rápidos. Como las tarjetas de crédito no son muy populares en Siria, cambiamos doscientos euros en libras sirias y una vez fuera del edificio del aeropuerto, a la derecha según se sale, nos dirigimos al kiosco de la compañía de taxis Julia Domna, donde pagamos por adelantado un taxi hasta el hotel Talismán, en el caso antiguo de Damasco.
    ¿Y ese nombre de Julia Domna? El taxista nos explica en inglés que fue la esposa siria del emperador romano Lucio Septimio Severo, era mujer de mucho carácter y le gustaba influir en cuestiones de estado a través de su marido. Se ve que no es la primera vez que se lo preguntan.
    Tras recorrer los treinta y dos kilómetros que nos separan de Damasco nos adentramos en las cercanías del casco antiguo. Aunque el taxista no conoce el hotel Talismán, se las arregla preguntando a este y al otro. Según avanzamos las calles se estrechan y cada vez se hace más difícil continuar. En la zona peatonal nos bajamos del taxi y rodamos nuestros pequeñas maletas hasta llegar al hotel.

Zoco Al-Hamidiya en el casco viejo de Damasco

    Nuestra sorpresa es grande cuando el recepcionista nos comunica que nos han reservado habitación en el Talismán II ya que el uno está lleno. Ni siquiera conocíamos su existencia. Un pequeño coche eléctrico, como los de golf, nos conduce hasta él. El Talismán II es más reciente y no tiene el mismo nivel que el Talismán I en cuanto a las decoraciones de los patios, sin embargo, la habitación es muy cómoda y el hotel está a tiro de piedra de la Mezquita Omeya. Ni rechistamos ante el cambio de hotel.
    Salimos a la calle para tener una primera toma de contacto con la Ciudad Vieja de Damasco. Nuestra pequeña brújula nos ayuda mucho a orientarnos en un lugar tan laberíntico como este. Los GPS no reciben la señal de radiofrecuencia de los satélites en callejuelas estrechas.
    El horario comercial es de 9:30 a 14:00 y de 16:00 a 20:00, pero son las diez de la noche y todavía encontramos muchas tiendas abiertas y cierta animación en las calles principales, sobre todo, alrededor de las tiendas que despachan comida rápida. Sí, hoy es domingo, pero en Siria sólo disfrutan de un día festivo, el viernes, día consagrado a su Dios, Alá.
    Caminamos por la calle Al Qaimariyeh hacia la Mezquita Omeya, pasamos el zoco cubierto y peatonal de Al-Hamidiya, ya casi desierto, y bajamos hacia el sur, hacia la calle Recta.
Restaurante Al-Kawhali
    No hay que desanimarse al ver los impresionantes coches BMW serie siete y los guardaespaldas que esperan fuera del restaurante Al Kawhali, es increíblemente económico y lo mejor de todo, sirven comida siria al cien por cien. El camarero nos conduce hasta la mesa que se ve al fondo de la foto, a la derecha de la puerta de la cocina, y la gira para que tengamos una mejor visión del local. Me entusiasma la comida árabe, hay tantos entremeses diferentes que no sabe uno qué pedir. Nos decidimos por una sopa de lentejas (de color naranja), hummus (pasta de garbanzos), yogur, pimientos rellenos y unos rollitos de arroz. El plato principal es cordero, en forma de longaniza rellena de frutos secos. Como no sirven alcohol, pedimos polo (zumo de limón con menta), muy refrescante. Es habitual que te regalen el postre, que en esta ocasión consiste en los clásicos baklava: hojaldre con miel relleno de pistachos y almendras. ¡Uf, demasiada comida!, habrá que practicar la contención los próximos días o regresaremos como bolas. El servicio ha sido rápido y atento. Ni una sola mujer en el interior. Al salir, nos interesamos por la canción que hemos escuchado por los altavoces durante la cena y el jefe de comedor nos la graba en una memoria USB. Vale la pena visitarlo aunque sólo sea por la decoración de suelos y paredes. Está situado en un callejón de la calle Recta, muy cerca de donde termina el zoco cubierto Medhat Pasha.
    Regresamos al hotel paseando tranquilamente y observamos que todo el casco viejo está en restauración, muchas lonjas han sido reconvertidas en restaurantes o tiendas de ropa. Las fachadas de otros edificios amenazan ruina y se soportan con vigas y columnas metálicas de refuerzo.

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