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Sicilia 2003

28 de junio, Palermo10 de julio, Lido di Noto, Noto
29 de junio, Palermo 11 de julio, Noto, Cassibile, Ragusa
30 de junio, Monreale 12 de julio, Ragusa Ibla, Caltagirone, Piazza Amerina
1 de julio, Câccamo, Cefalú, Petralia Sottana y Soprana 13 de julio, Piazza Amerina
2 de julio, Sperlinga, Castel di Tusa, Santo Estefano, Patti 14 de julio, Agrigento
3 de julio, Tyndaris, Stròmboli 15 de julio, Sciacca, Selinunte
4 de julio, Stròmboli 16 de julio, Selinunte, Scopello, Segesta
5 de julio, Giardini-Naxos, Taormina 17 de julio, Érice, Scopelo, Castellmare
6 de julio, Villa Comunale, Gola Dell'Alcàntara 18 de julio, Palermo
7 de julio, Linguaglossa 19 de julio, Palermo
8 de julio, Catania, Siracusa 20 de julio, Palermo
9 de julio, Siracusa

16 de julio, miércoles

    Procuramos visitar las ruinas de Selinunte temprano para evitar la chicharra de las horas centrales del día. A las nueve ya estamos en la puerta de acceso, la temperatura es agradable para caminar.
    Selinunte fue durante tres siglos la más fastuosa y grande de las ciudades helenísticas. No se llevaba nada bien con Segesta, así que éstos se aliaron con los cartaginenses y en el 409 AEC, un ejército de cien mil soldados masacró a sus habitantes.
    El templo de Hera (siglo V AEC) se derrumbó en un terremoto y se volvió a reconstruir por anastilosis. El templo G está en ruinas y es una lástima porque es enorme, de los más grandes de la antigüedad, las columnas tenían 16 m de altura.
    Desde los templos orientales hasta la acrópolis hay una buena tirada, la hacemos a pie. Lo que más me gusta de la acrópolis es su situación, en una elevación entre dos playas. No eran tontos los griegos, no.
    A las once y media salimos hacia Scopello, pequeñísimo y encantador pueblo a las puertas de la Reserva Natural Lo Zingaro. El agua de la fuente de la plaza debe ser como mínimo milagrosa ya que hay que hacer cola para conseguir unos litros. Nos alojamos en una casa particular situada a las afueras.
Teatro romano de Segesta
    A las seis de la tarde marchamos hacia Segesta. Cuando llegamos nos encontramos con que ya está cerrado a las visitas turísticas, sin embargo, hay mucha gente, la razón es que se representa en el teatro griego una tragedia, Didone. Nos apuntamos. Nos suben en autobús por una serpenteante carretera hasta el teatro. Tomamos asiento y observamos que por todo escenario hay una tarima de madera y nada más, ni luces ni equipo de sonido, esto vendría a toda prisa media hora más tarde. Total, que se monta un rifirrafe verbal entre el público y el responsable del evento. La cosa no va a mayores. En el fondo, les encanta estos follones, creo que no podrían vivir sin ellos. En tiempo récord tienen listo el escenario: luces, sillas, partituras (sujetadas con pinzas de la ropa), instrumentos, altavoces, micrófonos, mesa de mezcla, todo. ¡Ah!, y todas y cada una de las cuerdas del arpa son afinadas. Disfrutamos de la representación, a pesar de que no sabemos italiano, lo que dificulta mucho nuestra comprensión de la obra.
    Cenamos en Scopello, en Il Baglio.

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