Los viajes de Mariano

República de las Seychelles 2011

27 de noviembre, La Digue 5 de diciembre, Praslin
28 de noviembre, La Digue 6 de diciembre, Praslin
29 de noviembre, La Digue 7 de diciembre, Mahé
30 de noviembre, La Digue 8 de diciembre, Mahé
1 de diciembre, La Digue 9 de diciembre, Mahé
2 de diciembre, Praslin 10 de diciembre, Mahé
3 de diciembre, Praslin 11 de diciembre, Mahé
4 de diciembre, Praslin Datos económicos del viaje

8 de diciembre, jueves. Mahé.

    Nos levantamos a las siete con la idea de recorrer el perímetro de la isla y descubrir alguna playa que nos guste. Enfilamos hacia el norte. Las guías califican la playa del hotel Sunset Beach como una de las mejores para practicar buceo superficial. No es una playa de acceso cómodo ya que el guarda no te permite cruzar ni aparcar en el hotel. Además, el oleaje es muy fuerte, así que seguimos adelante. Lo mismo ocurre en otras playas: fuerte oleaje cuando no están protegidas por una barrera de coral o, si la hay, apenas cubre por la rodilla.
Anse Royale, Mahé
    Pasamos el aeropuerto y nos detenemos en la playa de Anse Royale, ésta sí que es ideal: protegida por una barrera de coral y hasta se puede nadar. Nos instalamos en una pequeña cala protegida a derecha e izquierda por bloques de granito. Solos. Según pasan los minutos las calas aledañas se van llenando de gente. Aparece un policía hablando por el móvil y apuntando algo en un papel. Justo cuando me dispongo a meterme al agua, se produce la invasión: una familia india al completo: abuelos, padres, hermanos e hijos toman la playa con todos los enseres necesarios para pasar el día completo, alfombras incluidas. Entonces aparecen dos policías turísticas que no les quitan ojo.
    El buceo superficial de hoy ha sido productivo: el agua es cristalina junto a las rocas de granito del islote Souris y he pasado un rato entretenido en los corales observando peces loro, Picasso, mariposa, trompeta, ángel, señoritas, labios amarillos, etc.
    Desde que nos contaron que murieron dos turistas en Anse Lazio por tiburones no estoy tranquilo cuando practico buceo superficial. Ya sé, es muy raro que penetren dentro de la barrera de coral, pero no imposible. ¿Y cuál es el protocolo a seguir? Lo principal es conservar la calma y mantener el contacto visual con el tiburón. Si tienes oportunidad de nadar, hacerlo suavemente, evitando el ruido y el chapoteo. Se desconoce la interpretación que el tiburon da al chapoteo, pero se ha comprobado sus efectos: más chapoteo, mayor probabilidad de ataque. Hacerse el muerto no sirve de nada; lo mejor es defenderse con lo que sea: piedras, palos o golpearle con todas tus fuerzas con manos, codos o piernas en el morro, las agallas y, sobre todo, en los ojos. Incluso si te muerde, el objetivo debe ser los ojos. Ojalá nunca tengamos que poner estos consejos en práctica.
Anse Gaulettes, Mahé
    En el camino hacia el restaurante Batista, nos detenemos frente a un puesto de frutas de la carretera, justo a la salida del hotel Banyan Tree. Las piñas despiden un aroma estupendo y les calculo unos tres kilos, pero ¡nos piden trescientas rupias! Sí, ya lo veo: precio fijo. Chaval, ¡qué son dieciocho euros! ¡Será carero!
    Nos ha costado encontrar el restaurante Batista; las señales eran confusas. Mi mujer pide rey y yo, tiburón, que ya tenía ganas de hincarle el diente. Ambos pescados han sido adobados y saben parecido. El tiburón que me sirven es diminuto, los medallones no son mayores que los de una merluza mediana.
    Más adelante, nos gusta Anse Gaulettes, así que descansamos un rato bajo una sombra. Luego seguimos por la carretera de la costa con intención de llegar hasta Port Launay pero a la altura de Le Meridien Barbarons cae un fuerte aguacero que nos hace parar; los limpiaparabrisas no dan abasto y en cinco minutos llueve tanto que por las cuestas de La Misére bajan auténticos torrentes. De vez en cuando, se agradecen estas tormentas que limpian el cielo de nubes y refrescan el ambiente. Un cielo completamente azul y despejado es raro en Seychelles, fíjate en las fotos, lo habitual es ver una zona de nubes cenicientas apelotonadas, en constante cambio de formas, sobre un gran área turquesa. Las nubes corren mucho en esta zona del planeta.
    Justo antes de llegar a Victoria nos asomamos a un mirador de vistas fantásticas. Desde aquí se ve la isla Edén, donde se ha construido una urbanización de lujo con embarcadero para yates; también se divisa la isla Santa Ana, antigua estación ballenera; y la isla Anónima, de la que se cuentan fantásticas historias de fantasmas y tesoros escondidos. Y se ven muchas muchas: Romainville, Cousin, Mediana, de las Ratas, Booby, Aride, Seche, etc.
    Llegamos de noche a nuestro alojamiento y bajamos a remojarnos a la piscina. Esta vez no nos bañamos desnudos, que hay gente en las mesas aledañas.

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