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República de las Seychelles 2011

27 de noviembre, La Digue 5 de diciembre, Praslin
28 de noviembre, La Digue 6 de diciembre, Praslin
29 de noviembre, La Digue 7 de diciembre, Mahé
30 de noviembre, La Digue 8 de diciembre, Mahé
1 de diciembre, La Digue 9 de diciembre, Mahé
2 de diciembre, Praslin 10 de diciembre, Mahé
3 de diciembre, Praslin 11 de diciembre, Mahé
4 de diciembre, Praslin Datos económicos del viaje

7 de diciembre, miércoles. Mahé.

    Tomamos un taxi y embarcamos en el jetty de las ocho y cuarto. Como tienen que anotar nuestro nombre en el billete, es conveniente presentarse en taquilla con media hora de antelación. El viaje desde Praslin a Mahé ha resultado incómodo porque, de repente, a media travesía, se ha desatado una tormenta con lluvia y niebla muy densa y el barco se ha movido bastante. Para rematar, han proyectado una película nada apropiada para este viaje: 2012, de Roland Emmerich, que cuenta cómo un tsunami gigantesco arrasa la Tierra. Según nos aproximamos a Mahé el cielo se va despejando y pisamos el puerto bajo un sol espléndido y bastante humedad. El representante de la agencia de alquiler no falta a su cita. Esta vez es un Hynduai automático.
    Salimos del puerto hacia Victoria dentro de un embotellamiento de tráfico. En la primera glorieta, una escultura con forma de tres pájaros blancos simboliza los tres continentes de los que procede la población de estas islas: Asia, África y Europa. La avenida de la Independencia nos lleva hasta la Torre del Reloj, una réplica reducida del Little Ben de Londres.
Mercado de Victoria, en Mahé
    El verdadero corazón de Victoria es el mercado de pescado, fruta y verdura. Los pescados son abundantes y es que los seychellenses figuran a la cabeza del consumo mundial de pescado. El pez más numeroso es la carange o palometón, seguido por las barracudas, bonitos y pargos. Sobre el suelo descansan los restos de un pez enorme, seguramente un tiburón. Del tiburón, además de las aletas, venden la piel, la secan y después hacen guisos con ella. Los pescados se pesan a la antigua, a ojo de buen cubero. Venden también artículos caseros, como unas botellas con guindillas que llaman fuego del infierno, esencia de vainilla, aceite de coco, etc.
    Si os gustan las frutas tropicales, seguro que os interesa saber lo que se ofrece en los puestos del mercado: plátano de cocinar y de postre, papaya, mango, lima, piña, jamalac, guanábana, maracuyá, fruta de la pasión, pomelo chino, mangostán, lichi ...
    Como nuestro alojamiento en Mahé dispone de cocina, nos hacemos con una barracuda y otras delicias tropicales. Ahora nos dirigimos a Beau Vallon, al otro lado de la montaña. Allí nos aguarda un pequeño estudio en los apartamentos Hanneman.
Puesto de comida en el bazar Labrin, Mahé
    Dejamos las maletas en el estudio y salimos. Enfrente de la playa Beau Vallon no se puede aparcar: la carretera se corta todos los miércoles porque se celebra el bazar Labrin, un mercadillo donde se venden artesanías y comida cocinada al momento o traída de casa —mermeladas, fritos de plátano, pastel de coco, curris...— mientras un par de músicos tocan moutia.
    Aparcamos el coche tras una enorme roca, en la parte norte de la playa Beau Vallon. Entre la roca y nuestro coche, un grupito de adolescentes beben sus cervezas y se animan al ver correr a una rubia en pantalón corto y coleta al viento. El más lanzado corre hasta el borde de la calzada y, con una mano en el cigarrilo y la otra en el cuello de la cerveza, da un pase torero a la vez que le suelta un hellooo!. La chica les sonríe con sorna.
    Beau Vallon presenta un mar muy embravecido. El pasado veintisiete de noviembre, dos hermanos de St. Louis, de veintidós y diecinueve años, se ahogaron en esta playa, así que hay que andarse con cuidado.
    La playa de Beau Vallon se ve muy frecuentada, no solo por turistas que tienden sus cuerpos al sol, también por los lugareños: justo al lado de la carretera, en el extremo norte de la playa, se reúnen bajo la sombra de un enorme boisdamier para jugar al dominó y arreglar el mundo. Los pescadores también acuden con las capturas del día. Destripan los pescados y una nube de cientos de moscones acuden al olor de la sangre cebándose con las vísceras. Preguntamos por las langostas y contestan que su captura está prohibida hasta el próximo año. Una pareja practica Tai Chi al atardecer y un chaval pesca al lanzado desde la playa, sin caña, enrollando el sedal en una botella de plástico. Otros hacen ejercicio o juegan al fútbol.
    Cuidado al andar descalzos por las playas de Mahé: un deporte muy practicado en Beau Vallon y otras playas es el levantamiento de vidrio y hemos observado cristales de botellas de cerveza Seybrew y vodka Takamaka Bay entre la arena, las bebidas de mayor éxito en esta isla.

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