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República de las Seychelles 2011

27 de noviembre, La Digue 5 de diciembre, Praslin
28 de noviembre, La Digue 6 de diciembre, Praslin
29 de noviembre, La Digue 7 de diciembre, Mahé
30 de noviembre, La Digue 8 de diciembre, Mahé
1 de diciembre, La Digue 9 de diciembre, Mahé
2 de diciembre, Praslin 10 de diciembre, Mahé
3 de diciembre, Praslin 11 de diciembre, Mahé
4 de diciembre, Praslin Datos económicos del viaje

5 de diciembre, lunes. Praslin.

    El producto turístico más popular de Praslin, después de las playas, es el parque nacional Valle de Mayo y hoy decidimos visitarlo. Viajamos en un autobús de línea regular, moderno, rápido y barato que nos deja justo enfrente de la puerta del parque. Es el lugar patrimonio de la humanidad más pequeño del mundo, sin embargo, a nosotros la visita nos da para tres horas.
Con un sugerente coco de mar en el Valle de Mayo, Praslin
    A diferencia del resto de Praslin, el Valle de Mayo no fue alterado por el hombre hasta 1930. Ese año, un nuevo propietario decide convertirlo en jardín botánico e introduce exotismos de todo el mundo. En 1948 el Gobierno compra el Valle de Mayo y elimina las plantas foráneas para recuperar su aspecto original.
    La particularidad de este parque radica en que se trata de un bosque primitivo que no ha cambiado demasiado desde que las islas Seychelles se separaron del supercontinente Gondwana (actuales África, Madagascar e India), hace cientos de millones de años.
    Muchas plantas y animales solo se encuentran en estas islas, como el caracol de la palmera de coco de mar, el limaco blanco, una ranita arboricola (Tachycnemis seychellensis), el bois rouge, el latanier, etc, pero el más famoso es, sin duda, la palmera del coco de mar (Lodoicea maldivica), que crece en este parque y en la isla Curieuse. Las palmeras de coco de mar pueden ser masculinas o femeninas. La femenina produce la semilla más pesada y voluptuosa que se conoce. Llega a pesar veinte kilos y tarda siete años en madurar. La primera hoja aparece un año después de la germinación de la semilla y los tallos jóvenes alcanzan los catorce metros de altura. A los quince años aparece el tronco. Viven hasta cuatrocientos años.
Caracol endémico (Stylodonta studeriana) del Valle de Mayo, Praslin
    Los cocos de mar se venden en las tiendas de recuerdos para turistas en serie numerada y su precio arranca en los ciento ochenta euros.
    Mientras paseamos por los senderos del parque se cruza con nosotros un adulto y siete crías de tenrec ecaudatus. Pasan a un metro de nuestros pies y nos ignoran por completo; no tienen ningún miedo del hombre. Por la carretera es frecuente ver ejemplares atropellados.
    Me sorprende descubrir en un arroyuelo un grupo de zapateros sobre la superficie del agua. No comprendo cómo están tan extendidos en todas las aguas dulces del mundo. Habrá que investigarlo.
    Salimos del parque a las dos y media. Al preguntar por el horario del autobús un hombre nos asegura que el siguiente pasa dentro de cuarenta y cinco minutos, pero que él nos lleva a Anse Volbert por diez euros. Siempre es bueno contrastar la información así que pregunto a la camarera del café y, con el horario en la mano, nos garantiza que el siguiente autobús está al caer y, efectivamente, ahí viene.
    Pasamos la tarde en la playa Anse Volbert. Antes de extender la toalla es conveniente mirar hacia arriba por si te has colocado debajo de una palmera con cocos. Y es que son muchos los peligros que te acechan en estas islas: moscas de la arena, tiburones, cocos... Ja, ja. Es broma.
   Un chico se acerca y nos ofrece una excursión para pasar el día en la isla Curieuse: ver tortugas de Aldabra, hacer senderismo y bucear, con barbacoa incluida. El precio es la mitad que en los hoteles de postín. Efectivamente, en 1978 se trajeron doscientas tortugas del atolón de Aldabra a Curieuse, en parte como atracción turística y también para tener una población alternativa en caso de enfermedad o cualquier otro desastre natural. El chico nos confirma la información que nos dio la policía sobre los tiburones: haberlos haylos y como buen depredador puede atacar en cualquier sitio, en bajíos o en aguas profundas. Que te ataquen o no es una cuestión de suerte; no vas a dejar de bañarte en el mar por los tiburones como no vas a dejar de conducir por los accidentes de tráfico.
    En cuanto el tipo desaparece, una policía turística se aproxima y nos advierte que no hagamos caso a los que recorren la playa ofreciendo excursiones en barca a Curieuse o jornadas de pesca, que luego te roban el dinero y te dejan ahí. Me extraña, la población de Praslin es de seis mil quinientas personas, si alguien hiciera estas cosas, la policía lo tendría bien controlado. Aquí se conocen todos. Imagino que con esta advertencia tratan de proteger los intereses de los hoteles de lujo que ofrecen servicios parecidos.
    Mientras descansamos vemos a un turista recorrer la playa con parsimonia pescando a mosca.

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