Los viajes de Mariano

República de las Seychelles 2011

27 de noviembre, La Digue 5 de diciembre, Praslin
28 de noviembre, La Digue 6 de diciembre, Praslin
29 de noviembre, La Digue 7 de diciembre, Mahé
30 de noviembre, La Digue 8 de diciembre, Mahé
1 de diciembre, La Digue 9 de diciembre, Mahé
2 de diciembre, Praslin 10 de diciembre, Mahé
3 de diciembre, Praslin 11 de diciembre, Mahé
4 de diciembre, Praslin Datos económicos del viaje

30 de noviembre, miércoles. La Digue.

    Hoy hace el mismo calor que todos los días pero el cielo está encapotado y no sopla ni pizca de brisa. Entonces este paraíso se transforma en una sauna, la ropa se empapa en sudor, se te pega al cuerpo y te sientes incómodo. Afortunadamente, esto no ocurre muchas veces y el remedio, si la planificación del día lo permite, ya sabemos cuál es: un refrescante baño en el mar.
    Ayer nos zampamos el último lomo de bonito, así que me acerco a por más pescado hasta el punto de atraque de las lanchas. Seguro que están al caer ya que media docena de personas esperan sentadas en los bancos con la bolsa de malla en la mano. Casi todos son hombres y muy mayores, se ve que sus mujeres los emplean de recadistas, como a mí. Pasa el tiempo y los pescadores no aparecen. Aprovecho para cambiar unos euros en el banco de al lado. Antes de que pueda poner un pie dentro, una señorita acude a la puerta para decirme que no puedo entrar sin camisa. Yo creía que eso sólo pasaba en las iglesias pero, ya ves, los bancos también gastan las mismas tonterías. En diez minutos estoy de vuelta con mis tetillas a cubierto.
    Los lugareños me aseguran que los pescadores vienen cuando quieren, no tienen hora fija, a veces por la mañana, a veces por la tarde. En vista de ello, abandono la espera de las lanchas, ya comeremos otra cosa.
    Por la tarde amenaza tormenta pero no caerá ni una gota. De hecho en los catorce días que hemos estado en estas islas, rara vez disfrutaremos de un cielo completamente despejado, lo habitual es ver pasar un baturrillo de nubes a buena velocidad.
Curva anterior a llegar a Anse Patates
    Esta tarde echamos las aletas y gafas en el cestillo de las bicis y pedaleamos hacia el norte, dispuestos a inspeccionar las playas y remojarnos en cuanto encontremos un lugar apropiado.
    Trescientos metros al norte de la única glorieta de La Passe se encuentra el mejor hotel de La Digue: Le Domaine de l'Orangeraie. A partir de doscientos ochenta y cinco euros ya puedes pasar una noche aquí. Aunque no te alojes en él parece una buena opción para una cena romántica. Justo al doblar la curva del hotel se sube una cuesta, a la derecha aparece el cementerio y enseguida viene la playa Anse Severe, luego la playa Anse Patates, idónea para practicar buceo superficial, pero hoy el agua se agita mucho, no nos arriesgamos. La carretera discurre entre un túnel vegetal dejando a la izquierda Anse Gaulettes.
Tortuga gigante de Aldabra en el camino hacia Anse Fournis
    A la altura de Anse Grosse Roche nos topamos con una tortuga gigante del atolón Aldabra. Es muy extraño encontrar un ejemplar libre; seguramente pertenece a la casa particular que vemos cerca.
    La infraestructura turística en la costa este de la isla es casi nula, apenas un chiringuito de playa y nada más. Cubre muy poco hasta la barrera de coral: puedes andar cien metros y el agua todavía no te llega a las corvas, así que tampoco se puede nadar ni hacer buceo superficial. Avanzamos hasta que la carretera se desdibuja entre las rocas de Anse Fourmis.
    De regreso, mi mujer divisa a lo lejos las aletas de un par de delfines. Observamos también a dos empleados del hotel L'Ocean que miran fijamente hacia el mar. Paramos a su altura y nos señalan dos enormes mantarrayas que cazan en superficie, justo donde las olas rompen contra las rocas y forman espuma.
    Como estamos sin pescado que llevarnos a la boca, se lo comentamos a Jenitta, la propietaria de la pensión Hibiscus, y dice que verá qué puede hacer, casualmente su nieto tiene lancha y suele salir a pescar. A ver si tenemos suerte.

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