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República de las Seychelles 2011

27 de noviembre, La Digue 5 de diciembre, Praslin
28 de noviembre, La Digue 6 de diciembre, Praslin
29 de noviembre, La Digue 7 de diciembre, Mahé
30 de noviembre, La Digue 8 de diciembre, Mahé
1 de diciembre, La Digue 9 de diciembre, Mahé
2 de diciembre, Praslin 10 de diciembre, Mahé
3 de diciembre, Praslin 11 de diciembre, Mahé
4 de diciembre, Praslin Datos económicos del viaje

28 de noviembre, lunes

    Dadas las minúsculas dimensiones —diez kilómetros cuadrados— de La Digue, la bicicleta es el medio más adecuado para trasladarse. Eso no significa ausencia total de coches, los hay, y quizá, hasta demasiados. Según el taxista que nos recogió ayer, ya se cuentan treinta y cinco vehículos en la isla y se dejan notar, sobre todo, en la calle principal, donde incordian a los ciclistas con su continuo ir y venir.
Triciclo para alquilar en La Digue
    Aprovechamos que un chaval viene a recoger tres bicicletas a la pensión Hibiscus para alquilarle otras dos. No pueden ser las mismas que se lleva porque dice que después de cada alquiler las revisan, así que le ayudamos a llevar dos de las bicicletas hasta su tienda que está al comienzo del puerto y allí nos da otras dos. Las probamos para ver si nos quedan bien de tamaño y altura, el sillín es cómodo, funcionan bien los frenos y no rozan con la llanta. Todas las bicis cuentan con un práctico cestillo metálico para llevar las compras. La solución para los que no sepan andar en bici son los triciclos como el de la foto.
    A mi mujer y a mí nos encanta el pescado, así que nos acercamos a la playita donde atracan las lanchas de los pescadores. Como no conozco los peces de aquí, le pregunto cuál es el mejor a una señora que también espera. Me dice que el job fish, la carange (palometón), el bourgois (pargo) son exquisitos. A ella lo que no le va es el bonito.
Para comprar peces hay que mojarse, pero en agua a 27 ºC
Pues mala suerte, porque la lancha que llega solo trae bonitos. Aunque no le gusta se lleva cuatro. Yo tampoco le hago ascos, que el pescado, si es fresco, está bueno. Veinticinco rupias me piden por uno, casi dos euros.
    Seguimos mosqueados por la falta de fruta en las tiendas, así que le preguntamos a Jenitta por los mangos y papayas y nos explica que no es tiempo de mangos pero, si queremos, ella nos consigue una buena papaya. Estupendo, lo dejamos en sus manos.
    Los escolares llevan galones de colores en su uniforme, ¿tendrán que ver con las notas que sacan? Pues no señor, los galones verdes, rojos y amarillos indican la pertenencia a diferentes equipos deportivos. Jugaron la gran final el Día de Acción de Gracias.
    Cuando regresamos por la tarde a la pensión Hibiscus, Jennitta ya nos espera con una enorme papaya bien madura, lista para comer, y unos bananitos. Nos lo cobra a precio de mercado, por supuesto, que aquí las cosas no se regalan.

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