Los viajes de Mariano

República de las Seychelles 2011

27 de noviembre, La Digue 5 de diciembre, Praslin
28 de noviembre, La Digue 6 de diciembre, Praslin
29 de noviembre, La Digue 7 de diciembre, Mahé
30 de noviembre, La Digue 8 de diciembre, Mahé
1 de diciembre, La Digue 9 de diciembre, Mahé
2 de diciembre, Praslin 10 de diciembre, Mahé
3 de diciembre, Praslin 11 de diciembre, Mahé
4 de diciembre, Praslin Datos económicos del viaje

1 de diciembre, jueves. La Digue.

    Salimos en bicicleta hacia la playa Grand Anse con la idea de conocer también Petite Anse y Anse Cocos y recorrer después todo el perímetro de la isla hasta cerrar el círculo en nuestro alojamiento. La distancia entre La Passe y Grand Anse es de algo más de dos kilómetros y el paseo es una gozada porque la carretera de hormigón cruza el bosque La Retraite donde la densidad del follaje es tal que todo el camino transcurre bajo sombra.
Justo antes de caer en la telaraña
    En mi afán por investigar los lugares más recónditos, me meto por un camino de tierra que poco a poco se va difuminando y al dar una curva: ¡zas!, me llevo por delante media telaraña de la gigantesca araña de las palmeras. ¡Puag, qué asco! Menos mal que no me cuelga ninguna.
    Grand Anse es una playa preciosa, con formaciones de granito en ambos extremos y una arena blanquísima que hiere los ojos, las gafas de sol son una necesidad. Lo malo es que está delimitada por arbustos en vez de por palmeras y como no nos gusta el sol directo sobre la piel, tratamos de cobijarnos bajo el único árbol que vemos, una casuarina enorme situada a la entrada de la playa. Al extender nuestras toallas sobre la arena, un hombre nos pega un bufido: don't lie down in front of me! Nos habíamos situado a casi cuatro metros de él, pero por alguna razón le molestamos. Un tipo que se trae a este paraíso tropical un libro de programación en Visual C++ del tamaño de un ladrillo no puede estar bien de la cabeza, así que preferimos no indagar en las razones de su mal humor y nos alejamos de él. Ya conoces el dicho: nunca discutas con un idiota, la gente podría no notar la diferencia.
    Un cartel en criollo, inglés, francés, alemán e italiano advierte: ¡Atención! Corrientes peligrosas. En criollo se escribe: Atansyon! Kouran tre danzere. Veo que la gente se mete al agua a pesar del fuerte oleaje, así que me animo y allá voy yo también. No estoy muy atento y una vigorosa ola rompe sobre mí: doy dos vueltas de campana antes de que pueda recuperar la vertical. Salgo pitando. Me conformaré con admirar el paisaje.

Rocas de granito en Grand Anse, La Digue

    La playa aledaña se llama Petite Anse y nos hubiera gustado conocerla pero el camino es trocha guerrillera: primero arena, donde las ruedas se hunden y no giran, después habría que subir con la bici a cuestas entre grandes piedras. Uf, quita, quita, con este calor...
    Regresamos muy rápido a La Passe, es todo bajada. Nos preparamos un buen plato de pasta al dente y descansamos una hora bajo el aire acondicionado, luego pasamos la tarde en Anse Severe, disfrutando de una puesta de sol apoteósica; viendo como el enorme disco anaranjado desaparece lentamente tras unas nubes turquesa mientras se escucha el chapotear de la sueve marea sobre la orilla.
    Regresamos de noche a La Passe. Como apenas hay iluminación, el riesgo de choque con otras bicis es elevado porque son muy silenciosas y sólo las ves cuando las tienes encima. El color de piel de los lugareños tampoco ayuda a divisarlos. Hacemos uso de una pequeña linterna, mi mujer la lleva encendida en el cestillo delantero y yo voy detrás de ella. Cuando llegamos a nuestra pensión, Jenitta nos regala una deliciosa carange pescada por su nieto.

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