Los viajes de Mariano

Bandera Italia

Roma 2005

25 de junio, Termas Diocleciano, Museo Nacional, Sant'Angelo
26 de junio, San Pedro, Fontana di Trevi, Panteón
27 de junio, Vaticano, Coliseo
28 de junio, San Juan de Letrán, San Pedro in Vincoli
29 de junio al 8 de julio, Croacia
9 de julio, Trastevere
10 de julio, Galleria Borghese, Museo Arte Moderno, Museo Villa Giulia, San Pablo Extramuros


25 de junio, sábado

    Roma está a la vuelta de la esquina y el vuelo directo Bilbao-Roma de Vueling no podía ser más económico, basta noventa minutos para dejar atrás las verdes montañas vascas y plantarse en una de las ciudades más apasionantes del mundo, cuna de nuestra civilización occidental.
    Aterrizamos a las dos de la tarde en el aeropuerto Leonardo da Vinci, en Fiumicino, muy cerca del mar, a veintiséis kilómetros de Roma. El día es espléndido, soleado. El tren Leonardo Express nos transporta en veinte minutos desde Fiumicino hasta la estación Termini de Roma. Durante el trayecto me sorprende la basura que veo en ambos lados de la vía, los grafitis en las paredes, los enjambres de espantosas antenas de televisión sobre los tejados, las fachadas desconchadas. Todo demasiado decadente, poco acorde con una de las ciudades más importantes de Europa. Han pasado dieciséis años desde mi última visita y veo que Roma ha cambiado poco. ¿Dónde han ido a parar las ayudas de la Unión Europea?, ¿a las arcas de la mafia? No me extrañaría.
    Nos alojamos en el hotel Gabriella, en la Vía Palestro, muy cerca de la estación Termini, con las líneas A y B del metro a tiro de piedra; es el único lugar de la ciudad donde convergen.
    Salimos a patear la ciudad. Nuestra primera visita son las Termas de Diocleciano y el Museo Nacional Romano. Después, nos acercamos a la clásica Roma de postal: la plaza Venezia y el Coliseo.

Anfiteatro Flavio o Coliseo de Roma

    Desde aquí, un autobús nos conduce hasta las inmediaciones de la plaza Navona, como siempre, llena de admiradores de sus incontables atractivos: la Fuente de los Cuatro Ríos (Danubio, Nilo, Ganges y Río de la Plata) de Bernini, y su obelisco egipcio, la Fuente de Neptuno, la Fuente del Moro y numerosas iglesias.
    Cenamos unos sencillos spaghetti al aglio, olio e peperoncino, al dente y bien calientes, en el restaurante Terra di Siena, en la plaza Pasquino. Desde la plaza Navona, tomamos la calle Vittorio Emanuele hasta el castillo Sant'Angelo. Saber un poco de historia sobre este castillo nunca viene mal: se construyó como tumba familiar del emperador Adriano (76-138 d.C.), pero terminó como edificio militar. Lo 'del santo Ángel' viene de la peste de 590: el papa Gregorio I vio al arcángel san Miguel, a la sazón, jefe del Ejército de Dios, envainando su espada sobre el castillo, lo que interpretó como el fin de la epidemia. En 1277 el castillo del Ángel se conectó con la Ciudad del Vaticano a través de un pasadizo. Por este pasadizo huyó el papa Clemente VII cuando las tropas españolas y alemanas de Carlos I de España saquearon Roma y el Vaticano en 1527.
    Seguimos hasta llegar a la plaza de Ciudad del Vaticano para echar una ojeada a la iluminación nocturna de la Basílica de San Pedro.
    A las doce de la noche, las calles se llenan de romanos y de turistas, el ambiente es estupendo y da pereza volver al hotel, sin embargo, nuestro cuerpo avisa que hay que recargar las pilas. No se puede pasar de la sedentaria vida del oficinista a la incesante actividad del turista sin pagar el precio del descanso. Mañana nos espera el Vaticano.
    El metro no circula después de la medianoche pero no hay problema, el servicio de autobuses nocturno es excelente.

Copyright © 2005 - MRB

La propiedad intelectual de los textos y de las fotos me pertenece, por lo que está prohibida su reproducción total o parcial sin mi expresa autorización.