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Islas Griegas 2008

Rodas, Samos y Lesbos

12 de julio, Salónica20 de julio, Charaki, Kalathos 28 de julio, ormo Maratocampo
13 de julio, Salónica 21 de julio, Epta Piges, Embonas, Skala Kamirou29 de julio, Varia, Molivos
14 de julio, Vergina 22 de julio, Samos, Pytagorio 30 de julio, Molivos
15 de julio, Rodas 23 de julio, Hera, Panagia Spiliani, Pytagorio31 de julio, Petra, Sigri
16 de julio, Rodas, Psinthos, Paradisi24 de julio, Mytilene, Samos, Psilis Amos1 de agosto, Vatera
17 de julio, Rodas, Petaloúdes 25 de julio, Agios Konstantinos, Manolates2 de agosto, Polychnitos, Mitilene
18 de julio, Pefkos 26 de julio, Kokkári3 de agosto, Salónica
19 de julio, Prasonisi 27 de julio, CamposDatos económicos del viaje

26 de julio, sábado. Samos.

    otra luminosa mañana tirados en la playa de San Nicolás, leyendo, remojándonos de vez en cuando,
Pulpos secándose al sol en la playa de San Constantino
observando la escasa fauna marina a través de la máscara, en fin, lo que se dice, cargando las pilas.
    Luego, nos acercamos hasta Agios Konstantinos, a comer uno de esos pulpos que ves colgados al sol, a la brasa.
    Mientras descansamos junto a la piscina del hotel, observamos que una pareja llega y sube a su habitación, cuyo balcón da a la piscina. La puerta de su terraza está entreabierta y la cortina ondula en el umbral. Al de poco tiempo se oyen unos jadeos... tremendos. Lo oigo y no lo creo; los jadeos —de ella— son exagerados, parecen amplificados por algún megáfono escondido. Mi mujer y yo nos miramos, ¿Oyes lo que yo o estoy soñando? Los dueños del hotel que charlan con unos amigos alrededor de una mesa también se miran como asustados. Es como un coito radiado de una pareja muy, muy extrovertida. Semejante volumen de jadeos plantean la duda: ¿no será fingido? Según parece, la traca final no se produce así que presumo que ella no llegó al orgasmo... Él seguro que sí, claro, es sabido que estos jadeos nos excitan sobremanera.
    Al atardecer nos acercamos hasta Mytilene, la capital de Samos, para ver el ambiente, que resulta más bien anodino y el olor a cloaca que despiden las aguas del puerto te invitan a escapar de allí cuanto antes.
    A la vuelta, nos encontramos con Kokkári en fiestas. La verdad es que estas fiestas que arman los griegos son modélicas, muy familiares: toda la familia se viste con la ropa de domingo, se sientan en la plaza del pueblo a tomar unos pinchos morunos y los más atrevidos salen a bailar. Esta fiesta, a diferencia de la que vimos en Paradisi, cuenta con grupo musical bastante solvente que alarga las canciones en función de la aceptación de cada una. Son canciones netamente griegas, de hecho, en las emisoras que sintonizamos en el coche jamás hemos escuchado una sola canción en inglés. La forma de alargar las sílabas del cantante me recuerda enormemente al cantautor galáctico Jaume Sisa, del que soy un incondicional admirador.

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