Los viajes de Mariano

Rarotonga 2010

8 de noviembre, Muri Palm12 de noviembre, Fruits of Rarotonga
9 de noviembre, Avarua 13 de noviembre, Punanga Nui Market
10 de noviembre, Muri, Wigmore, Arorangi14 de noviembre, Aro'a
11 de noviembre, Avarua, Muri 15 de noviembre, Aro'a
Datos económicos

8 de noviembre, lunes

    Salimos el martes a las 18:30 de Auckland y llegamos a Rarotonga hoy, lunes, a las 23:20. Vaya lío, ¿eh? Es lo normal cuando se cruza la línea de cambio de fecha internacional o meridiano 180º hacia el Este.
¡Bienvenidos a Rarotonga!
   En Rarotonga sólo viven trece mil mil personas y se deben conocer todos porque jamás he visto tanto revuelo en un avión. La gente se levanta constantemente y se escucha un murmullo incesante, talmente como si estuviéramos de fiesta. Las tres cuartas partes del pasaje son locales, el resto, turistas. Algunos andan descalzos, algo frecuente entre los maoríes, como veremos.
    Aterrizamos bajo una tromba de agua impresionante. Caminamos por la pista con paraguas. Mientras los turistas pasamos el control de inmigración, los cukis se abalanzan en masa sobre los licores de la tienda libre de impuestos.
    Al lado de las cintas de los equipajes, 'tío' Jack nos da la bienvenida acompañado de su ukelele de seis cuerdas. Jack Numanga lleva la friolera de veintisiete años recibiendo y despidiendo a los viajeros. Este bombero retirado asegura que seguirá cantando mientras su voz y su salud se lo permitan.
    Recogemos el coche en Budget y tardamos en salir del aeropuerto porque sigue lloviendo a mares y la luz interior está fundida y en la oscuridad no encontramos el mando que abre el portón trasero. El encargado ya no está en la caseta, ¿dónde estará? Le veo allá lejos buscando algún coche. Le llamo y nos confirma que la luz está fundida. Al menos nos abre el portón trasero y metemos las maletas. Y la lluvia que no cesa. Menos mal que la única carretera que hay en la isla está bien iluminada. El agua tamborilea con tanta fuerza el techo del coche que ni nos oímos al hablar.
    Ahora sólo tenemos que encontrar la casa. Repasemos las indicaciones de la agencia Rentraro: "Coge un mapa en el aeropuerto. Gira a la derecha al salir del aeropuerto y sigue la carretera de la costa. Verás el Club Raro a tu izquierda. Pasa el Pacific Resort de la playa de Muri, también a la izquierda. Un par de kilómetros más adelante encontrarás la indicación de las Villas Rendevous a tu izquierda, pásalas y verás una casa de dos pisos de color beis a la derecha, ¡despacio!, ¡la siguiente casa es Muri Palm! La llave descansa bajo el felpudo de la puerta trasera. ¡Buena estancia!"
    Encontramos el Club Raro y el Pacific Resort sin problemas, pero la señal que anuncia las Villas Rendevous, nada, ni viva ni muerta. Es que no es lo mismo buscar la casa de día que de noche y encima con este aguacero.
    Aprovechando que un hotel de playa recibe a unos turistas, me bajo del coche y pregunto a los porteadores de las maletas por las Villas Rendevous. Me indican que nos hemos pasado, damos la vuelta pero tampoco lo encontramos. Después de casi una hora de búsqueda, mi mujer cree reconocer una casa parecida a las fotografías que vimos cuando la alquilamos. Paramos y ... en efecto, debajo del felpudo encontramos las llaves. Por fin.
    Si bien las indicaciones son correctas, seguro que el tipo de la agencia no prevío que la búsqueda de la casa se llevara a cabo en condiciones de tan baja visibilidad porque el cartel de las Villas Rendevous es una simple madera apoyado sobre el suelo sin ninguna iluminación, difícil de ver por la noche.
    La casa es de estancias amplias, con suelo de baldosa y una cocina moderna, a estrenar. Cenamos la fruta que nos han dejado: mangos, papayas y bananitos. La lluvia no cesa en toda la noche pero, curiosamente, no se siente sobre el techo de chapas de acero corrugado. Dormimos como lirones.

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