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República de Portugal 2011

28 de junio, Viana do Castelo6 de julio, Sintra
29 de junio, Braga, Barcelos 7 de julio, Sintra, Cascaes, Estoril, Lisboa
30 de junio, Bom Jesus, Guimarães, Vila do Conde, Oporto8 de julio, Lisboa
1 de julio, Oporto 9 de julio, Lisboa
2 de julio, Amarante, Peso da Régua, Tabuaço 10 de julio, Lisboa, Évora
3 de julio, Vila Nova de Foz Côa 11 de julio, Évora
4 de julio, Coímbra, Aveiro Datos económicos del viaje
5 de julio, Conimbriga, Alcobaça, Óbidos, Sintra

7 de julio, jueves

    El día ha salido muy ventoso pero soleado. Ayer no pudimos visitar el Palacio Nacional de Sintra porque todos los miércoles se cierra para limpieza, pero hoy sí.
    El palacio se construyó en época de la invasión musulmana y fue la vivienda de los alcaldes moros de Lisboa. Cuando Afonso Henriques en 1147 reconquista Lisboa, Sintra se rinde y este palacio pasa a ser residencia de verano, base para cacerías o vivienda permanente de los reyes de Portugal durante más de ocho siglos, hasta la implantación de la República en 1910. Durante ese tiempo se realizan muchas reformas y ampliaciones según los gustos de los monarcas de turno.
La Sala de los Blasones
El exterior del palacio no es nada llamativo a excepción de la pareja de chimeneas que nacen en la cocina. Mucho más interesante es la decoración interior, que debe mucho al arte musulmán. Hay salas suficientes para pasar una mañana entretenida: la Gruta de los Baños, la Sala de las Urracas, la Sala Manuelina, el Cuarto de Don Sebastião, la Sala de las Sirenas, la Sala Árabe, el Cuarto de los Huéspedes, la Sala de los Cisnes, el Patio de la Carranca, la Sala de la Corona, el Patio de Diana, la Sala de las Galeras, el Jardín de los Príncipes, la Capilla Palatina, y la más espectacular: la Sala de los Blasones, que es la más importante sala heráldica europea. Fue aquí donde el rey Manuel I, alias El Afortunado, recibió la noticia de la llegada de Vasco da Gama a la India en 1498 y del descubrimiento de Brasil en 1500 por Pedro Álvares Cabral. La Corte, implantada en Sintra, fue una de las más ostentosas de toda Europa.
    A mediodía decimos adiós a Sintra y nos dirigimos hacia la costa, a Cascaes, una pequeña localidad de veraneo con playa urbana, paseo de palmeras y zona peatonal llena de tiendas y restaurantes de marisco. El rey Luis I escogió esta villa en 1870 para pasar sus veranos y con él llegó parte de la nobleza y la aristocracia nacional e internacional. Para el turista itinerante es una población muy agradable donde pasar unas horas asombrado ante la belleza y suntuosidad de las casas señoriales. El ayuntamiento no solo presta bicicletas gratuitamente, sino también segways unipersonales, aunque éstos son de pago.
Plaza Mayor de Cascaes
    Después de Cascaes viene Estoril. Quedan ya lejanos los tiempos en que Estoril era residencia de ricos y famosos. Aquí pasó parte de su exilio el rey Umberto II de Italia (1904-1983) al que los italianos echaron del trono en referendum popular en 1946 al preferir la república a la monarquía. Juan de Borbón, hijo del rey Alfonso XIII de España y padre del actual rey Juan Carlos I también vivió aquí desde 1946 a 1977. Carlos II de Rumania abdicó en 1940 y murió en Cascaes en 1953.
    Entramos en Lisboa ya de noche y nos alojamos en el Eurostars Das Letras, a tiro de piedra de la avenida de la Libertad. Hay poca gente por la calle aunque en la marisquería Ribadouro, al final de la Rua do Salitre, no cabe un alma más a pesar de que los precios son de infarto. A nuestro derredor circulan sin cesar las bandejas repletas de marisco, talmente como si lo regalaran. Mi mujer y yo nos conformamos con unos lombinhos de novilho ò chefe. Mientras esperamos nuestra carne, seis chinos y un nacional se sientan en la mesa de al lado. Una cena de trabajo, seguro. El portugués pide una mariscada para cada uno. Cuando llegan las bandejas me quedo atónito: media langosta, almejas, ostras, gambas del Algarve, percebes, carabineros y medio centollo. Y qué maña se dan los chinos en descascarar, a la legua se ve que valoran estos bichos tanto como nosotros. Con los percebes piden ayuda, natural. Yo sería incapaz de devorar semejante cantidad de crustáceos y bivalvos, ¡y mira que me gustan!
    Para bajar la cena, paseamos hasta la Plaza del Comercio. Justo al lado del Monumento a las Dos Guerras toca un grupo de pop-rock al que poca gente hace caso, porque ya solo andamos por la calle los turistas.

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