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República de Portugal 2011

28 de junio, Viana do Castelo6 de julio, Sintra
29 de junio, Braga, Barcelos 7 de julio, Sintra, Cascaes, Estoril, Lisboa
30 de junio, Bom Jesus, Guimarães, Vila do Conde, Oporto8 de julio, Lisboa
1 de julio, Oporto 9 de julio, Lisboa
2 de julio, Amarante, Peso da Régua, Tabuaço 10 de julio, Lisboa, Évora
3 de julio, Vila Nova de Foz Côa 11 de julio, Évora
4 de julio, Coímbra, Aveiro Datos económicos del viaje
5 de julio, Conimbriga, Alcobaça, Óbidos, Sintra

30 de junio, jueves

    Nuestro alojamiento de salida, el hotel Grande, se sitúa entre los pinares del monte Bom Jesus, cien metros por encima del santuario del mismo nombre, así que ni movemos el coche, bajamos andando. El santuario es famoso por sus escaleras barrocas zigzagueantes que suben hasta la iglesia de Bom Jesus do Monte (1725-1811). Otra manera de llegar es con el teleférico, el primero que se instaló en la península ibérica, data de 1822 y viene muy bien a los peregrinos actuales, que por lo que vemos tienen una edad media muy elevada. Las vistas de Braga y los alrededores son magníficas y el entorno muy conseguido: estanques con peces de colores, jardines bien cuidados.
Jardines del santuario de Bom Jesus do Monte
Casi es mejor no entrar en la iglesia porque dentro todo es sufrimiento: el retablo principal representa el mito de la crucifixión de Jesús de Nazaret con tallas a escala real de los dos ladrones Dimás y Gestas, parientes de los reos y una brigada especial de crucifixión formada por un centurión y cuatro soldados romanos. Esto de la crucifixión no lo inventaron los romanos, los persas ya crucificaban y empalaban en el siglo VI AEC y los fenicios introdujeron la crucifixión en Roma en el siglo III AEC. También lo han practicado los griegos, los cartaginenses, los egipcios, palestinos, japoneses, etc. El macedonio Alejandro Magno crucificó a dos mil en la ciudad fenicia de Tiro, a su biógrafo Calístenes y a un doctor que no supo curar a su amigo Hefestión. Unos seis mil seguidores de Espartaco también sufrieron ese horrible fin. Tras el incendio de Roma, Nerón no solo crucificó unos cuantos cristianos, sino que al caer la tarde los quemó vivos en la cruz, según relata el historiador romano Tácito. Durante la conquista musulmana de Hispania, el bereber Táriq ibn Ziyad, tenía la costumbre de incendiar las ciudades que no se rendían, esclavizar a las mujeres y niños y crucificar a todos los hombres para dar un escarmiento a otras ciudades. Este suplicio aún se sigue practicando en Sudán: en 2002 ochenta y ocho personas fueron sentenciadas a horca o crucifixión, entre ellas, treinta y dos clérigos cristianos y dos niños. Nótese la transformación de los cristianos: en muy poco tiempo, pasaron de víctimas a convertirse en los más crueles verdugos: la Santa Inquisición ideó los métodos de tortura más sádicos y despiadados que ha conocido la humanidad para asesinar en nombre del Dios de los cristianos, ese que dicen que tanto nos ama.
    Seguimos por la A-11 camino de Guimarães, cuna probable del primer rey independiente de Portugal Afonso Henriques (1109-1185), fundador de la nacionalidad portuguesa, aunque aquel Portugal era más pequeño que el actual, faltaba por
Plaza de la República de Brasil. Guimarães
conquistar el sur, todavía en manos bereberes. Las fronteras actuales de Portugal se fijaron en 1297, por el tratado de Alcañices, firmado entre el rey Dionisio I de Portugal y el rey Fernando IV de Castilla.
    El casco medieval está tan magníficamente restaurado que hasta parece artificial, como un parque temático. Las sombrillas de las terrazas de los restaurantes casi no dejan ver las fachadas de las casas y sus ventanas de peuvecé.
    El corazón del centro histórico es la plaza de la Señora de oliveira. Esa construcción tan llamativa de arcadas góticas y crucero conmemora la victoria en la batalla del Salado, que tuvo lugar en Cádiz en 1340. En esa batalla, un ejército de Castilla y Portugal derrotó a los benimerines, última nación norteafricana que intentó invadir la península Ibérica.
    Después de dar muchas vueltas por el casco histórico comemos en el restaurante Histórico by Papaboa, en la antigua localización del restaurante Valdonas, una mansión antigua remodelada con decoración contemporánea.
    Aparcamos en el puerto de Vila do Conde, frente al museo dedicado a la construcción naval. Y es que los astilleros de Vila do Conde ya construían barcos en el siglo XIII; se sabe que en 1258 su puerto daba abrigo a unas sesenta pinazas de pesca y muchos de los barcos de la Era de los Descubrimientos se construyeron aquí, sobre todo, los que viajaron a Brasil, África y la India. Tenían fama por su calidad y su duración y los secretos de su construcción se guardaban celosamente.
    Como complemento al museo visitamos una réplica de una nao del siglo dieciséis.
Réplica de una nao del siglo XVI en Vila do Conde
La bodega está repleta de toneladas de piedras. El guía nos explica que eran necesarias para contrarrestar el momento creado por la presión horizontal del viento sobre las velas. Sin ese contrapeso el barco volcaba. Usaban dos clases de lastre: uno fijo, de gruesa piedra amalgamada con mortero o argamasa y el otro, variable, como piedras de granito destinadas a la construcción de mansiones, iglesias o monasterios en las colonias. Todos recordamos la nao Victoria realizada para la Expo del noventa y dos de Sevilla que volcó en su botadura, la causa fue precisamente que no se alcanzó el peso necesario para su estabilidad.
    Desde la nao se divisa el imponente convento de Santa Clara y el acueducto que, aunque lo parezca, no es romano, porque se empezó a construir en 1626 y no se terminó hasta el siglo dieciocho por problemas con las expropiaciones. Este acueducto suministraba agua al monasterio de las montañas situadas a cinco kilómetros de la ciudad. Cuenta con novecientos noventa y nueve arcos y es el segundo más largo de Portugal.
    Vila do Conde es una población turística con buenas playas y un urbanismo muy cuidado. Vale la pena deambular un rato por sus calles, verás que tiene muchos puntos de interés, como la plaza Joao II, remodelada en 2001, aquí han instalado esculturas modernas muy llamativas, o los azulejos interiores de la capilla de Nuestra Señora del Socorro o acercarse hasta la plaza Vasco de Gama para echar una ojeada a la portada de la iglesia Matriz, obra del arquitecto cántabro Juan de Castillo (1470-1552), el primer español que fue nombrado Caballero de la orden de Cristo, la más alta condecoración portuguesa.
    Nos alojamos en el Eurostars Das Artes de Oporto y hacemos una incursión rápida al centro con el coche para cenar un bacalao en Arroz de Forno, un restaurante elegido al azar, al lado de la fuente de la calle Mouzinho da Silveira.

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