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República de Portugal 2011

28 de junio, Viana do Castelo6 de julio, Sintra
29 de junio, Braga, Barcelos 7 de julio, Sintra, Cascaes, Estoril, Lisboa
30 de junio, Bom Jesus, Guimarães, Vila do Conde, Oporto8 de julio, Lisboa
1 de julio, Oporto 9 de julio, Lisboa
2 de julio, Amarante, Peso da Régua, Tabuaço 10 de julio, Lisboa, Évora
3 de julio, Vila Nova de Foz Côa 11 de julio, Évora
4 de julio, Coímbra, Aveiro Datos económicos del viaje
5 de julio, Conimbriga, Alcobaça, Óbidos, Sintra

10 de julio, domingo

    No imaginábamos que el Museu de Marinha fuera tan interesante. Mis conocimientos navales son casi nulos, así que siempre quedará algo después de la visita a este museo, situado en el ala norte del Monasterio de los Jerónimos.
    La historia de la navegación le debe mucho a Enrique el Navegante (1394-1460), tercer hijo del rey Juan I de Portugal y principal impulsor de la exploración africana. Financió continuos descubrimientos geográficos; toda una proeza en aquella época, ya que tuvieron que vencer mares de fuertes corrientes, grandes olas, tormentas frecuentes, bajíos desconocidos y falta de bahías protegidas.
Barcaza real de 1778 para la reina María I.
Los descubrimientos se hicieron poco a poco: en 1416 se alcanzó el cabo Non, enfrente de las islas Canarias. En 1420 Joao Gonçalves Zarco, con una pequeña carabela, alcanzó la isla de la madera, Madeira. En 1434, el capitán Gil Eanes consiguió llegar al cabo Bojador o Cabo del Miedo, en el Sahara occidental, echando abajo, por fin, el viejo mito medieval de los monstruos marinos, mares tan calientes que quemaban los barcos y hombres que se volvían negros. La expedición de Alvise Cadamosto en 1456 llegó un poco más lejos, alcanzó las costas de Guinea. La muerte del príncipe Enrique en 1460 significó la cancelación de las expediciones durante veintiséis años hasta que su sobrino, el rey Juan II "el Tirano", las consideró prioridad de su gobierno, así, en agosto de 1486 partió de Lisboa Bartolomé Diaz —en la tripulación viajaba también Bartolomé Colón, hermano de Cristóbal—, con el propósito de alcanzar el extremo sur de África. Dobló, al fin, el cabo de Buena Esperanza en diciembre de 1487. Inexplicablemente, a pesar del éxito, pasaron diez años sin que se realizaran más travesías. Colón ya había descubierto América en 1492, y solo este estímulo pudo sacar de su indiferencia al nuevo rey don Manuel I "el Afortunado" que envió ciento ochenta hombres bajo las órdenes de Vasco de Gama con destino a la India, a la que llegaron, tras muchas aventuras, en mayo de 1498.
    Como cura de humildad, la exposición nos recuerda que los chinos inventaron el codaste y el timón en el siglo I AEC Llegaron al Golfo Pérsico por mar en el siglo V y ya utilizaban los compartimientos estancos durante la dinastía Tang (618-907). Se sabe que en el siglo XII aplicaban la brújula en navegación, aunque quizá mucho antes, ya que la empleaban en la guerra desde el año 376 AEC Para el año 1119, los marinos chinos usaban el ancla, la deriva fija, el cabrestante, velas de tela, velas de estera de superficie rígida, velas giratorias como las de los veleros actuales y remos con ángulo de ataque automático que giraban sobre sí mismos. Todos estos avances no llegaron a Europa hasta siglos después. Entre 1405 y 1433, en la misma época que los portugueses utilizaban rústicas embarcaciones más adecuadas para navegar por ríos que por mares, Zhèng Hé realizó siete expediciones marítimas que habían llegado hasta Mozambique. Además, los barcos chinos multiplicaban por diez el tamaño de los portugueses y eran infinitamente más avanzados tecnológicamente. Sus expediciones se componían de cientos de barcos y empleaban a más de veinte mil marinos.
    Como el Museo Nacional Arqueológico está justo al lado del de la marina, le echamos un vistazo rápido, porque ya tenemos que ir pensado en dejar Lisboa. Vasos de vísceras, mascaras funerarias, momias de halcón, de cocodrilos, conos funerarios...
    Ponemos rumbo hacia Évora. Según nos alejamos de la costa, la temperatura va subiendo, desde los veintiséis grados de Lisboa hasta los treinta de Évora. A las cinco de la tarde ya estamos en la Quinta da Spada, una finca en medio del campo, a las afueras de Évora. solo se escuchan los pájaros y algún avión de hélices que surca el cielo. Nos recibe José Luis Cabral, el dueño; el hombre se muestra bien orgulloso de su hacienda, que compró hace dos años. Nos enseña sus árboles frutales con ciruelas de cojón de fraile, manzanos y melocotoneros y el profundo pozo de agua para riego que curiosamente —nunca he visto nada igual—, contiene cientos de ranas que no sabe cómo han llegado hasta ahí.
Rincón de la Quinta da Spada, Évora
    Pasamos la tarde leyendo, en la piscina, y a la noche, nos acercamos hasta Évora para cenar en el restaurante Fialho, que sirve platos típicos del Alentejo desde 1948. Yo me inclino por un cazón en salsa de cilantro y mi mujer pide un revuelto de espárragos verdes. El vino blanco Adega Comendador nos entusiasma tanto que hacemos el propósito de no dejar Portugal sin mercarnos una buena cantidad de vinos de la zona.

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