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Portugal 2011


28 de junio, martes

    Portugal: tan cerca y tan desconocida, al menos, para mi mujer y para mí. Tan solo nos suenan algunos nombres: Vasco de Gama, Magallanes, José Saramago, Mário Soares, el vino de Oporto, Amalia Rodrigues y para de contar. Con este viaje tratamos de llenar el vacío. Empezamos.
    Entramos en Portugal por el norte: por el puente que cruza el Miño y une Salvaterra De Miño con Monçao. Atrasamos el reloj una hora y escribimos en el navegador nuestro primer objetivo: Viana do Castelo, la principal ciudad vacacional de la Costa Verde.
Avenida de los combatientes de la Gran Guerra. Viana do Castelo
    Con solo andar unas decenas de metros por las calles peatonales del casco histórico medieval de Viana do Castelo ya se revela el extraordinario fervor religioso de los habitantes de esta provincia del Minho. ¿En qué se nota? El número de tiendas de artigos religiosos es abrumador. ¿Que qué venden? Figuritas de Vírgenes con o sin Niño, santos, crucifijos, Biblias, devocionarios, niños Jesuses, rosarios, escapularios, atriles, capillitas, nacimientos, incienso, candelitas aromatizadas, lampadarios, cíngulos, retablos, agua bendita... Semejante devoción cristiana no la he visto en ningún otro sitio. Me imagino los hogares repletos de hornacinas con figurillas de los santos más populares de la región.
    Muchas casas señoriales de Viana do Castelo decoran sus fachadas con azulejos, una costumbre que les dejaron los bereberes tras cinco siglos de ocupación y que gustó tanto a los portugueses y a la realeza que una vez expulsados siguieron aplicando está técnica, sobre todo, en el siglo XIV, cuando regresaron de Brasil muchos portugueses con los bolsillos repletos.
    Todo el centro histórico de Viana do Castelo luce relimpio y cuidado al detalle, con palacetes y casonas de fachadas y puertas espectaculares, pero lo mejor se halla en la plaza de la República: la fuente está ahí desde 1559 y durante siglos fue el principal punto de abastecimiento de agua potable. Justo enfrente, la antigua casa de la Misericordia (1589) luce una fachada de columnas jónicas con forma de cariátides y atlantes. Tampoco te pierdas los mosaicos de la iglesia de la Misericordia que representan las catorce obras de misericordia: dar de comer al hambriento, enseñar al que no sabe, vestir al desnudo, flagelar al que yerra, etc.
Edificio de la Misericordia, también conocido como Casa de los Balcones. Viana do Castelo
¿Y qué es aquella extraña iglesia en las alturas de un monte? Es la moderna (1943) basílica de Santa Lucia en honor al Sagrado Corazón de Jesús. Subimos en coche para verla de cerca y, de paso, disfrutar de una vista estupenda de toda la ciudad desde el cimborrio de la basílica, al que se sube en ascensor.
    Comemos en el restaurante del hotel Margerida y luego vamos hasta el muelle a tomar el pequeño gasolino Saudade do Lima para que nos dé un paseo por el cristalino río Lima hasta un poco más allá del puente Eiffel (1878). Los mubles dentro del puerto se cuentan por decenas de miles.
    Para las siete dejamos Viana do Castelo y conducimos hasta nuestro próximo alojamiento en el monte Bom Jesus, cinco kilómetros a las afueras de Braga. En la terraza del hotel Grande disfrutamos del fresco atardecer, casi frio, y unas magníficas vistas sobre el valle.
    Este viaje lo hacemos como más nos gusta viajar, planificando sobre la marcha, reservando los alojamientos el día anterior por internet.

29 de junio, miércoles

    Braga tiene fama de ser la ciudad más católica y conservadora de Portugal. Ellos dicen: “Lisboa gasta, Coímbra estudia, Braga reza y Oporto trabaja". Su procesión de Semana Santa es la más famosa del país. Y claro, hay iglesias a montones, tantas como treinta, por eso le llaman a Braga la Roma de Portugal. Con tanta iglesia se impone la selección: la catedral es visita obligada, es la más antigua de Portugal. Los portugueses, cuando quieren decir que algo es muy antiguo dicen: "Es más viejo que la catedral de Braga". Se empezó a construir en 1070 sobre las ruinas de una mezquita, y ésta, a su vez, sobre un templo romano. Lo más llamativo, para mí, son las torres, de estilo manuelino, diseñadas por el arquitecto santanderino Juan de Castillo en 1507, el mismo que ideó gran parte del monasterio de los Jerónimos de Lisboa y trabajó también en la catedral de Sevilla y la de Burgos. Los dos órganos están sostenidos por esculturas de tritones y sátiros, figuras de la mitología griega muy empleadas en el Barroco como decoración.
Adornos callejeros en las fiestas patronales de Braga
Deberían poner dos rombos en la entrada al museo de la catedral; los niños pueden tener pesadillas al ver tanta talla de Cristos crucificados chorreando sangre y Vírgenes con cara angustiada y el corazón atravesado por espadas. ¡Realmente perturbador!
    La calle más céntrica de Braga lleva el nombre de Diogo de Sousa (1461-1532), que fue arzobispo de Braga y al que la ciudad debe gran parte de su fisonomía actual porque bajo su mandato se construyeron avenidas, plazas, jardines, el arco de la Puerta Nueva, varias iglesias, conventos, monasterios y el colegio San Pablo ya que don Diogo detestaba la ignorancia. Si viviera hoy, seguramente se santiguaría al ver que en su calle, entre dos tiendas de objetos religiosos, un escaparate muestra artículos de broma como botellas de licor de ginja en forma de pene en erección o licor de merda.
    Las calles de Braga aún conservan los adornos de sus pasadas fiestas mayores, que coinciden con el nacimiento de san Juan el Bautista, el veinticuatro de junio, patrono de la ciudad. Las fiestas duran desde el dieciocho al veintiséis de junio y han tenido gigantes y cabezudos, bailes folclóricos, grupos musicales, fuegos artificiales, el orfeón bracarense y ¡cómo no!, procesión desde la catedral con la presencia de Su Excelencia Reverendísima el Señor Arzobispo Primado de Braga y demás autoridades religiosas, civiles y militares. Aquí también se queman hogueras, verdadero origen de esta fiesta, ligada a los ciclos de la naturaleza, en concreto, al solsticio de verano.
    Comemos unos platos típicos en Taperia Palatu: mi mujer pide un rojões à moda do Minho (pierna asada de cerdo con sangre cocida) y yo, arroz pica no chão (pollo de corral con arroz). En todo Portugal es habitual que te planten en la mesa varios entrantes para que vayas picando mientras esperas; eres libre de aceptarlos o rechazarlos amablemente. Pero si los comes, te los cobran. A veces son simples aceitunas de un euro de coste, otras, en restaurantes de postín, platos calientes más elaborados que se disparan hasta los doce euros.
    De Barcelos es el origen del famoso gallo que se ha convertido en icono de Portugal. La tradición cuenta que un peregrino gallego que casualmente pasaba por Barcelos fue acusado de un crimen y sentenciado a muerte.
Gallo de Barcelos
Como última voluntad, quiso hablar con el juez, que se estaba comiendo un pollo asado. El gallego le dijo: "Estoy tan seguro de mi inocencia como de que ese pollo resucitará cuando me ahorquen". Todos se rieron las muelas ante semejante ocurrencia pero, justo cuando lo colgaban, el gallo se revolvió entre la salsa y... quiquiriquí... El juez echó a correr hacia el patíbulo, allí encontró otro suceso inexplicable: el nudo de la horca se había deshecho y allí estaba el gallego... tan terne.
    Un cartel anuncia que esta noche, entre las ruinas del museo arqueológico, se proyecta la película José e Pilar, con asistencia del director. La película muestra la relación entre José Saramago y Pilar del Río y la actividad frenética de conferencias y giras a que le somete la promoción de sus libros y que él mantiene a pesar de su delicada salud. La película es emotiva y a mí me ha servido para interesarme por sus novelas, a las que no se puede negar sus audaces planteamientos: ¿qué pasaría si nadie acudiera a votar? Ensayo sobre la lucidez. ¿Qué pasaría si la Península Ibérica de separara del resto de Europa? La balsa de piedra. ¿Qué pasaría si los habitantes de una ciudad se quedaran ciegos? Ensayo sobre la ceguera. ¿Y si la muerte se declara en huelga? ¿Qué vida eterna prometería la Iglesia? Las intermitencias de la muerte. La asistencia a la proyección es escasa, ni treinta personas, todos en edad universitaria. Y es que el único premio Nobel de literatura que ha tenido Portugal nunca ha sido muy apreciado por los suyos; su condición de obstinado racionalista, ateo y militante comunista no ha sido aceptada en este país de fuertes raíces católicas. Y no digamos después de publicar El Evangelio según Jesucristo, una historia alternativa de la vida de Jesús. Saramago fue acusado de blasfemo. No es para menos, algunos pasajes son de viñeta de comic: los romanos crucifican a José tras detenerlo mientras buscaba su burro al confundirlo con un rebelde judío o cuando Jesús escapa a la carrera de las piedras de los porquerizos que han perdido dos mil cerdos porque Jesús expulsa los demonios de un poseso y los pasa a una piara de cerdos que enloquece y se descalabra por un acantilado. De mondarse.
    Cuando llegamos el aparcamiento a montar en el coche, los gitanos ya se afanan en montar los tenderetes para el mercado de mañana, que se celebra precisamente aquí, en el Campo de la República. El mercado de Barcelos es el más antiguo y mayor de todo Portugal.

30 de junio, jueves

    Nuestro alojamiento de salida, el hotel Grande, se sitúa entre los pinares del monte Bom Jesus, cien metros por encima del santuario del mismo nombre, así que ni movemos el coche, bajamos andando. El santuario es famoso por sus escaleras barrocas zigzagueantes que suben hasta la iglesia de Bom Jesus (1725-1811). Otra manera de llegar es con el teleférico, el primero que se instaló en la península ibérica, data de 1822 y viene muy bien a los peregrinos actuales, que por lo que vemos tienen una edad media muy elevada. Las vistas de Braga y los alrededores son magníficas y el entorno muy conseguido: estanques con peces de colores, jardines bien cuidados.
Jardines del santuario de Bom Jesus
Casi es mejor no entrar en la iglesia porque dentro todo es sufrimiento: el retablo principal representa la crucifixión de Jesús de Nazaret con tallas a escala real de los dos ladrones Dimás y Gestas, parientes de los reos y una brigada especial de crucifixión formada por un centurión y cuatro soldados romanos. Lamentablemente, Jesús no fue el único que sufrió en la cruz: los persas ya crucificaban y empalaban en el siglo VI AEC y los fenicios introdujeron la crucifixión en Roma en el siglo III AEC. También lo han practicado los griegos, los cartaginenses, los egipcios, palestinos, japoneses, etc. El macedonio Alejandro Magno crucificó a dos mil en la ciudad fenicia de Tiro, a su biógrafo Calístenes y a un doctor que no supo curar a su amigo Hefestión. Unos seis mil seguidores de Espartaco también sufrieron ese horrible fin. Tras el incendio de Roma, Nerón no solo los crucificó sino que al caer la tarde los quemó vivos en la cruz. Este suplicio aún se sigue practicando en Sudán: en 2002 ochenta y ocho personas fueron sentenciadas a horca o crucifixión, entre ellas, treinta y dos clérigos cristianos y dos niños. Nótese la transformación de los cristianos: en muy poco tiempo, pasaron de víctimas a convertirse en los más crueles verdugos: la Santa Inquisición ideó los métodos de tortura más sádicos y despiadados que ha conocido la humanidad para asesinar en nombre del Dios de los cristianos.
    Seguimos por la A-11 camino de Guimarães, cuna probable del primer rey independiente de Portugal Afonso Henriques (1109-1185), fundador de la nacionalidad portuguesa, aunque aquel Portugal era más pequeño que el actual, faltaba por
Plaza de la República de Brasil. Guimarães
conquistar el sur, todavía en manos bereberes. Las fronteras actuales de Portugal se fijaron en 1297, por el tratado de Alcañices, firmado entre el rey Dionisio I de Portugal y el rey Fernando IV de Castilla.
    El casco medieval está tan magníficamente restaurado que hasta parece artificial, como un parque temático. Las sombrillas de las terrazas de los restaurantes casi no dejan ver las fachadas de las casas y sus ventanas de peuvecé.
    El corazón del centro histórico es la plaza de la Señora de oliveira. Esa construcción tan llamativa de arcadas góticas y crucero conmemora la victoria en la batalla del Salado, que tuvo lugar en Cádiz en 1340. En esa batalla, un ejército de Castilla y Portugal derrotó a los benimerines, última nación norteafricana que intentó invadir la península Ibérica.
    Después de dar muchas vueltas por el casco histórico comemos en el restaurante Histórico by Papaboa, en la antigua localización del restaurante Valdonas, una mansión antigua remodelada con decoración contemporánea.
    Aparcamos en el puerto de Vila do Conde, frente al museo dedicado a la construcción naval. Y es que los astilleros de Vila do Conde ya construían barcos en el siglo XIII; se sabe que en 1258 su puerto daba abrigo a unas sesenta pinazas de pesca y muchos de los barcos de la Era de los Descubrimientos se construyeron aquí, sobre todo, los que viajaron a Brasil, África y la India. Tenían fama por su calidad y su duración y los secretos de su construcción se guardaban celosamente.
    Como complemento al museo visitamos una réplica de una nao del siglo dieciséis.
Réplica de una nao del siglo XVI en Vila do Conde
La bodega está repleta de toneladas de piedras. El guía nos explica que eran necesarias para contrarrestar el momento creado por la presión horizontal del viento sobre las velas. Sin ese contrapeso el barco volcaba. Usaban dos clases de lastre: uno fijo, de gruesa piedra amalgamada con mortero o argamasa y el otro, variable, como piedras de granito destinadas a la construcción de mansiones, iglesias o monasterios en las colonias. Todos recordamos la nao Victoria realizada para la Expo del noventa y dos de Sevilla que volcó en su botadura, la causa fue precisamente que no se alcanzó el peso necesario para su estabilidad.
    Desde la nao se divisa el imponente convento de Santa Clara y el acueducto que, aunque lo parezca, no es romano, porque se empezó a construir en 1626 y no se terminó hasta el siglo dieciocho por problemas con las expropiaciones. Este acueducto suministraba agua al monasterio de las montañas situadas a cinco kilómetros de la ciudad. Cuenta con novecientos noventa y nueve arcos y es el segundo más largo de Portugal.
    Vila do Conde es una población turística con buenas playas y un urbanismo muy cuidado. Vale la pena deambular un rato por sus calles, verás que tiene muchos puntos de interés, como la plaza Joao II, remodelada en 2001, aquí han instalado esculturas modernas muy llamativas, o los azulejos interiores de la capilla de Nuestra Señora del Socorro o acercarse hasta la plaza Vasco de Gama para echar una ojeada a la portada de la iglesia Matriz, obra del cántabro Juan de Castillo.
    Nos alojamos en el Eurostars Das Artes de Oporto y hacemos una incursión rápida al centro con el coche para cenar un bacalao en Arroz de Forno, un restaurante elegido al azar, al lado de la fuente de la calle Mouzinho da Silveira.

1 de julio, viernes

    El eurotram nos lleva desde Hospital São João a la estación Trindade, justo detrás del ayuntamiento. La avenida de los Aliados está repleta de edificios modernistas que me dejan con la boca abierta: hasta los cadenas de comida rápida tienen entradas dignas de un palacio. Ante los pasos de cebra, se lee sobre la acera: ¡1166 víctimas de accidentes en Oporto en 2009! Seguimos por la parte peatonal de la Rua Santa Catarina, una larga calle comercial atiborrada de transeúntes de compras y algún café con solera como el Majestic. En la plaza de la Libertad torcemos hacia el Cerro de los Ahorcados donde se encuentra la torre de los Clérigos Pobres, que no serían tan pobres cuando construyeron esta torre en granito de setenta y seis metros de altura. Al pié de la torre nos refrescamos con un zumo de naranja mientras observamos cómo los de la tele filman una entrevista a un clérigo de los que todavía gastan alzacuello.
Rua Santa Catarina, Oporto
    La librería Lello e Irmão es muy frecuentada por los turistas, sobre todo, desde que apareció en la segunda película de Harry Potter, La cámara secreta. Al parecer, la escritora Joanne Rowling, tras la muerte de su madre, se trasladó a Oporto para enseñar inglés. La escalera de madera que lleva al primer piso es espectacular, no tiene ni una sola superficie plana. Aunque no se permiten fotografías, los turistas se las ingenian para llevarse una instantánea de esta obra maestra de la carpintería. Encontramos la edición con fotografías del libro de Saramago, ya descatalogado, Viagem a Portugal.
    Calle abajo se encuentra la estación de trenes Sao Bento. Las pinturas de los azulejos de la sala principal datan de 1930 y reproducen escenas de batallas históricas.
    Para mi gusto, el Palacio de la Bolsa es lo mejor de Oporto. Nos apuntamos a una visita guiada en portugués y español para ver este edificio de estilo neoclásico. Se construyó sobre las ruinas del convento de los franciscanos, que se destruyó en un incendio. Las obras comenzaron en 1842 y duraron casi medio siglo debido a la dificultad para tallar el granito que es el típico material del norte de Portugal. Al principio alojaba a los comerciantes que realizaban negocios y guardaban su dinero aquí, después se convirtió en el mercado de valores de Oporto y ahora es un centro cultural y de conferencias. Si nadie te advierte del trampantojo creerías que las paredes de la sala de la Asamblea General están totalmente decoradas en madera, aún sabiéndolo, cuesta diferenciar la madera real, que acaba a metro y medio de altura, del estuco pintado.
Un ejemplo de que el estilo oriental estaba muy de moda en aquella época es el Salón Árabe, inspirado en la Alhambra. Las letras árabes no transcriben versículos del Corán, son meramente decorativas. Ahora se usa como salón de recepciones oficiales de la ciudad y también se puede alquilar para bodas, fiestas particulares o conferencias. Toda la decoración interna del palacio es sensacional: la escalera de granito y mármol, la sala dorada, el patio de las naciones, la sala de los retratos, etc.
    A orillas del Duero, la iglesia de San Francisco parece una construcción gótica ordinaria pero su interior guarda el Barroco más recargado de Portugal. Ante tanto lujo, uno se pregunta: si los franciscanos pertenecían a una orden mendicante ¿de dónde sacaban los recursos para construir semejantes iglesias? Pues de las donaciones que recibían de laicos, sobre todo de nobles y señores. Todos demandaban un producto que la Iglesia ofrece en exclusividad: la vida eterna. Y claro, no reparaban en gastos para ser enterrados lo más cerca posible de su Dios, y que mejor sitio que las iglesias. En el suelo de esta todavía se ven las antiguas tumbas. A partir de la Ley de la Salud de 1845, todos los fallecidos, incluido los frailes, pasaron a ser enterrados en el cementerio público. Por supuesto, la construcción inicial de 1245 era más modesta que la actual. Esta iglesia ha sufrido varias reconstrucciones a consecuencia de incendios y también adaptaciones a las nuevas modas, como el Barroco.
    Si el interior de la iglesia de San Francisco es una obra de arte del Medievo, justo en el arranque de las escaleras descansa una obra maestra de la técnica actual: un Bentley Continental GT descapotable de 560 CV, dos turbocompresores, tracción total, mando secuencial en el volante, etc. ¿Será su propietario algún magnate de los vinos de Oporto? No me extrañaría, tienen fama mundial y en la otra orilla se pueden visitar las bodegas de Ramos Pinto, Ferreira, Calem o Sandeman (las botellas con la figura del embozado de negro y sombrero español).
    El vino de Oporto nació cuando Inglaterra perdió los suministros de vinos franceses al entrar en guerra con Francia en 1678. Los ingleses recurrieron a los vinos del Duero, ásperos y astringentes, y añadieron aguardiente para que aguantaran la travesía sin estropearse; el sabor dulzón resultante agradó a los ingleses y rápidamente se hicieron con el comercio de este vino. Este monopolio duró hasta la fundación de la Companhia Velha, que marcó el ingreso de los portugueses en la producción y comercialización de este vino.
    Seguimos nuestro paseo por la ribera del Duero y poco antes del puente Dom Luis I observamos en medio del río una gabarra enorme con un escenario lleno de luces. Una chica nos aclara que esta noche, a las nueve y media, van a tocar gratuitamente varios músicos muy conocidos en Portugal: Rodrigo Leão con Cinema Ensemble, The Gift y Rui Veloso. Se trata de celebrar los treinta y cinco años de EDP, Energías de Portugal, empresa portuguesa de suministro eléctrico y de gas.
Concierto sobre el Duero, Oporto
    Cenamos en Bacalhoeiro, uno de los restaurantes del paseo marítimo de Vila Nova de Gaia, la población enfrente de Oporto. A lo largo de este paseo se ven muchos rabelos, unos barquitos de madera que antiguamente transportaban los toneles de vino; hoy pasean a los turistas por el Duero. Después intentamos ver la actuación de Rui Veloso. Las dos orillas del Duero están repletas de seguidores de los artistas pero a mí el concierto me parece desangelado, poco emocionante: la gabarra de los músicos está demasiado lejos del público y aunque las imágenes se proyectan sobre las columnas, se les sigue viendo lejanos. Además, el volumen es muy bajo y el sonido tan mal balanceado que cuesta creerlo. Así que subimos en el teleférico hasta la estación Jardim do Morro y tomamos el eurotram hacia nuestro hotel. Hoy han ampliado el horario de los transportes públicos hasta las doce y media por el concierto.

2 de julio, sábado

    Salimos a las diez de Oporto en dirección este; nuestra meta es el parque arqueológico del valle del río Côa. En el río Támega que cruza Amarante se celebra la tercera prueba del campeonato nacional de pesca deportiva, categoría individual masculina. Unos pescan en la modalidad de al toque con cañas muy largas, sin carretes y con una única anilla en la puntera, donde se engancha la línea. La mayoría ha optado por la pesca a la inglesa o a la boloñesa, cañas de longitud muy variable con carrete y anillas. Todos utilizan flotador para distinguir la picada del pez. El río es amplio y de aguas plácidas y oscuras, ideal para barbos, bogas, carpas y tencas. El concurso termina a las doce y desde el puente de san Gonzalo vemos al jurado recorrer cada puesto, sacar los peces de la malla de conservación y pesar las piezas. No parece que haya sido un buen día de pesca: el que más, puede contar hasta tres peces y ninguno pasa de los ciento cincuenta gramos, vamos, como sardinas. Muchos se van bolos.
Crucero por el Duero
    El puente original se derrumbó en la riada de 1763, el actual lleva aquí desde 1790. La iglesia y el monasterio de San Gonzalo están justo al lado del puente. Dentro de una capilla hay una estatua yacente de san Gonzalo que tiene los pies desgastados de tantas caricias que le hacen los que buscan la solución a su soltería a través de este remedio esotérico.
    Seguimos por la sierra del Marao hasta Peso da Régua donde casi no comemos en el restaurante Douro In; algún problema grave deben tener en la cocina: no somos los únicos esperando unos platos que parecen no llegar nunca. Cuarenta y tres minutos tardan en servirnos el primero, ¡qué se dice pronto! Y encima viene frío.
    Desde Peso da Régua zarpan y arriban muchos cruceros que navegan el Duero desde Oporto hasta Pocinho. Dada la hora, solo nos queda la opción de un viaje corto, por ejemplo, el que lleva a la estación termal de Caldas de Moledo que sale cada hora y dura cincuenta minutos, pero el señor del uniforme azul nos informa que debe haber un mínimo de cuatro personas. Mientras esperamos a ver si aparece alguien más se oye el sonido de una tamborrada: es la fanfarria de los bomberos voluntarios de Peso da Régua que desfilan por la avenida João Franco. Para evitar malentendidos, la fanfarria ha tenido que sacar un comunicado público para explicar su ausencia el pasado veintitrés de junio en la procesión de São João do Rio. Al parecer fueron invitados a desfilar y declinaron la invitación ya que era un día laborable y varios músicos que tocan instrumentos esenciales, como el bombo o las cornetas, trabajaban.
    Nadie más aparece, así que nos marchamos de Régua sin nuestro viaje en lancha por el Duero. Seguimos adelante por la ribera izquierda y paramos en varias ocasiones para admirar la panorámica sobre los meandros del Duero y los bancales de viñedos y también a gastar unos euros en los improvisados puestos de fruta de la carretera. Nos alojamos en el centro histórico de Tabuaço, un pueblo de mil ochocientos habitantes.

3 de julio, domingo

    En el museo del parque arqueológico nos informan que la siguiente excursión para ver los petroglifos sale a las doce y media del centro de acogida de Vila Nova de Foz Côa, un pequeño pueblo de calles empedradas que se ha convertido ahora en la capital del arte rupestre de Portugal. Antes de que nos dé tiempo a salir del coche, un señor nos golpea en el cristal, bajamos la ventanilla y ¿qué crees que quiere? Simplemente nos avisa que ahí al lado tenemos su tienda a nuestra disposición: helados, refrescos, gusanitos de queso y esas cosas. Vale. Enterados. Al poco tiempo se presenta el guía y aguardamos a la hora de salida, mientras, llega una pareja española con su niña. Subimos a un todo terreno que nos conduce por un camino de tierra unos cinco kilómetros hasta nuestro objetivo: la Cañada del Infierno.
Cañada del Infierno
    El guía habla un español perfecto y se muestra muy crítico con los políticos: "En 1992, el gobierno portugués tomó la decisión de construir una gigantesca presa en el valle del río Côa, absolutamente inútil porque costaba más que la energía que iba a producir pero, claro, era un magnífico negocio para las empresas constructoras y para los de siempre, que entre tanto gasto, siempre arañan sustanciosas comisiones pagadas con nuestro dinero y, por supuesto, para los ministros que con estos favores se garantizan un empleo en las empresas implicadas". Por fin entra en la materia que nos interesa: "Un año más tarde, durante el estudio medioambiental, el arqueólogo Nelson Rebanda descubrió los grabados y una vez que expertos internacionales los autentificaron se barajaron diferentes posibilidades: se llegó a pensar en trasladar las rocas de esquisto a otro lugar o hacer las visitas al yacimiento en submarino. El esquisto es fuerte y duradero pero no se debe sumergir ya que el agua penetra en él y lo ablanda, además, el limo los dañaría irremediablemente. Tampoco se deben trasladar: el entorno es muy importante para entender los dibujos. Finalmente, en 1995 se decidió la paralización definitiva de las obras y dos años después, los petroglifos fueron clasificados como monumento nacional y patrimonio de la humanidad en 1998. Se les considera como los más importantes del mundo en la categoría al aire libre".
Petroglifos en el valle del río Côa
    "Los grabados corresponden a dibujos de peces, uros (toros salvajes), ciervos, cabras y caballos. Se conoce la fecha de los dibujos por la evolución estilística. Las técnicas para hacerlos cambiaban cada cuatro o cinco mil años: algunos grabados están repasados, otros eran más finos que las líneas de la mano. La herramienta era el sílex y caminaban hasta doscientos kilómetros para conseguirlo. No se sabe si originalmente estaban pintados o no. ¿Por qué se esculpían tantos en la misma roca con diferencias de miles de años? No lo sabemos. ¿Quizá consideraban la roca como mágica? ¿Era una especie de altar? ¿O quizá mojones espirituales o físicos? Los grabados rupestres fueron la primera forma de comunicación. En Indonesia y Australia todavía hay tribus que tienen menor tecnología que los hombres del paleolítico. Estudiándolos intentamos buscar interpretaciones".
    Nos alojamos en Coímbra, en el hotel Dona Inés.

4 de julio, lunes

    En el arco de Barcaca comenzamos la ascensión hacia la zona de las universidades. Cruzamos la puerta de Almedina, vestigio de la antigua muralla medieval, y subimos las escaleras de la calle Quebra Costas. Enfrente de la estatua de la tricana se halla el Fado ao Centro, Paula nos recomienda asistir a la representación de fado de Coímbra que van a dar dentro de pocas horas. En el escaparate venden cedés de todo tipo de fado. Nos explica que el fado de Lisboa es muy diferente al de Coímbra, este es más serio y cosa de hombres, que menuda se armó cuando Manuela Bravo grabó un disco de fados de Coímbra en homenaje a su padre, también cantante, en 1996. Los puristas se rasgaron las vestiduras a la vez que sus cedés desaparecían misteriosamente de las tiendas.
Guitarra portuguesa
    En el fado de Coímbra el cantante se acompaña de dos guitarristas: uno toca la melodía en una guitarra portuguesa de doce cuerdas, una evolución de la guitarra introducida por los ingleses en Oporto en el siglo XIX, y el otro lleva el ritmo sobre una guitarra clásica. El origen del fado se remonta a la Edad Media, cuando los estudiantes cantaban de noche por las calles canciones llenas de melancolía en honor de las mujeres de Coímbra. Paula nos recomienda visitar el museo de la guitarra portuguesa que muestra algunas viejas guitarras de Carlos Paredes, un virtuoso de la guitarra portuguesa.
    Calle arriba, las almenas de la catedral Vieja recuerdan las luchas contra los moros durante el siglo XII. En esta plaza celebran los estudiantes la Serenata Monumental, inicio de la juerga monumental que son los siete días y ocho noches de desenfreno de la Quema de las Cintas, una fiesta que comienza el primer viernes de mayo donde los estudiantes del último curso queman unas cintas del color de su facultad que llevan en sus carpetas.
    Y es que Coímbra es la mayor reserva natural de estudiantes de Portugal; en verano disfrutan de vacaciones y ahora las calles están huérfanas de animación. Todavía se ve algún alumno en los alrededores de la universidad vestido con el fato, tradicional uniforme negro que llevan en fechas señaladas los que gustan de las viejas tradiciones, como la latada, la fiesta de bienvenida a los nuevos estudiantes o caloiros. Los bares suelen guardar las latas que luego los veteranos atan a las piernas de los caloiros y éstos arrastran durante el desfile por la ciudad. No es la única novatada, también les dan a comer nabos o les ponen el chupete. La gran juerga empieza en la plaza de la universidad, con todos disfrazados de los colores de su facultad, después desfilan mientras cantan coplas críticas con los profesores, el rector o el sistema educativo y terminan por la noche en el río Mondego, bautizados con un orinal o lo que se tenga más a mano.
    El rasganço es una fiesta de fin de carrera; lo característico es que los amigos del licenciado le rompan el traje a tirones y tijeretazos. A veces los chicos terminan desnudos corriendo detrás de su capa; las chicas no llegan a tanto, pero casi. Ambos regresan a sus casas envueltos en sus capas, que es la única prenda del fato que se salva del rasganço. El uso del tradicional fato se remonta a la Edad Media y su diseño es influencia de los jesuitas.
    Hoy es el día de la ciudad y la celebración de la muerte de la reina santa Isabel, suele haber procesiones pero solo en años pares. Este año no toca.
    Pasamos de largo las pintadas reitor = ditador de las paredes de medicina y llegamos a la Puerta Férrea, cruzándola entramos en el inmenso Patio das Escolas. Aquí está la Torre del Reloj y la impresionante biblioteca Joanina, completamente revestida de estanterías decoradas con letras chinas sobre fondo rojo, verde y negro. Los alumnos pueden consultar los tres cientos mil libros de filosofía, técnica y derecho, aunque son antiguos y están escritos en latín. La cárcel académica subterránea no era para los estudiantes mal aplicados, sino para los que robaban o maldecían al rey o a Dios.
    Visitamos también el paraninfo o Sala dos Capelos, antiguamente era la Sala Grande del Palacio Real, a partir de 1544 se adaptó a usos escolares y se celebran ahora exámenes públicos o actos solemnes universitarios.
Plaza ocho de Mayo de Coímbra
    Comemos algo ligero en el restaurante Still Is y seguimos hacia la plaza ocho de Mayo. Aquí se encuentra la iglesia de la Santa Cruz donde yacen los restos de los cinco mártires de Marruecos. La historia de estos locos de la fe va como sigue: fueron seis los franciscanos que dejaron el norte de Italia en 1219 con la idea fija de convertir al credo cristiano a los seguidores de Mahoma. En Aragón, el hermano Vidal cae enfermo y el resto sigue hacia Coimbra, entonces capital del reino de Portugal. Pasan unos día aquí, en el monasterio de Santa Cruz. Doña Sancha, hermana del rey Alfonso II, les aconseja disfrazarse de seglares para penetrar en el reino sarraceno. En Sevilla deciden predicar en la mezquita y salen a golpes. Sin amilanarse ni un ápice llaman a las puertas del califa de Sevilla. No consiguen más que encender su ira y la expulsión hacia Marruecos. A pesar de que todo el mundo les recomienda prudencia en su trato con los musulmanes, no hacen caso, creen firmemente que su Dios les guía y protege. Sin respeto alguno por la conciencia ajena tratan tercamente de convertir a la población y al propio califa Miramamolín. Su tozuda insistencia solo puede tener un final:
Proa de moliceiros de Aveiro
la decapitación de los cinco clérigos. El infante don Pedro rescató los cuerpos, se encargó de disecarlos al sol en la azotea de su casa y luego trasladó las santas reliquias al monasterio de Santa Cruz.
    Coímbra fue la capital del reino hasta 1255, por eso están enterrados en esta iglesia, en unos elegantes túmulos de la capilla mayor, los restos de los primeros reyes de Portugal: Afonso Henriques (1109-1185) y su hijo Sancho I (1154-1211).
    Nos han hablado muy bien de Aveiro, así que nos acercamos hasta allí a pasar unas horas. Lo más llamativo de este pueblo son sus canales que penetran en la ciudad y los moliceiros, una góndolas llenas de colorido que antiguamente se utilizaban para recoger algas que empleaban en la agricultura. Ahora se han reconvertido en lanchas turísticas. De Aveiro son también famosos sus ovos moles, su origen se pierde en la memoria de los tiempos, las monjas del convento de Jesús ya los elaboraban hace cuatro siglos. Son unos pastelillos de yema de huevo, azúcar y agua de consistencia cremosa que se presentan encerrados en crujientes obleas con formas de almejas, pececitos, conchas marinas, barriletes, etc. Una tentación irresistible para los golosos como yo.

5 de julio, martes

    A media mañana llegamos a las ruinas de Conimbriga, quince kilómetros al sur de Coímbra, bajo un cielo con muchas nubes y una temperatura de veinte grados, ideal para pasear entre las ruinas.
Mosaico de la Casa de los Surtidores, Conimbriga
    Este lugar ya estaba poblado hace tres mil años. Las excavaciones han descubierto solo un quince por ciento de la ciudad y las ruinas que podemos recorrer ahora mismo corresponden a la ciudad romana: el foro dedicado al culto imperial, viviendas, el acueducto de tres kilómetros, una hospedería, termas, un anfiteatro, las murallas de defensa de la ciudad. El edificio en mejor estado es la Casa de los surtidores, descubierto en 1939, es una gran residencia aristocrática de la primera mitad del siglo II. Sus mosaicos son fabulosos, con temas como la cacería, el ciclo de Dionisios y otros como Perseu y la Górgona o Belerofonte y la Quimera. Terminó demolida por la construcción de una muralla que la atravesó.
    A esta ciudad romana no le faltaba el agua, la tomaba de una resurgencia natural, que aún hoy existe en Alcabideque, a tres kilómetros de aquí. Los residuos que flotaban en la superficie o los sedimentos del fondo se evitaban con una torre de decantación que tomaba el agua del pozo a profundidad intermedia. Luego, el agua se conducía hasta las termas, fuentes públicas y casas privadas de Conimbriga por un acueducto cubierto a ras de suelo cuyos restos todavía podemos ver. En el Museo Monográfico de Conimbriga comprobamos que los romanos ya utilizaban en sus villas tuberías de plomo y bronce de tamaños normalizados: la fistula senaria o tubería del seis (sección de 6,05 cm²), la fistula septenaria o tubería del siete (sección 8,23 cm²), etc., hasta la fistula vicenum o tubería del veinte (sección 410,51 cm²). El agua sabía mejor si la tubería era de cerámica pero su fragilidad era una desventaja, así que casi todas se fabricaban en plomo.
    Durante las invasiones bárbaras, en el 468, los suevos destruyeron muchas casas y parte de las murallas. Sus ciudadanos abandonaran la ciudad y escaparan hacia Braga, que estaba mejor protegida, con murallas más altas. El final definitivo llegó con los musulmanes el año 711.
Cocina del monasterio de Alcobaça
    Noventa y cinco kilómetros hacia el sur se encuentra el monasterio de santa María de Alcobaça, fundado en 1153 por Afonso Henriques, primer rey de Portugal, así cumplió su parte en el trato que hizo con san Bernardo: si el santo le ayudaba a derrotar a los moros en Santarém, él financiaba un monasterio. Y como el santo cumplió su parte, el rey fundó este monasterio para disfrute de los frailes de la orden del Císter. La austeridad ornamental de la nave principal es total: ni un cuadro, ni un aplique para la megafonía, es la 'borrachera de sobriedad' que exigía san Bernardo. Esta austeridad no la aplicaron con la pitanza: los frailes que vivieron aquí en el siglo XVIII eran conocidos por su glotonería, hasta un canal atravesaba el monasterio y llevaba los peces a la cocina. Se obligaba a ayunar a los monjes que no pasaban por la puerta que llevaba al refectorio. No hay más que ver las colosales dimensiones de la cocina, si parece la de un gigante: ¡qué tamaño de mesa, de chimenea, de grifos... de todo!. Así estaban ellos de hermosos.
    El austero interior contrasta con la fachada barroca y, sobre todo, con los sepulcros del rey Pedro y de Inés, noble de origen gallego, protagonistas de una siniestra historia de amor en la que ella acabó asesinada por razones políticas. Hay dudas de si llegaron o no a casarse pero aquí están, con los sepulcros enfrentados por orden del rey Pedro.
    Aparcamos a la entrada de Óbidos, monumento nacional desde 1951. Óbidos es un coqueto pueblo medieval cuidado al detalle: flores en los balcones, fachadas coloridas, buganvillas, árboles frutales en los pequeños huertos y tentaciones para el viajero en forma de licor de cereza, pasteles moriscos, cerámica, camisetas con logotipos locales, ya sabes, incitaciones constantes para despertar los deseos dormidos del viajero y que deje el parné, que todos tenemos que vivir. Lo que más se promociona es el licor de cereza en su copita de chocolate ¡Beba a ginja e coma o copo!
    Llegamos a Sintra al anochecer y nos alojamos en Quinta Das Murtas, un hotelito familiar que quizá guste a los amantes de la naturaleza, sobre todo, si viajan con niños. En el patio de entrada, una pila de piedra alberga una pareja de carpas chinas (koi kawarimono) que se esconden bajo las plantas flotantes. Nuestra habitación se sitúa fuera del edificio principal, muy próxima al estanque de las carpas doradas y los patos. La vegetación la cubre por completo, techo incluido, solo la puerta permanece despejada. Por el jardín del hotel, que está pegado al comedor, campan a sus anchas diferentes tipos de loros. Si tienes el sueño ligero quizá te moleste el croar de las ranas.
    Aunque mi mujer y yo somos poco aficionados a la carne, tengo que reconocer que hacía mucho tiempo que no comía un solomillo de buey tan sabroso y tierno como el que hemos cenado en el Restaurante Regional de Sintra, justo al lado del ayuntamiento. ¡Qué bueno!

6 de julio, miércoles

    Sintra es el producto turístico que más nos ha gustado de Portugal. No solo por sus palacios de cuento de hadas, jardines exóticos y vistas espectaculares, también por sus bosques y ese abigarrado laberinto de carreteras, con su falta de uniformidad, todo cuestas, curvas y estrecheces. Reyes y millonarios excéntricos escogieron Sintra para sus residencias de verano. Por algo será. Vamos a visitar los monumentos que nos han parecido más llamativos: el Castillo de los Moros, el Palacio de la Peña y la Quinta da Regaleira.
    El Castillo de los Moros lo construyeron los árabes durante la conquista de la península Ibérica en el siglo VIII, así controlaban el paso entre Sintra, Mafra, Cascais y Lisboa. Para sobrevivir en caso de cerco al castillo contaban con una enorme cisterna que recogía las aguas de un manantial y también silos siempre repletos de cereal. La alcazaba se sitúa en la parte más alta del castillo, en ella residía el alcaide y era como un pequeño castillo dentro del castillo, estaba preparada para resistir tanto ataques del exterior como del interior. La palabra alcaide en árabe significa 'el que manda' y era el que gobernaba el castillo en ausencia de autoridades de mayor rango. Los dirigentes árabes residían en un palacio a los pies de la colina que aloja el castilo. Le llaman la Puerta de la Traición a un pasaje
Palacio de la Peña. Sintra
secreto que comunicaba con el exterior para permitir la fuga o la entrada de refuerzos. El nombre viene dado porque, a veces, en otros castillos, es por donde entraba el enemigo tras el chivatazo bien recompensado de algún traidor. El castillo se rindió sin luchar tras la caída de Lisboa a manos del rey Afonso Henriques en 1147.
    No me lo puedo creer, ¿pero este palacio es de verdad o es de chiste? Esta es mi primera impresión al ver el Palacio de la Peña, parece salido de un cuento de hadas. ¿Y en este palacio han vivido reyes? Seguro que a más de un invitado al castillo le habrá dado un ataque de risa al verlo. Claro que tiene su explicación: el rey que lo encargó fue Fernando II (1819-1885), alias El Artista. Tras su matrimonio con la reina María II impulsó la creación de la Academia de las Bellas Artes de Lisboa, recuperó del abandono muchos monumentos portugueses como Batalha, Mafra, Tomar y Jerónimos. Apoyó todo tipo de arte: la música, la pintura, etc. Lo que se dice un espíritu fino. Él mismo gustaba de pintar y cantar, tenía voz de barítono, según dicen. La reina María II murió con solo treinta y cuatro años al dar a luz su undécimo hijo y Fernando no tardó en casarse con una cantante de ópera. Los que se han atrevido a definir el estilo del palacio mencionan el neogótico, neoislámico, neorenacentista, colonial y pseudomanuelino, todo mezclado. La decoración interior mezcla estilos sin complejos. Gran parte del mobiliario es oriental: chino, árabe, hinduista. Era lo que estaba de moda entonces.
    La Quinta da Regaleira fue la residencia de verano de Antonio Augusto Carvalho Monteiro (1848-1920) 'el de los millones'. Nació en Río de Janeiro y heredó una fortuna de sus padres, emigrantes portugueses. Compró esta propiedad en subasta pública cuando tenía cuarenta y cinco años. Los diseños del palacio del francés Henri Lusseau no le gustaron y contrató a otro arquitecto: el italiano Luigi Pietro Manini, que dedicó catorce años a diseñar el palacio y los jardines, que se terminaron en 1910. Por todas partes hay símbolos masónicos, templarios y de la orden de Rosacruz.
Pozo Iniciático de la Quinta da Regaleira. Sintra
    No dejes de visitar el jardín, a mí me ha parecido más interesante y divertido que el palacio: de las ramas del Árbol de la Sabiduría cuelgan cientos de libros; hay maravillosas cascadas y un estanque con grutas del que patos salvajes han hecho su hogar. Descubre también la enorme secuoya. Pero lo más alucinante es el llamado Pozo Iniciático, una torre subterránea que baja veintisiete metros bajo tierra y conecta con una red de túneles que dan a otros puntos emblemáticos del parque, como a la Entrada de los Guardianes, el Lago de la Cascada y el Pozo Inacabado.
    Mientras caminamos hacia la salida, por la Terraza de los Dioses, algo extraño me ocurre, siento que un conjuro esotérico se apodera de mi voluntad y oigo una voz que me llama desde las entrañas del Pozo Iniciático, quizá para celebrar un ritual masónico. Mi mujer rápidamente saca de su bolso las hojas de ruda que, como todos sabemos, absorben las malas energías y contrarresta así el sortilegio. Salvado.
    Esta noche hace bastante fresco, la temperatura ha bajado mucho. Cenamos en un sencillo bar llamado A Casa dos Frangos una caldeirada de merluza.

7 de julio, jueves

    El día ha salido muy ventoso pero soleado. Ayer no pudimos visitar el Palacio Nacional de Sintra porque todos los miércoles se cierra para limpieza, pero hoy sí.
    El palacio se construyó en época de la invasión musulmana y fue la vivienda de los alcaldes moros de Lisboa. Cuando Afonso Henriques en 1147 reconquista Lisboa, Sintra se rinde y este palacio pasa a ser residencia de verano, base para cacerías o vivienda permanente de los reyes de Portugal durante más de ocho siglos, hasta la implantación de la República en 1910. Durante ese tiempo se realizan muchas reformas y ampliaciones según los gustos de los monarcas de turno.
La Sala de los Blasones
El exterior del palacio no es nada llamativo a excepción de la pareja de chimeneas que nacen en la cocina. Mucho más interesante es la decoración interior, que debe mucho al arte musulmán. Hay salas suficientes para pasar una mañana entretenida: la Gruta de los Baños, la Sala de las Urracas, la Sala Manuelina, el Cuarto de Don Sebastião, la Sala de las Sirenas, la Sala Árabe, el Cuarto de los Huéspedes, la Sala de los Cisnes, el Patio de la Carranca, la Sala de la Corona, el Patio de Diana, la Sala de las Galeras, el Jardín de los Príncipes, la Capilla Palatina, y la más espectacular: la Sala de los Blasones, que es la más importante sala heráldica europea. Fue aquí donde el rey Manuel I, alias El Afortunado, recibió la noticia de la llegada de Vasco da Gama a la India en 1498 y del descubrimiento de Brasil en 1500 por Pedro Álvares Cabral. La Corte, implantada en Sintra, fue una de las más ostentosas de toda Europa.
    A mediodía decimos adiós a Sintra y nos dirigimos hacia la costa, a Cascaes, una pequeña localidad de veraneo con playa urbana, paseo de palmeras y zona peatonal llena de tiendas y restaurantes de marisco. El rey Luis I escogió esta villa en 1870 para pasar sus veranos y con él llegó parte de la nobleza y la aristocracia nacional e internacional. Para el turista itinerante es una población muy agradable donde pasar unas horas asombrado ante la belleza y suntuosidad de las casas señoriales. El ayuntamiento no solo presta bicicletas gratuitamente, sino también segways unipersonales, aunque éstos son de pago.
Plaza Mayor de Cascaes
    Después de Cascaes viene Estoril. Quedan ya lejanos los tiempos en que Estoril era residencia de ricos y famosos. Aquí pasó parte de su exilio el rey Umberto II de Italia (1904-1983) al que los italianos echaron del trono en referendum popular en 1946 al preferir la república a la monarquía. Juan de Borbón, hijo del rey Alfonso XIII de España y padre del actual rey Juan Carlos I también vivió aquí desde 1946 a 1977. Carlos II de Rumania abdicó en 1940 y murió en Cascaes en 1953.
    Entramos en Lisboa ya de noche y nos alojamos en el Eurostars Das Letras, a tiro de piedra de la Avenida de la Libertad. Hay poca gente por la calle aunque en la marisquería Ribadouro, al final de la Rua do Salitre, no cabe un alma más a pesar de que los precios son de infarto. A nuestro derredor circulan sin cesar las bandejas repletas de marisco, talmente como si lo regalaran. Mi mujer y yo nos conformamos con unos lombinhos de novilho ò chefe. Mientras esperamos nuestra carne, seis chinos y un nacional se sientan en la mesa de al lado. Una cena de trabajo, seguro. El portugués pide una mariscada para cada uno. Cuando llegan las bandejas me quedo atónito: media langosta, almejas, ostras, gambas del Algarve, percebes, carabineros y medio centollo. Y qué maña se dan los chinos en descascarar, a la legua se ve que valoran estos bichos tanto como nosotros. Con los percebes piden ayuda, natural. Yo sería incapaz de devorar semejante cantidad de crustáceos y bivalvos, ¡y mira que me gustan!
    Para bajar la cena, paseamos hasta la Plaza del Comercio. Justo al lado del Monumento a las Dos Guerras toca un grupo de pop-rock al que poca gente hace caso, porque ya solo andamos por la calle los turistas.

8 de julio, viernes

    Empezamos el día con un plato fuerte: el Monasterio de los Jerónimos. Este monasterio lo encargó el rey Manuel I El Afortunado en pleno delirio de grandeza tras el descubrimiento de la ruta por mar a la India en 1498. Vasco de Gama salió de aquí, de Belém, con ciento setenta hombres y regresó con un tercio. Alcanzó la India tras trescientos diecisiete días de viaje. El primer viaje fue poco exitoso comercialmente ya que al zamorín de Calicut no apreció sus regalos y los comerciantes árabes les miraban con recelo; eran una amenaza para sus relaciones comerciales con India. Los veinte buques de guerra que le acompañaron en su segundo viaje fueron su mejor carta de presentación, todo el comercio del oceáno índico cayó bajo el control de Portugal. Por aquel entonces Portugal solo contaba con millón y medio de habitantes.
Claustro del Monasterio de los Jerónimos en Lisboa
    El monasterio se construyó para solaz de los frailes franciscanos, cuya principal obligacion era rezar por el rey y por los marineros que marchaban a descubrir otras tierras. ¿Qué hubiera dicho san Francisco, alias El Pobrecito de Asís, si viera a sus seguidores vivir en este monasterio que más parece un palacio? Claro que ya habían pasado tres siglos de la fundación de esta orden mendicante y los franciscanos, como las demás órdenes y congregaciones, ya estaban inmersos en el vicio de la opulencia desde el siglo XIV.
    Siempre me ha llamado la atención que las especias que españoles y portugueses trajimos de tierras lejanas como el cardamomo, macis, anís estrellado, jengibre, sésamo, comino, cúrcuma o cilantro fueran tan empleadas en las recetas de la Época de los Descubrimientos y sin embargo, en la actualidad, muchos portugueses y españoles se vanaglorian de no utilizarlas. ¿En qué momento nos cambió el gusto? ¿Quizá se interrumpió el suministro de especias a España y Portugal cuando holandeses, franceses e ingleses nos sustituyeron en el dominio de los mares? ¿No crecían bien en la península? ¿Alguien lo sabe?
    Mientras paseamos por el claustro, una chica nos requiere para hacerse una foto. Es una mejicana que viaja sola. Ha dejado a su hijo en casa y está de gira vacacional por España y Portugal. Nos invita a su país que tiene cosas muy chéveres que ver. Le expresamos nuestras reticencias ante tanto reporte de violencias; ella dice que son ajustes de cuentas entre bandas, que el ciudadano de la calle no suele quedar implicado. Va a pasar por el festival de jazz de Vitoria para escuchar al dominicano Michel Camilo, quizá nos veamos allí. Nos recomienda que veamos La historia de Lisboa de Wim Winders.
    ¿Qué haces cuando te regalan algo que no sabes que hacer con ello? Se lo endosas a otra persona, ¿no? Esta parece la historia de Ganda, el rinoceronte representado en las gárgolas de la torre de Belém que fue mandada construir por el rey Manuel I, El Afortunado, entre 1514 y 1519, para defender la entrada del Tajo. Al parecer, el sultán Muzafar II de Cambaia regaló un rinoceronte y un elefante a Alfonso de Albuquerque, segundo virrey de la India portuguesa, y este se lo envió al rey Manuel I. El rey ya tenía tres elefantes, pero el rinoceronte sí que causó sensación ya que se consideraba una criatura legendaria; el anterior rinoceronte vivo había llegado a Europa en el siglo tercero antes de nuestra era. El rey se lo mandó, a su vez, al papa León X. Desgraciadamente, del rinoceronte solo llegó a Italia su piel ya que el barco naufragó frente a la costa de Liguria.
Viajando en el tranvía veintiocho
    Una bonita experiencia es recorrer el barrio de Alfama en el tranvía. Nosotro tomamos el veintiocho en Graça y nos bajamos en la última, la del Campo ourique. Tiene su puntito de peligro y esto lo hace emocionante. Subidas, bajadas, curvas cerradas, calles estrechas, traqueteo, aceras minúsculas donde los turistas se pegan a la pared al verle venir, coches aparcados a pocos centímetros de su recorrido. Es increíble lo cerca que pasa del que circula en sentido opuesto. ¿Y los coches aparcados? Cuando aparcas tienes que contar con el recorrido del trenino y calcular aproximadamente su recorrido para que no te interpongas en su itineario. La labor de los conductores no me parece nada sencilla. Hay que estar muy alerta a los coches aparcados, y a los turistas despistados ya que las aceras en muchas calles del recorrido apenas miden medio metro de ancho.
    Hoy me he tenido que cambiar de calzado: el continuo paseo por el empedrado irregular de los cascos antiguos de las ciudades me está pasando factura; calzo suela blanda y las aristas de los adoquines se clavan en la planta del pie y me empieza a doler. Me cambio a zapatos de senderismo, de suela más rígida y asunto arreglado.
    Llegamos al hotel a las nueve y media y nos tomamos un poco de fruta.

10 de julio, sábado

    El Museo de la Marina me ha encantado.
    Cuadro alegoría de la escuela de Sagres, Henry the Navigator, el instigador de los descubrimientos. Él no navegó mucho. la nau Taforeia para transportar caballos. La Caravela, por su mayor maniobrabilidad era el navio preferido en las misiones del "descubrimiento". La Nau era mayor, y era la elegida como navio de carga y equipada con artilleria servía también como barco de guerra. Las naos de la armada de vasco de Gama eran las más evolucionadas de sus tiempo, pero en los siguientes quince años el salto fue enorme.. En 1508 ya se construían en Cochin (India) naos de 800 tons. Y en el siglo diecisiete se asistió a un gran desarrollo de la construción y del velamen.

11 de julio, domingo

   

Diario en construcción. Faltan tres días.

DAToS ECoNóMICoS DEL VIAJE:

Hoteles

Braga: Grande, en el monte Bom Jesus. Dos noches a 50 €/noche. Con desayuno.
Oporto: Eurostars Das Artes. Dos noches a 77,5 €/noche. Con desayuno.
Tabuaco: Casa Dos Ruis. Una noche a 50 €/noche. Con desayuno.
Coímbra: hotel Dona Inés. Dos noches a 66 €/noche. Con desayuno.
Sintra: Quinta Das Murtas. Dos noches a 72,5 €/noche. Con desayuno.
Lisboa: Eurostars Das Letras. Tres noches a 130 €/noche. Con desayuno.
Évora: Quinta da Espada. Una noche a 80 €/noche. Con desayuno.
Total: 1052 € por 13 noches.

otros

Entrada al palacio de la bolsa en Oporto: 7 €
Entrada al museo valle de Coa: 5 €
Entrada al parque arqueológico del valle del río Côa: 7,5 €
Entrada al Palacio Nacional de Sintra: 7 €

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