Los viajes de Mariano

República de Portugal 2011

28 de junio, Viana do Castelo6 de julio, Sintra
29 de junio, Braga, Barcelos 7 de julio, Sintra, Cascaes, Estoril, Lisboa
30 de junio, Bom Jesus, Guimarães, Vila do Conde, Oporto8 de julio, Lisboa
1 de julio, Oporto 9 de julio, Lisboa
2 de julio, Amarante, Peso da Régua, Tabuaço 10 de julio, Lisboa, Évora
3 de julio, Vila Nova de Foz Côa 11 de julio, Évora
4 de julio, Coímbra, Aveiro Datos económicos del viaje
5 de julio, Conimbriga, Alcobaça, Óbidos, Sintra

28 de junio, martes

    Portugal: tan cerca y tan desconocida, al menos, para mi mujer y para mí. Tan solo nos suenan algunos nombres: Vasco de Gama, Magallanes, José Saramago, Mário Soares, el vino de Oporto, Amalia Rodrigues y para de contar. Con este viaje tratamos de llenar el vacío. Empezamos.
    Entramos en Portugal por el norte: por el puente que cruza el Miño y une Salvaterra De Miño con Monçao. Atrasamos el reloj una hora y escribimos en el navegador nuestro primer objetivo: Viana do Castelo, la principal ciudad vacacional de la Costa Verde.
Avenida de los combatientes de la Gran Guerra. Viana do Castelo
    Con solo andar unas decenas de metros por las calles peatonales del casco histórico medieval de Viana do Castelo ya se revela el extraordinario fervor religioso de los habitantes de esta provincia del Minho. ¿En qué se nota? El número de tiendas de artigos religiosos es abrumador. ¿Que qué venden? Figuritas de Vírgenes con o sin Niño, santos, crucifijos, Biblias, devocionarios, niños Jesuses, rosarios, escapularios, atriles, capillitas, nacimientos, incienso, candelitas aromatizadas, lampadarios, cíngulos, retablos, agua bendita... Semejante devoción cristiana no la he visto en ningún otro sitio. Me imagino los hogares repletos de hornacinas con figurillas de los santos más populares de la región.
    Muchas casas señoriales de Viana do Castelo decoran sus fachadas con azulejos, una costumbre que les dejaron los bereberes tras cinco siglos de ocupación y que gustó tanto a los portugueses y a la realeza que, una vez expulsados, siguieron aplicando está técnica, sobre todo, a partir del siglo XVIII, cuando regresaron de Brasil muchos portugueses con los bolsillos repletos.
    Todo el centro histórico de Viana do Castelo luce relimpio y cuidado al detalle, con palacetes y casonas de fachadas y puertas espectaculares, pero lo mejor se halla en la plaza de la República: la fuente está ahí desde 1559 y durante siglos fue el principal punto de abastecimiento de agua potable. Justo enfrente, la antigua casa de la Misericordia (1589) luce una fachada de columnas jónicas con forma de cariátides y atlantes. Tampoco te pierdas los mosaicos de la iglesia de la Misericordia que representan las catorce obras de misericordia: dar de comer al hambriento, enseñar al que no sabe, vestir al desnudo, flagelar al que yerra, etc.
Edificio de la Misericordia, también conocido como Casa de los Balcones. Viana do Castelo
¿Y qué es aquella extraña iglesia en las alturas de un monte? Es la moderna (1943) basílica de Santa Lucia en honor al Sagrado Corazón de Jesús. Subimos en coche para verla de cerca y, de paso, disfrutar de una vista estupenda de toda la ciudad desde el cimborrio de la basílica, al que se sube en ascensor.
    Comemos en el restaurante del hotel Margerida y luego vamos hasta el muelle a tomar el pequeño gasolino Saudade do Lima para que nos dé un paseo por el cristalino río Lima hasta un poco más allá del puente Eiffel (1878). Los mubles dentro del puerto se cuentan por decenas de miles.
    Para las siete dejamos Viana do Castelo y conducimos hasta nuestro próximo alojamiento en el monte Bom Jesus, cinco kilómetros a las afueras de Braga. En la terraza del hotel Grande disfrutamos del fresco atardecer, casi frio, y unas magníficas vistas sobre el valle.
    Este viaje lo hacemos como más nos gusta viajar, planificando sobre la marcha, reservando los alojamientos el día anterior por internet.

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