República del Perú 2010

25 de junio, Lima 4 de julio, Pucará, Raqchi, Andahuaylillas, Cusco
26 de junio, Lima5 de julio, Cusco, Sacsayhuamán, Tambomachay
27 de junio, Trujillo, huacas Sol y Luna, Chan Chan, Huanchaco6 de julio, Pisac, Ollantaytambo, Urubamba
28 de junio, Huaca El Brujo, Chiclayo,7 de julio, Machupicchu
29 de junio, tumbas del Señor de Sipán8 de julio, Machupicchu, Cusco
30 de junio, Arequipa9 de julio, Puerto Maldonado, Inkaterra
1 de julio, Chivay10 de julio, Inkaterra, lago Sandoval
2 de julio, Cruz del Cóndor, Puno11 de julio, Inkaterra, Lima
3 de julio, lago Titicaca, uros, isla Taquile12 de julio, Lima
Datos económicos

27 de junio, domingo

   A las ocho de la mañana nos sorprende la animación que hay en la Plaza de Armas. Comienzan a llegar cientos de chicos y chicas uniformados portando pendones y gallardetes de sus colegios: los de San Juan, el Garcilaso de la Vega, Javier Heraud, etc. Preguntamos si esto es habitual y nos contestan que sí, que todos los domingos se llevan a cabo estos desfiles escolares. Lo más curioso es la estructura tan militarizada del desfile; los redobles de
Desfile militarizado escolar en la Plaza de armas de Trujillo
los tambores suenan a marcha militar, algunos uniformes llevan hasta galones y la forma de desfilar es de lo más marcial. Visto esto, no me extraña el debate que vive el país sobre la utilidad de estos desfiles militarizados: unos lo ven como una exaltación del nacionalismo, mientras que a otros les recuerda los desfiles de las juventudes hitlerianas y piensan que existen otras maneras más cívicas de fomentar el patriotismo, además de que los niños y niñas sufren una verdadera tortura durante las horas de espera antes de desfilar. De hecho, el Ministerio de Educación prohibe ensayar estos desfiles escolares dentro del horario lectivo y recomienda a los colegios que celebren las festividades patrióticas con actividades artísticas, culturales o deportivas más propias de la sociedad civil.
    A las ocho y media nos recoge la combi de la agencia, con Juan Carlos al volante y Rocío, nuestra guía. Salimos de la plaza antes de que empiece el desfile, después será imposible.
   Nuestro destino matutino son los dos edificios más representativos de la cultura moche (300 AEC al 800):
Fachada interior de la Huaca de la Luna, con representaciones del dios Ai Apaec, El Decapitador
las huacas (templos) del Sol y la Luna, muy cerca de Trujillo. Los mochicas se establecieron en el valle regado por el río Moche y se desarrollaron gracias a sus conocimientos en el aprovechamiento hidráulico de las aguas para regar sus cultivos de maíz, camote o boniato, yuca, papa, calabaza y frutas, obteniendo excedentes agrícolas que acumulaban para los tiempos de sequía.
    La Huaca del Sol es un edificio piramidal de dimensiones 345 x 160 x 30 m. donde la alta sociedad mochica administraba el poder. Durante la colonización española, en 1604, se desvió el río Moche para erosionarla y saquear sus supuestos tesoros, las dos terceras partes de la huaca se dañaron.
    La Huaca de la Luna también tiene forma piramidal y su función era religiosa, aquí se ofrecían sacrificios humanos al dios Ai Apaec tras algunos fenómenos climáticos del Niño especialmente devastadores. Aunque la cultura mochica no ha dejado textos, el rito del sacrificio humano se conoce bien por los numerosos pictogramas hallados en vasijas y en las paredes de los templos: empezaba con una lucha entre los mejores guerreros; luchaban por parejas con una porra de madera y un escudo y el que perdía su casco en el combate tenía el honor de ser sacrificado a los dioses. A estos guerreros "seleccionados" se les custodiaba durante algunas semanas mientras curaban sus heridas y el día señalado para la ofrenda eran conducidos, desnudos y atados, al altar del sacrificio, donde les daban a beber una bebida alucinógena (mescalina) elaborada con el cactus San Pedro y después les rebanaban el cuello.
    —¿Y eso de bautizar a los cactus con el nombre de San Pedro?
    —Pues... porque te abre las puertas del cielo.
    Las huacas son realmente curiosas: son edificios elaborados con adobes que cada equis años se inutilizaban rellenando todos sus huecos con más abobes y construyendo otro encima del anterior de similares características. La huaca de la Luna tiene una altura de cuarenta y cinco metros y consta de seis huacas superpuestas, una encima de otra. Entre la dos huacas se observa restos de la ciudad Moche, que quedó enterrada probablemente por efectos de algún Niño devastador.
    Las últimas personas que hablaban la lengua mochica murieron en Puerto Eten hace ya algunas décadas, así que hoy es una lengua muerta.
    Regresamos a Trujillo y, por recomendación de Rocío, comemos en el restaurante Machico, frecuentado por locales. Mi mujer opta por un pichón con pasta y yo por un guiso de cabrito.
Rocío, nuestra guía, en el recinto arqueológico "Chan Chan", de la cultura chimú.
    Por la tarde, nos conducen al complejo arqueológico de Chan Chan, capital de la cultura chimú (1100 al 1400), que sustituyó a la mochica, y la segunda ciudad más grande del mundo construida en barro. Los chimús ya no construyeron templos en forma de pirámide, como los mochicas, sino edificios con cuartos y recintos amurallados.
    El palacio amurallado Nik An, ubicado en la parte sur oeste de Chan Chan, es uno de los nueve mejor conservados; sus paredes están decoradas con figuras zoomorfas y geométricas. Recorremos sus plazas ceremoniales, adoratorios, graneros, el estanque, la Sala del Consejo de Ancianos y sus cementerios.
Caballitos de totora en la playa de Huanchaco
    La siguiente visita pasa por la playa El Varadero de Huanchaco para ver las pequeñas embarcaciones conocidas como caballitos de totora, aunque parezca increíble, los pescadores locales aún las utilizan como barcas de pesca, son unipersonales y se construyen como hace cientos de años, la única novedad técnica que han incorporado es el relleno de sus tripas con botellas de plástico vacías para aligerar peso y aumentar la flotabilidad.
    Paseamos un rato por el pantalán (acceso: medio nuevo sol) donde vemos como pescan los lugareños; peces pequeños por lo que se ve. Un señor vende en bolsitas un pequeño crustáceo de aspecto redondeado, le preguntamos el nombre: es el muy-muy o pulga de mar, que se emplea como cebo; vive en las playas y es bocado apetecible para la corvina y otros depredadores. Nos llama la atención que los pescadores que emplean caña son escasos, la mayor parte utiliza un simple hilo que recogen sobre su mano izquierda.

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